Cultura Por: Víctor Ramés07 de septiembre de 2026

Caras y Caretas Cordobesas

En 1932 tendría lugar la inauguración de una gran exposición retrospectiva de Fader, al cumplir sus cincuenta años, en las salas de la Comisión Nacional de Bellas Artes del Palais de Glace.
José León Pagano diserta en la apertura de la retrospectiva de Fader, agosto de 1932.

Las tres décadas expuestas de Fader 

(Vigesimotercera parte)

Como se ha venido viendo, las obras que Fader dejara inconclusas en el verano de comienzos de 1932 debido al agravamiento de su salud, constituyeron la última producción que el artista produciría, como lo hacía cada año con vistas a exponer y, naturalmente, a vender sus telas, ya que constituía el único ingreso con que contaba.

Su trabajo concluía, su salud decaía. No podía surgir el mejor estado de ánimo para él. Tal vez lo sostuviese solo la esperanza de ponerse mejor, razón por la que ese año se demoró en Quilino, donde su médico le indicó permanecer. Pero ya Fader lo había dado prácticamente todo en materia de obra artística. Y si hacía falta un resumen en vida de su producción pictórica, este se podría palpar en la gran exposición de su obra que inauguraría en Buenos Aires en agosto de 1932 en el Palais de Glace, sede de la Dirección Nacional de Bellas Artes.

De alguna manera, al considerarse cerrado el ciclo de su producción con el artista en vida, la gran retrospectiva de Fader lo consagraba como alguien que no aportaría ya más obra a la consideración de la crítica, del público y de arte y de la posteridad. Por lo mismo, varias crónicas de la época tendían a historiar las etapas de una producción cerrada, y se comenzaba a considerar su carrera como algo póstumo, vertiendo juicios de conjunto sobre su significación, a los ojos de sus propios contemporáneos. 

El semanario “Caras y Caretas” anticipó a comienzos de abril de ese año la gran exposición que se preparaba como celebración de su cumpleaños:

“Homenaje a Fader - Dentro de poco el pintor Fernando Fader será objeto de un homenaje, con motivo de cumplir cincuenta años. A él se adherirán todas las entidades artísticas del país, y así tendremos ocasión de apreciar en el Palacio de Bellas Artes casi toda la obra pictórica del gran artista. Historiar su vida fecunda, su vasta labor y su indiscutible temperamento a través de las etapas de su brillante carrera significa una ardua tarea. En torno a la figura de Fernando Fader gira la evolución progresiva del paisajismo argentino, y él mismo ofrece en su aporte la diferenciación de los momentos vividos hasta su consagración. Ni escuelas, ni cenáculos enturbiaron nunca su ánimo, entregado por entero al culto del dibujo y del color, haciendo gala primeramente de un objetivismo ligeramente emocionado y, finalmente, de una expresión subjetiva que ha otorgado a sus cuadros últimos un valor poemático.

Pero dejemos el análisis de su arte inconfundible para el momento oportuno, cuando nos sea permitido apreciar y estudiar su obra en su aspecto total, y reduzcámonos a poner de manifiesto el sentimiento de justicia que ha dado origen al futuro homenaje, que servirá para dar carácter histórico a la labor de Fader, índice de nuestra cultura artística”.

El 22 de agosto inauguró la muestra que presentaba 119 telas de Fader colgadas en las paredes, ofreciéndose un recorrido completo de su obra. Asistió el presidente de la Nación, Agustín P. Justo (un emergente de la década infame), concurrieron diversas autoridades, no estuvieron ausentes los críticos, ni los coleccionistas, y allí se vio a gran cantidad de artistas y amigos de Fader, ante quienes el escritor, poeta, crítico José León Pagano pronunció una conferencia, donde definía aspectos claves de la trayectoria del pintor. Allí establecía una primera etapa referenciada a su formación alemana, una segunda donde el artista consolidó su personalidad pictórica y una tercera donde las pinceladas y la extraordinaria técnica adquirieron un propósito espiritual.

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Caras y Caretas Cordobesas

A comienzos de 1931, Fader daba las últimas pinceladas sobre tela. El agravamiento de su salud determinaría su ausencia obligada de las muestras. Aún le quedaba vida por delante, pero ya no habría obras.

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