Cultura Por: J.C. Maraddón20 de noviembre de 2024

El fin de la ilusión

La urgencia de la industria audiovisual por ofrecer contenidos para el consumo de los suscriptores del streaming, no podía dejar que pasara el vigésimo aniversario de la tragedia de Cromañón, sin elaborar una serie ambientada alrededor de aquel desgraciado acontecimiento.

J.C. Maraddón

Si algo perduró del punk fue su propuesta de retorno a las raíces del rocanrol y su impulso para que cualquiera que tuviese ganas pudiera armar su propia banda y cantar sus verdades sin avergonzarse por nada. En aquella década del setenta, cuando reinaban los grupos que montaban puestas grandilocuentes y se expresaban a través de intrincadas composiciones y de letras plagadas de figuras literarias, que surgieran inadaptados aporreando  instrumentos y vociferando consignas anarquistas fue una auténtica revolución cultural cuyas consecuencias perduraron en el tiempo e inspiraron a generaciones motivadas al pensar que la fama y el dinero podían estar al alcance de la mano.

En la Argentina de los años noventa, mientras la bailanta gozaba de su mayor brillo, jóvenes suburbanos se obstinaban en rendir culto a la tradición rockera y enfrentaban las estrecheces económicas empuñando su guitarra y cantando versos simples y estribillos fáciles de memorizar, con los que sus pares se identificaban de inmediato. Fue ese el gran momento del rock barrial, que tomaba del punk la pose de los Ramones y se encaramaba en el éxito de Patricio rey y sus Redonditos de Ricota y La Renga para soñar con llenar estadios y copar el espectro radiofónico.

Como parte de ese malón que agitaba el panorama desde los rincones menos pensados del conurbano bonaerense, apareció Callejeros, una formación oriunda de Villa Celina que era liderada por el cantante “Pato” Fontanet. Con un indisimulable estilo ricotero en su repertorio, la banda trajinó escenarios y lanzó grabaciones independientes hasta que en 2001 publicó su primer álbum oficial, “Sed”, que contribuyó a incrementar su reconocimiento en el circuito alternativo. Dos años después, con el disco “Presión” llegaría el primer hit de Callejeros, “Una nueva noche fría”, que traspuso los límites del gueto roncarolero y expandió su llegada a otros sectores sociales.

Este salto intempestivo a la masividad iba a ser, en definitiva, uno de los factores causantes de la tragedia de Cromañón, de la que el próximo 30 de diciembre se cumplirán 20 años. En 2004, Callejeros ya convocaba multitudes y la capacidad del boliche República de Cromañón iba a ser largamente desbordada gracias a complicidades de todo tipo. Bengalas disparadas contra una media sombra que cubría el recinto, desataron un incendio que culminó con un saldo de 194 muertos y alrededor de 1400 heridos, en una noche que ha quedado en la memoria como uno de los momentos más desgraciados de la historia reciente del país.

La urgencia de la industria audiovisual por ofrecer contenidos para el consumo de los suscriptores del streaming, no podía dejar que pasara este aniversario redondo de aquel desastre, sin elaborar ningún producto de ficción alusivo al acontecimiento. Por eso, el estreno de la serie “Cromañón”, dirigida por Fabiana Tiscornia y Marialy Rivas, se caía de maduro, aunque para nada cambia lo que ya se sabía respecto a lo acontecido entonces. Los ocho episodios, disponibles en el servicio de Prime, nos muestran la vida cotidiana de chicas y chicos que, sin saber hacia dónde eso los estaba conduciendo, comparten la pasión por la música.

El revival de un pasado visto con melancolía, que en “Cromañón” deja atrás la imperante nostalgia noventosa y se adentra en los dos mil, entrega aquí perfiles de habitantes de una humilde barriada que se unían detrás de la ilusión de que el rock les iba a proveer aquello que no encontraban en ninguna otra parte. Dos décadas más tarde, las esperanzas siguen intactas, por más que sean otros los géneros musicales que las alimentan. Pero el recuerdo de esas vidas tronchadas por una suma de negligencia y fatalidad, es un fantasma que pende sobre una sociedad sumida en el letargo de la resignación.

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