
Caras y caretas cordobesas
Víctor Ramés
Por Víctor Ramés
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Construyendo a Leopoldo Lugones (Decimotercera parte)
Los años 1917 y 1918, entre otros aspectos de su vida y de su carrera, Lugones tomó notoriedad, una vez más, política, dada su apuesta total a la suerte de los aliados y pretendiendo tener influencia sobre las posiciones que él consideraba debía urgentemente tomar el presidente Hipólito Yrigoyen respecto al conflicto que ensangrentaba a Europa.
Lugones había encontrado su bando, junto incluso a intelectuales con los cuales -en otras circunstancias- estaría parado en veredas contrarias. Como aporta la investigadora María Inés Tato en su trabajo “Los intelectuales argentinos ante la Primera Guerra Mundial”, el acto inaugural de la agrupación que operaba ese común embanderamiento era referido en el libro La Argentina ante la guerra, donde se incluían los discursos de F.A. Barroetaveña, Juan C. Rébora, Alfredo L. Palacios y Ricardo Rojas, de la siguiente manera:
“multitudinario mitin realizado en el célebre Frontón de Buenos Aires el 22 de abril de 1917, del que tomaron parte notables figuras públicas que meses después se vincularían al Comité Nacional de la Juventud. Entre las personalidades convocantes se contaron Francisco A. Barroetaveña, Alfredo L. Palacios, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas y Carlos de Soussens (La Argentina ante la guerra, Buenos Aires, Otero & Co., 1917, pp. 6 y 7). Según algunos cálculos, en esa oportunidad habrían asistido alrededor de 20.000 personas, buena parte de las cuales siguieron las alternativas del acto desde el exterior del colmado local (La situación internacional. La gran manifestación de ayer, en La Mañana, 23/04/1917).”
Todos quienes formaban parte del Comité Nacional de la Juventud, además de compartir el decidido apoyo a los Aliados, perseguían lograr del gobierno argentino la ruptura de relaciones con el Imperio Alemán. El Comité llevó durante ese año y el siguiente a una participación protagónica de Leopoldo Lugones retomando sus dones de oratoria, potenciada por su propia consecución en la escritura periodística sobre el conflicto en el diario La Nación, donde fungía de comentarista internacional, aunque sobre todo el martilleo mismo de la guerra en la conciencia mundial, le dio forma en su discurso a temas como el porvenir de la civilización ante el “despotismo teutónico” que veía desplegarse. Una vez más, la guerra –la gaucha, la helénica, o la guerra inscrita en la naturaleza humana– iba guiando y endureciendo el rumbo de su pensamiento y de su ideología hacia la aceptación del poder supremo de la fuerza.
Caras y Caretas volvía a mencionar a Lugones, apenas en un epígrafe, pero dejando ver el poder de su palabra pública al hacerse eco de una de las últimas manifestaciones públicas de 1918, en el mes de noviembre, en ocasión de haberse puesto fin a los combates en el frente occidental el 11 de noviembre de 1918, a las 11 de la mañana, gracias a un armisticio que marcó el cese de las hostilidades, que sería definitiva y oficial al año siguiente. Bajo el título “Las manifestaciones de la victoria”, el semanario reflejaba, el 23 de noviembre, la multitud que asistió al acto realizado sobre la avenida de Mayo y señalaba, debajo de una fotografía, al público “que concurrió a dicho acto, oyendo el elocuente discurso pronunciado por el señor Leopoldo Lugones”. El despliegue de “Caras” era predominantemente fotográfico, y su texto principal de no más de diez líneas expresaba:
“Pocas veces se recuerda haberse presenciado en Buenos Aires un espectáculo de las proporciones tan magnificas, como el realizado por el «Comité de la Juventud Pro Aliados», para festejar el glorioso triunfo de la democracia. Escapa a todo cálculo el número de los manifestantes; inmensa muchedumbre que sin distingo de nacionalidades ni colores políticos dio, jubilosa, la nota más simpática y emocionante que concebirse puede, al desfilar entonando las estrofas de las canciones patrias, bajo una lluvia de flores, arrojadas a su paso es de los balcones atestados de gentiles figuras femeninas.”
Las leyendas bajo las fotografías indicaban a “Los manifestantes al llegar a la calle Lima”, a “Los ministros de las naciones aliadas y miembros destacados del comercio y de la industria, ocupando el palco oficial durante la celebración del importante acto llevado a cabo en el Parque Japonés”; o a “Señoras y niñas llevando una gran bandera, en la enorme manifestación con que el partido socialista se adhirió a la terminación de la guerra y al triunfo de la democracia sobre el militarismo”.
El discurso pronunciado por Lugones en aquella ocasión no ha quedado registrado pues, según explicaba orador cordobés en su libro “La torre de Casandra”, editado en 1919, que contenía sus participaciones expresándose a favor de los Aliados y de la ruptura de relaciones de la Argentina con el Imperio Alemán, “no figuran los discursos que pronuncié en el Frontón Nacional y en el Parque Japonés de ésta (…) pues no se tomó de ellos versión taquigráfica, ni yo hice por reconstruirlos sobre las crónicas”. En aquel libro, un año después, reconocía Lugones en general, sobre sus piezas oratorias, que “cumple a la verdad consabida reconocer que la empresa fracasó. Las escasas ilusiones que hasta entonces pude abrigar sobre mi ingenio político, desvaneciéronse ante una realidad ciertamente útil para mi filosofía. Aquellas palabras tan vanas como ciertas, resultan confirmadas por los hechos cuando ya no sirven. Nuestras verdades, y nosotros mismos, somos como esas estrellas apagadas hace muchos años, pero cuya luz solo ahora nos llega.” Es obvio que, aunque pareciera sonar autocrítico, el elocuente Lugones hablaba de su “fracaso” desde una torre: la que le asignaba a Casandra, la “profetisa troyana a quien nadie creía, no obstante la exactitud de sus anuncios.”







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