
Está bien declarar terroristas a los terroristas
Javier Boher
Por Javier Boher
Argentina ha sido a lo largo de su historia un país pacífico, que a pesar de sus ocasionales procesos de violencia política se ha sabido mantener dentro de valores mucho menos trágicos que los que se ven en otros lugares del mundo. Sin grandes conflictos raciales, religiosos o étnicos, los eventuales desencuentros se debieron más a cuestiones ideológicas que de otra índole.
En la relación con el resto del mundo también se cultivó una posición de neutralidad o no alineación con ningún bloque en particular. La defensa de la soberanía nacional (para el propio Estado y para los otros) constituye desde siempre un elemento clave de nuestra política exterior.
Todo eso parece estar cambiando en el gobierno de Javier Milei. El presidente ha decidido llevar el péndulo hacia el extremo opuesto respecto al cual lo había movido el kirchnerismo, que se alineaba con los países que hoy representan casi todo lo malo del mundo (Rusia, Venezuela, Irán, por nombrar algunos).
En ese proceso de elegir un bando en la nueva guerra fría que se está montando, Argentina ha decidido declarar como organizaciones terroristas a los Hermanos Musulmanes de Egipto, Jordania y El Líbano, como así también a la Guardia Revolucionaria de Irán, todo en línea con la decisión de Estados Unidos de hacer visibles las tensiones o contradicciones del sistema internacional.
Algunos han señalado que esto implica que el gobierno ha decidido correr un riesgo que puede comprometer a todo el país, para lo cual citan el comunicado iraní diciendo que habrá represalias por esta decisión de declarar como terrorista a parte de las fuerzas armadas del país, sin darse cuenta de que dejen bien en evidencia cuál es el Estado violento.
Irán se ha valido de esos artilugios y tecnicismos para manipular las reglas y evadir la aplicación del derecho internacional, al punto de haber ascendido en la jerarquía estatal a los responsables del atentado a la AMIA a pesar de tener pedido de captura a nivel internacional.
La proyección transnacional de esos grupos ha sido posible gracias al paraguas que les han brindando los Estados, contrariando el espíritu de la diplomacia y generando las condiciones para que finalmente Estados Unidos haya denunciado la trampa del peor modo posible, rompiendo el orden internacional basado en reglas.
Hace dos días la Sociedad Argentina de Análisis Político publicó un comunicado crítico hacia el gobierno y su política científica, en el que destaca un párrafo sobre la democracia que parafrasea una cita de Samuel Huntington que dice así: “El autoritarismo puede producir físicos, biólogos y estadistas ganadores del Premio Nobel pero no grandes politólogos. La democracia fomenta el desarrollo de la ciencia política y su desarrollo contribuye al fortalecimiento de la democracia.”
Insólitamente, muchos de los firmantes en defensa de la democracia consideran negativo que Argentina se sume al bando contrario al de las dictaduras como la de Irán, que lleva más asesinatos de (sus propios) civiles en dos semanas que todos los que ha provocado la invasión rusa de Ucrania en tres años.
Está bien ser crítico del alineamiento automático detrás de un país (o peor, detrás del líder de un país), pero no por eso hay que desacreditar todas las decisiones de política exterior, especialmente las que van en el sentido correcto.
Defender un orden internacional basado en reglas y valores compartidos debe verse reflejado en decisiones coherentes con eso que se sostiene. Declarar terroristas a los terroristas es uno de los elementos por los que se puede empezar.


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