
Anarquía en el lago
Javier Boher
Por Javier Boher
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Nos pasamos dos semanas escuchando la polémica por los cuatriciclos en Pinamar, en la zona conocida como La Frontera. A ese lugar llega gente con ganas de mostrar su poderío económico andando fuerte en camionetas, motos, cuatriciclos, UTV y cualquier otra cosa que pueda ser considerada un arma en potencia cuando está bajo la conducción de gente poco afecta a respetar al otro. No importa cuánto esfuerzo se haga por ser prudente, siempre hay alguien acechando por su necesidad de andar fuerte.
Todo es un tema de descontrol, no en el sentido de falta de controles por parte de las autoridades, sino porque la gente no mide las posibles consecuencias de sus actos. Es como si el verano liberara muchísima energía reprimida, la que inevitablemente colisiona con la capacidad de evitar el desborde.
Ayer tuve la suerte de ir a pasear al lago de Embalse. Como hombre de río prefiero esquivar los lagos, básicamente porque los deportes náuticos me resultan exactamente opuestos a la serenidad del agua. Todo lo que se ve es un paisaje muy similar al de La Frontera, pero con lanchas y motos de agua que complementan a todos los de cuatro ruedas que circulan por la costa.
El descontrol es bastante generalizado, aunque afortunadamente no se traduce en consecuencias graves. Entre las motos y cuatriciclos que circulan por la costa hay muchos adolescentes o jóvenes circulando con niños a altas velocidades, algo que también se repite en lanchas y motos de agua.
Estuve preguntando a mi anfitrión sobre estas dinámicas, a lo que me dijo que han aumentado los controles respecto a años anteriores, por ejemplo en el tema de tener carnet habilitante para conducir ese tipo de vehículos. De hecho pudimos ver la intervención de la provincia, que le puso una multa a un grupo de tres que iban en moto de agua, cuando el máximo es de dos.
A pesar de eso, el riesgo existe. No hay lugares o rutas claras para la circulación o práctica de algún deporte, por lo que siempre está la posibilidad de que choquen dos embarcaciones. El tema de los jóvenes tomando alcohol es otro problema, porque es difícil asegurar que estén en condiciones de no provocar un accidente.
Más allá de que haya más controles que hace unos años, la inconsciencia de la gente -conductores en lago y tierra- es el mayor problema en la zona, algo que ciertamente se repite en los distintos lagos de la provincia que habilitan el uso de embarcaciones a motor.
Entre los factores que propician ese tipo de conductas hay cuestiones vinculadas a la exhibición del poder adquisitivo, al despliegue de bienes materiales como forma de imponerse sobre el resto. Quizás sea un poco de ojo prejuicioso, pero hay mucha gente que necesita demostrar a través de la posesión de objetos la ausencia de cualidades un poco más civilizadas. Es una combinación peligrosa, ya que la necesidad de romper barreras sociales empuja a romper otro tipo de normas de convivencia para conseguir notoriedad.
Es difícil pensar en una forma de resolver esto en poco tiempo, porque son cambios en la forma de ser que deben ser ayudados por controles más intensos. Mi interlocutor me señalaba que además el de ayer fue un día de poca gente y pocos vehículos circulando, por lo que la probabilidad un accidente es habitualmente peor que lo que me tocó vivir. No se puede depender solamente de la suerte para evitar una tragedia.


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