
El trilema entre violencia, drogas o corrupción
Javier Boher
Por Javier Boher
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Un trilema es una situación de decisión lógica en la que hay que elegir entre tres opciones, siendo una excluyente respecto a las otras dos. Cada vez que elegimos tenemos que aceptar que una de esas opciones va a quedar siempre fuera del menú.
La primera vez que escuché hablar del trilema de Lessing fue en un podcast en el que Andrés Malamud y Pablo Castro abordaban la situación del narcotráfico y la violencia en Rosario. Allí, el primero de estos formuló el planteo básico del trilema, al asegurar que los políticos tienen tres opciones (que son la violencia, la corrupción y el narcotráfico), pero que solamente pueden tratar de controlar dos simultáneamente.
Si se elige combatir el narcotráfico, lo que cabe esperar es un aumento de la violencia (porque las bandas se resisten a entregar el negocio) y de la corrupción (porque se eleva el precio de las coimas). Es lo que pasó en Rosario apenas iniciado el cambio de gobiernos, provincial y nacional.
Si se quiere combatir la violencia, lo que hay que hacer es mirar para otro lado con el narcotráfico y la corrupción, que es lo que insinúa Malamud que pasó en Rosario después de un tiempo. Se tolera cierta cantidad de droga y corrupción (que se institucionaliza) a cambio de reducir los homicidios y la violencia en general.
Finalmente, si se quiere combatir la corrupción, lo que queda es violencia entre bandas y un negocio muy rentable para tratar de entrar. Es el caso de los años de la Ley Seca en Estados Unidos, con las grandes mafias matándose a tiros en las calles.
Hay algunos que son un poco más optimistas y creen que se puede combatir de manera exitosa a los tres, aunque no se eliminaría el problema, sino que se lo desplazaría hacia otras zonas. Es lo que ocurrió en Colombia, que ordenó su violencia política porque los grupos se trasladaron a Venezuela. Algunos dicen que eso es también los que ocurrió en Rosario, desplazándose la actividad de las bandas a zonas cercanas al límite con Córdoba.
Gestión pública
El problema más grande del trilema de Lessing -y lo más desolador para cualquier político que ejerce un cargo ejecutivo- es que no se puede hacer todo al mismo tiempo y debe tomar una decisión al respecto. ¿Prefiere más drogas, más violencia o más corrupción?
La elección viene dictada por la propia naturaleza cultural de cada sociedad. En Estados Unidos, por ejemplo, convivir con violencia es algo normal, por lo que los esfuerzos están puestos en controlar el narcotráfico y la corrupción (aunque tampoco brillen en esto). Nuestra sociedad tiene aversión por la violencia, de allí que la tolerancia al comercio de drogas haya aumentado, con figuras como la del “consumo personal” para dejar pasar parte del tráfico como si fuese inofensivo. La corrupción también es un mal ya instalado, que favorece la ampliación del alcance del problema de la droga.
Políticos
A los políticos les encanta tratarse de narcos, como aquella vez que Andrés Larroque trató a los socialistas santafesinos de “narcosocialistas”, o cuando Luis Juez se hizo una rinoscopía para refutar a José Manuel De la Sota. Lo real es que nunca faltan vínculos entre los políticos y los narcos (independientemente del partido) a pesar de que ocasionalmente salen a la luz. En los últimos años tuvimos las ambulancias del kirchnerista Mario Ishii, los pagos de Fred Machado a José Luis Espert, Chesarotti y la campaña de De Loredo o el caso del padre de Diego Hak en Rapoza.
Lo que es seguro es que en medio de esos típicos cruces verbales no debe haber ninguno capaz de tirar la primera piedra. El vínculo entre políticos y narcos es el precio a pagar para vivir en sociedades un poco más pacíficas.
Cómo se sale
El gran problema del trilema de Lessing es que no deja ninguna salida posible, a excepción de una, la legalización de las drogas. El narcotráfico es un negocio rentable porque lo prohibido tiene siempre un mercado negro que infla los precios. La corrupción no solamente sirve para bajar la violencia, sino también el costo de lo ilegal, haciendo crecer los márgenes.
Las drogas no tributan, a pesar de mover millones de dólares cada año y generar un impacto negativo en términos de costo de la seguridad y la salud públicas, que deben cubrir los efectos negativos de aquella actividad ilegal.
Los detractores de esta idea creen que eso puede eliminar un negocio, pero que desviará las bandas hacia otras áreas, como la prostitución o el tráfico de personas, a pesar de que no hay evidencias de ello como sí la hay de que el aumento del narcotráfico corrompe aún más al Estado y corroe las estructuras sociales.
Hoy Argentina convive con las drogas (en la calle y a plena luz del día), la corrupción (que incluso le valió una condena a una expresidenta) y la violencia (que baja en los indicadores de homicidios, pero que aumenta en la violencia urbana o en los delitos contra la propiedad). Aunque Lessing advirtió que lo suyo es un trilema, no parece estar tan claro que en Argentina se estén haciendo bien las cosas en ninguna de esas áreas.


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