
El PJ ‘gestiona’ a la oposición hacia el dilema del prisionero
Felipe Osman
Por Felipe Osman
Rodrigo de Loredo compartió, tras el discurso de apertura de sesiones de Martín Llaryora, un encuentro con intendentes, legisladores y referentes de la UCR. Además de casi todos los integrantes del bloque en la Unicameral, fueron de la partida los intendentes de Bell Ville (Juan Moroni), Villa del Rosario (Diego Carballo), General Lavalle (Laura Rodríguez), Gigena (Nancy Foresto), Vicuña Mackenna (Roberto Casari), Almafuerte (Rubén Dagum), Laboulaye (Gino Chiapello), Etruria (Maximiliano Andrés), Berrotarán (Federico Soto), Oncativo (Nicolás Filoni) y Jovita (Javier Riberi), entre otros.
Las palabras del ya declarado ‘challenger’ a la Gobernación para el próximo turno fueron asertivas. De Loredo avisó que el peronismo hará todo lo posible por obstaculizar el camino de la oposición hacia la construcción de una oferta electoral competitiva, sembrando la discordia entre los potenciales retadores e impugnando un esquema de alianzas amplio en el que -se entiende- pudieran confluir el radicalismo y La Libertad Avanza.
No fue un vaticinio arriesgado. Quizá el principal de los insumos que mantiene al peronismo en el poder de una provincia genéticamente conservadora durante casi 30 años no sea otro que su habilidad para digitar fracturas en la oposición. Sin embargo, no deja de haber cierta gracia en que las palabras de De Loredo hayan seguido al discurso de Llaryora.
La apertura de sesiones tuvo, este año, un componente tanto más político que en años anteriores por dos motivos: fue la ocasión para que los tres potenciales candidatos opositores del 2027 tuvieran su primera foto juntos, y para que el gobernador mostrara, hacia cada uno de ellos, una actitud diferente.
El conflicto desatado en el Tribunal de Cuentas a partir de la millonaria licitación observada por el Frente Cívico le valió a Luis Juez convertirse en el principal blanco de las palabras de Llaryora, que acusó a su espacio de obstruir el combate contra el narcotráfico convirtiéndose en una suerte de aliado funcional de él.
Para De Loredo, el mandatario eligió un estilo más indirecto, remarcando la ausencia de radicales cordobeses en Diputados. Mientras que se abstuvo de dirigir críticas directas contra el titular del bloque libertario en la Cámara Baja, Gabriel Bornoroni. Tres actitudes diferentes frente a tres virtuales competidores.
En teoría de juegos, el dilema del prisionero explica por qué dos o más individuos racionales podrían no cooperar incluso cuando de hacerlo resulte el mayor beneficio, basándose en la desconfianza.
No es una situación demasiado diferente la que se presenta entre los tres referentes de la oposición cordobesa. Los números con los que dicen contar señalan que una oferta electoral unificada tendría enormes posibilidades de poner fin al ciclo del peronismo al frente del poder. Sin embargo, la unidad depende de cómo consigan balancear los intereses individuales de cada uno. Y una fractura de entidad los llevaría a una derrota casi segura.
En ese marco opera el oficialismo, que el domingo pudo haber evitado la foto Bornoroni-Juez-De Loredo, pero, en lugar de ello, eligió facilitarla.
Tres opositores son, en las cuentas del Centro Cívico, mucho mejores que uno. Y tanto mejor si no hay entre ellos diferencias de estatura que salten a la vista y faciliten la elección de un candidato por sobre los demás.
Llaryora cargó contra Juez poco después de que Bornoroni consiguiera sumar al armado libertario a intendentes radicales del departamento San Justo. Ese episodio está latente, y en cualquier momento puede convertirse en una saga, en el inicio de una dinámica que lleve a los libertarios a concentrar poder en desmedro de sus potenciales aliados. Para evitarlo, lo que se puede hacer es levantar a otro virtual adversario.
El protocolo sentó a De Loredo junto a Juez y Bornoroni, a pesar de que el radical no ocupa un lugar institucional. De Bornoroni, no se dijo nada. Gestión, pero política.


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