
Nunca antes visto
J.C. Maraddón
J.C. Maraddón
En medio de la sobreabundancia de productos culturales que procuran abarcar todas las formas de expresión y toda la gama de intereses de la gente, la sensación por estos días es la de una saturación de la oferta que termina obligando a los consumidores a buscar un refugio en sus preferencias más específicas. Lo que se presenta ante nuestros sentidos es tan abrumador, que no se nos ocurre casi ninguna temática a la que no se le haya prestado atención desde la cinematografía, la literatura, el teatro, las artes plásticas o cualquier otra de las manifestaciones creativas a nuestra disposición.
Por eso, resulta utópico imaginar que todavía queda algo nuevo por descubrir, lo que desemboca en el desencanto típico de estos tiempos actuales, aplastados por la nostalgia que nos reenvía una y otra vez hacia el pasado como única salida para la coyuntura. Y al zambullirse en ese viaje retrospectivo, los artistas insisten en hallar algún resquicio que aún permanezca inexplorado y que brinde la posibilidad de aportar algo a este presente inmerso en un rulo sin fin, condenado a girar sobre sí mismo en vez de dispararse hacia una dirección en la que no identifiquemos nada que hayamos conocido antes.
Ahora bien, si en el retroceso aparece esa gema perdida y su trascendencia fuerza a que se trabaje en una obra a su alrededor, cabe cuestionarse la razón por la cual nunca hasta ahora se le había practicado un rescate artístico. Si se han agotado los recursos y la búsqueda de originalidad se ha vuelto una tarea inútil, ¿por qué un asunto virgen recogido del devenir histórico persiste sin ser abordado en ninguno de los formatos que existen en la actualidad? Es una pregunta que seguramente se deben hacer los grandes productores de películas a la hora de tomar decisiones sobre los proyectos en carpeta.
En los últimos años, la biografía de los Beatles ha sido objeto de una minuciosa disección, sobre todo preocupada por averiguar cómo puede ser que esa música nacida en Inglaterra hace más de sesenta años, conserve su frescura en un mundo que se ufana de los cambios constantes en sus paradigmas. Pero la mayoría de esas aproximaciones fueron hechas desde un enfoque documental, a partir de materiales de archivo a los que se los dota de una segunda oportunidad, porque el transcurrir de las décadas les ha insuflado un valor testimonial cada vez más fascinante.
Sin embargo, como eso aparenta no ser suficiente, el cineasta Sam Mendes ha revelado semanas atrás su plan de recrear en la ficción la biografía de cada uno de los integrantes del cuarteto de Liverpool, mediante cuatro largometrajes que serían estrenados de modo simultáneo en abril de 2028. Por supuesto, la noticia conmocionó a la industria del espectáculo, ya que además incluyó en su desarrollo los nombres de los actores reclutados para asumir roles de semejante carga mediática: Paul Mescal como Paul McCartney, Harris Dickinson como John Lennon, Joseph Quinn como George Harrison y Barry Keoghan como el inefable Ringo Starr.
Más allá de la polémica acerca de si el casting está a la altura de las circunstancias, la mayor duda ronda en torno a si es posible llevar a la pantalla un fenómeno como el que desataron esos ídolos rockeros, cuya influencia sobre lo que vino después excede lo musical y se confunde con la emergencia de los jóvenes como factor de poder allá por los años sesenta. La ambiciosa idea de Mendes incita a reflexionar sobre las causas por las que no hay antecedentes de una audacia similar y barruntar qué chances tiene la iniciativa de coronar con éxito su propósito.







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