
El Suoem vuelve a las asambleas y precalienta la paritaria (pedirá 35%)
Felipe Osman
La paritaria municipal 2025 se agotó en diciembre, y representó, durante todo el año pasado, una recomposición de 22.5 puntos, 9 por debajo de la inflación (31.5). La cúpula del gremio ya mantiene conversaciones informales con los funcionarios de Daniel Passerini desde hace semanas, pero oficialmente las partes todavía no se han sentado a negociar.
En los últimos días, delegados de las distintas reparticiones han informado a sus compañeros que hoy empezará un esquema de asambleas para empezar a precalentar motores para ir al conflicto. En rigor, lo que la conducción del Suoem quiere es medir el humor de las bases para ir hacia un “quite de colaboración”, que implica no aceptar horas módulo (horas extra).
El problema es que las horas módulo son un componente sumamente significativo en buena parte de los recibos de sueldo, y los municipales, que vienen de resignar este concepto durante los últimos conflictos, no quieren saber nada con renunciar a él. Es que muchos de ellos terminaron perdiendo en las paritarias, porque el “quite de colaboración” afectó su estructura de ingresos a tal punto que los hizo caer en manos de mutuales con validación de códigos de descuento que, a pesar de ser parte del ecosistema municipal, no serían nada amigables a la hora de calcular intereses. O eso es al menos lo que varios municipales refieren.
Ahora bien, en cualquier caso, el Suoem negocia paritarias con el Ejecutivo, y aunque esas tratativas, aún extraoficiales, se dan bajo sumo hermetismo, las pretensiones del gremio rondarían un 35 por ciento para el 2026.
Lo cierto es que resulta sumamente difícil enhebrar una proyección inflacionaria para un año en el que el Presupuesto Nacional previó 10.1 por ciento, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central estimó 19,6 por ciento, y las consultoras privadas oscilaron entre el 17,5 y el 38 por ciento. Pero lo que queda claro es que el gremio intentará no correr por detrás incluso en el más pesimista de los escenarios.
Ahora bien, la recomposición será, sin lugar a dudas, un punto nuclear del acuerdo a arribar. Pero no el único.
Otras de las preocupaciones del Suoem -y, vale decirlo, del propio oficialismo- será buscar el pase de contratados a la infranqueable planta permanente del municipio, que cada cuatro años es sedimentada por la parentela de los empelados municipales y los compromisos políticos del poder de turno.
Este apartado, que es abordado en cada negociación, preocupa particularmente cuando las gestiones entran en cuarto menguante, pero esta vez hay una combinación de factores que adelanta los tiempos.
La Ordenanza de Transición de Ramón Javier Mestre prevé, en su artículo 10, que el Ejecutivo no puede decidir ingresos a la panta permanente del municipio sin el visto bueno del Concejo Deliberante en el período que va de las elecciones a la asunción del poder del nuevo intendente. El propósito es que las gestiones que abandonan el poder no puedan aprovechar la retirada para vandalizar las cuentas de la gestión entrante. O, mejor dicho, deban pagar algún costo político si deciden hacerlo.
El problema es que desde hace tiempo se habla de la posibilidad de que el oficialismo provincial -y accesoriamente el municipal- adelanten la fecha de los comicios cuanto les sea posible para separar la campaña local del cronograma nacional, en un intento por esquivar las fuerzas centrífugas de la polarización nacional.
Si esto sucede, al Suoem no le quedarían muchas chances de blindar a la parentela de los municipales en la planta permanente del Palacio 6 de Julio. Por eso las presiones para conseguirlo también se adelantarán.




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