
Dirigentes “candidateables” salen a la caza de los intendentes radicales
Carolina Biedermann
Sin fecha concreta para el armado formal de las listas y de la definición real de candidaturas, el mapa político cordobés ya muestra un punto de tensión: la decisión que tomen los intendentes radicales del interior. El pase formal de Federico Zárate, intendente de la gran ciudad de Jesús María, a las filas de La Libertad Avanaza, marcó la línea de largada para el inicio de definiciones y la lógica se revierte: la caza de intendentes, se invierte por atracción, y los jefes municipales se reservan la autonomía de decidir en que lugar jugar. “Entendemos el juego de Rodrigo De Loredo, pero no sabemos hasta cuándo lo va a poder sostener. Nosotros hablamos con todos y los intendentes se acercan. A Rodrigo se le están escapando los intendentes por el costado”, declaró un dirigente libertario que forma parte del esquema armador.
Así mismo el espacio insiste en que los jefes municipales tendrán “libertad de acción” a la hora de definir su posicionamiento electoral. Ese movimiento se observa con atención dentro del radicalismo. Cerca del ex diputado nacional sostienen que hoy existe un núcleo importante de intendentes y dirigentes que forman parte de su equipo político, que apoyan el proyecto y que mantienen una relación de lealtad con su liderazgo. Sin embargo, en el ecosistema libertario ponen en duda cuánto tiempo podrá sostenerse ese equilibrio. Según esa mirada, los contactos con dirigentes territoriales radicales ya comenzaron y podrían profundizarse a medida que el calendario electoral empiece a tomar forma, en cuanto a fechas, y también si las elecciones locales van pegadas a las provinciales o no.
El otro factor que el interior empieza a medir es el de la posibilidad de que los violetas “les planten” un candidato libertario puro. A pesar de que en los distritos menos poblados, el electorado vote (a veces) a la persona, más allá de un color político, ese factor no pasa por desapercibido y se enciende como posible amenaza. La mayoría evita definiciones tempranas, pero mantienen diálogo con distintos sectores. Esa lógica responde a una lógica local, de cada dirigente: la autonomía política para negociar apoyos según el contexto electoral y las necesidades de cada gestión. Concretamente, los libertarios son gestión y en este momento el viento les sopla a favor. Desde el lado del radicalismo, la oferta, es la defensa de los ideales que envuelven los colores blanco y rojo.
En paralelo, el peronismo provincial también mira con atención ese tablero. En el oficialismo hay preocupación por el papel que puedan jugar los libertarios en el interior y, sobre todo, hacia dónde terminarán inclinándose los intendentes radicales, que hoy mantienen diálogo con distintos espacios.
La realidad muestra un equilibrio frágil, y mientras tanto, el radicalismo intenta sostener su armado territorial alrededor de la figura de De Loredo y con grandes expectativas para el mega evento del 14 de marzo.


El hallazgo de Esmeralda y el temor del Panal a otro caso Lian


Macri vuelve a ordenar el PRO e intenta lo mismo en Córdoba









