
Intensamente, Adorni
Javier Boher
La paternidad nos obliga a ver infinidad de películas para niños. Si además la distancia del primero al último es más o menos larga, quizás sin saberlo nos volvimos expertos en los consumos culturales de los niños de toda una generación. Frozen sigue en el podio, pero toda la producción de la factoría Disney pasó más de cinco veces por nuestro televisor.
“Intensamente” es una película extraordinaria que los adultos disfrutamos quizás más que los chicos. Muy a grandes rasgos, se trata de la historia de una preadolescente que se muda de ciudad (como de cultura y de clima) y sufre este cambio porque sus emociones tienen problemas entre sí.
Cuando la historia ya tuvo el desenlace feliz y se adelanta el futuro paso a la adolescencia, a las emociones les llevan un tablero nuevo, el de adultos. Muy excitado, Furia celebra que ahora tendrá acceso al catálogo completo de groserías.
Cada vez que pienso en la llegada de los libertarios al gobierno me los imagino descubriendo los resortes del Estado con la misma excitación que tenía Furia al recibir el nuevo tablero. De golpe se encontraron con que hay una botonera muy extensa, al punto de que muchísima gente (como ellos antes de llegar al sector público) ni siquiera sabe que existe.
En presencia de ese gran aparato regulador de la vida social se fueron liberando deseos que llevaban tiempo reprimidos, a la vez que la máquina los fue procesando de a poco para entregar políticos comunes y corrientes. Las tentaciones del sector público están siempre ahí y señalar que el propio gobierno es el más ético, moral o capacitado de la historia siempre termina saliendo mal. Como dijo Menem alguna vez, cuando en una cena alguien se llena la boca hablando de honestidad y decencia, cuando se va hay que contar los cubiertos.
El viaje de Adorni
El Jefe de Gabinete quedó en medio de la polémica porque su mujer viajó en el avión presidencial a Estados Unidos junto a la comitiva oficial. Aquellos que hablaban de viajar en avión de línea y pagarse todos los gastos descubrieron el botón de “dar vueltas por el mundo con la de los contribuyentes” y tienen ganas de mostrarle a familiares y amigos cómo funciona.
Es gracioso, porque entre los argumentos usados por Adorni para minimizar lo suyo se refirió a que en la comitiva de Milei no viajaron periodistas, como pasaba con otro gobierno. Recién llevan dos años, si llegan a casi dos décadas como los otros van a subir a todos los tuiteros amigos que le sigan celebrando las ocurrencias.
Adorni nunca fue la luz más brillante del tablero, pero siempre le rindió frutos al presidente por ser un tipo de lengua filosa, leal y sin aspiraciones personales. Inevitablemente, los verdaderos rasgos terminan asomando cuando los corren un poco del lugar en el que están cómodos.
El verdadero problema de los nuevos políticos es que -como los nuevos ricos- no son capaces de darse cuenta del punto en el que están haciendo el ridículo, pretendiendo mostrar como natural lo que a todas luces es forzado. Si, se puede decir que los otros eran peores, pero eso en algún momento va a dejar de ser efectivo (lo que en contextos de ajuste suele ocurrir más temprano que tarde).
Sin embargo, lo verdaderamente duro para la imagen del gobierno es la foto de Adorni y su esposa comprando ropa y accesorios de lujo. ¿Cuántas veces el votante antikirchnerista, autopercibido republicano, se enojó con cosas similares que hacían Cristina y los suyos?
Este no es el gobierno de Macri, con un poco más de imagen aristocrática y familias de buen vivir que fueron a colegios caros. El fuerte de este gobierno siempre estuvo más en su imagen de gente de clase media con aspiraciones de crecimiento, esa que iba al colegio parroquial porque no le alcanzaba para el Cardenal Newman o el Northlands. Llegar al consumo a través de un cargo en el gobierno es contrario a lo declarado. No importa si no es efectivamente así, lo que importa es si así lo perciben los votantes. Las criptomonedas y el universo Libra son muy lejanas a la gente, las bolsas de Prada y la pose de Revista Caras son muchísimo más concretas y efectivas.
Hace unos años, Camilo -el yerno de Ricardo Montaner- tuvo un fugaz éxito radial conocido como “Ropa cara”. En algún lugar de mi mente resonaba el estribillo diciendo “Y ahora quiere que me ponga ropa cara / Balenciaga, Gucci, Prada”, del mismo modo que en Intensamente los responsables de la memoria mandan un jingle publicitario a la mente de la protagonista, que la tararea sin darse cuenta.
Sobre el final de la canción, el muchacho al que su nueva novia le pide que use esa ropa cara para vestirse reflexiona:
“¿Qué me pasó? Se me olvidaron
Todas las cosas que en la casa me enseñaron
¿Qué me pasó? Así no funciona
Yo no soy esa persona”
Si Adorni dio tan malas respuestas para tratar de explicar lo que pasó porque perdió la capacidad de darse cuenta de que cometió un error, entonces el problema para el gobierno va a ser cada vez más grande. Quizás no hoy, ni mañana, pero todo se va asentando en algún lado de la memoria de la gente, que en un punto de cansa y elige dejarle a Furia el acceso al catálogo completo de groserías.





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