
Somos unos privilegiados
Javier Boher
Tenía que ser sufriendo, como tantas otras veces. Aún así la Selección nos volvió a dar una alegría, una de esas que la gente festeja y siente bien adentro.
En esos momentos no se piensa en la inflación, en la inseguridad, en llegar a fin de mes. Tampoco importan la deuda con la tarjeta o el ruidito que empezó a hacer el auto. Un triunfo mundialista ante un rival simbólicamente importante y en una semifinal de dientes apretados es lo que más se acerca a eso que algunos llaman felicidad, un estado que no elimina las penurias pero nos acerca al disfrute más puro y sincero.
Las imágenes de multitudes celeste y blancas en plazas y calles no permiten agregar mucho más. Padres e hijos, abuelos y nietos, todos celebrando juntos ese pasito que nos vuelve a poner en una final. Madres, hijas y abuelas también compartieron la alegría, quizás un poco más recatadas que aquellos hombres que miden la vida en el tiempo que pasa entre partido y partido.
Una de las cosas maravillosas de las redes sociales es que nos ayudan a entender lo amplio y diverso que es este país. Vimos videos de gente celebrando al pie de las montañas, al lado de lagos, en cerros áridos, en ciudades con edificios altísimos o en el medio del campo. Vimos a cientos o miles de argentinos compartiendo la pasión por el fútbol y la pertenencia a una comunidad que -aunque golpeada y tensionada por grietas y enemistades- sigue latiendo bajo el paraguas de esos hermosos colores.
La Selección sigue demostrando que no importan las adversidades cuando los objetivos están claros. Cada uno cumple su tarea al pie de la letra, aunque también son flexibles para adaptarse a los imprevistos.
Muchas veces nos enfrentamos a encrucijadas similares como sociedad, pero reaccionamos distinto. Buscamos culpables, señalamos al que cometió un error y empezamos a buscar de qué manera se puede justificar que otra vez nos quedamos en el camino de eso que queríamos lograr.
La Selección no. Viene mostrando otra forma de hacer las cosas.
Los jugadores se apoyan, se acompañan y siguen empujando para alcanzar eso que quieren. No solamente está claro el objetivo y los jugadores dejan todo dentro de la cancha, sino que además hay templanza desde afuera para saber qué modificaciones hay que hacer. A cuánta gente que le gusta hablar de conducción le vendría bien aprender de la forma en la que conducen Messi, Scaloni y el resto de los referentes del equipo.
Escribo cuando ya pasó una hora y media del final del partido. Aunque vivo lejos del centro del pueblo, el viento me trae los acordes del himno, los bocinazos y el ruido de algunos fuegos artificiales que explotan e iluminan el filo del horizonte.
La vida no es el fútbol, pero algunas veces parece que el fútbol nos puede enseñar a vivir. Definitivamente nos sentimos vivos y llenos de energía, con ganas de llegar más lejos y hacer más cosas.
Hace cuatro años esta Selección tomó la decisión más política que podía tomar: no se puso al nivel del chiquitaje partidario, sino por encima. Enseña con el ejemplo del esfuerzo, el compañerismo y la entrega. Todos juntos, todos para adelante, todos por todos.
Espero que la noche termine con alegría y sin disturbios, acaso lo único que se ha deteriorado en los cuatro años desde los festejos por el título de Qatar. Ojalá este triunfo haya devuelto algo del espíritu festivo que vivimos en aquel momento.
Disfrutemos. Aunque haya sido sufriendo. Cualquier excusa es buena para renovar el amor por esta tierra y esta gente. Como dice la gastada frase: yo no pedí nacer argentino, solo tuve el privilegio.





La poco barata Kansas se repite en el camino de la Selección


Enroque corto | Foto en Capital, recorrida penal y dardos para Luis Juez

Atlanta activa el protocolo de riesgo con Argentina-Inglaterra

¿Qué harán los libertarios “no-orgánicos” si LLA juega en soledad?

Llaryora acomodó con Milei y ahora reacomodaría el gabinete



