
A subir la vara de los profesorados
Javier Boher
Estaba buscando tema para escribir cuando apareció una nota de Clarín que terminó de hacer encajar las piezas de muchas cosas que andaban sueltas en mi cabeza desde hace días: “Por el derrumbe educativo, el Gobierno pone en marcha un nuevo sistema para validar la formación docente”. Ahí se hizo el click.
Los casos próximos a cada uno no son una muestra lo suficientemente grande ni representativa para analizar la totalidad del universo, pero sirven como para entender relativamente cómo estamos. La siguiente es una lista de cosas que fui hablando o viendo desde el inicio de clases, 11 días hábiles hasta ayer.
Con una directora de escuela que es docente y coordinadora en un magisterio estuvimos hablando sobre la formación de las maestras en matemáticas. Me dijo que las aspirantes a maestras tienen el problema de que no pueden descomponer mentalmente los números para sumar o restar por tres cifras sin usar el papel. Una vez en la hoja, hacen “la casita” para resolver mecánicamente la operación. ¿Cómo va a enseñar a dividir por dos cifras una maestra que no sabe sumar o restar mentalmente?
Además de la mala formación de base cuando llegan al magisterio (14 años de educación obligatoria), también ve en la rotación de las maestras un problema para enseñar: un año están en primer grado, otro en sexto, otro en tercero. Algunas veces les toca matemáticas y otras veces les toca lengua. Algunas veces les tocan las dos. No se pueden especializar en nada y reniegan porque los temas y las estrategias que se deben aplicar en cada edad son diferentes.
Ahora un caso del secundario. La profesora de lengua escribe una serie de palabras en el pizarrón y pide que los alumnos indiquen si son verbos, adjetivos o sustantivos. A continuación, si son femeninos, masculinos o neutros. Respuesta correcta: son todos neutros, porque los géneros son una construcción. Hablar en lenguaje inclusivo está mal, pero cambiar las reglas del idioma por una visión ideológica es francamente absurdo, solamente posible porque no entienden lo que enseñan. Estoy esperando la mala nota para ir a quejarme como una auténtica mujer empoderada.
Tercer caso: llevé a primer y segundo año planos para hacer origami. La idea era hacer un diagnóstico sobre su motricidad fina, su capacidad de seguir indicaciones y resolver problemas. Más de la mitad de cada curso no pudo hacer un barquito de papel. Eso me despertó una duda: ¿podrán hacerlo los alumnos de quinto año de un colegio técnico? Subí la apuesta con la grulla, un poco más difícil. La mitad se quedó con la hoja arrugada como un pañuelo usado, con dificultades para seguir las instrucciones impresas y resolver los problemas durante la ejecución. ¿Quién los está ayudando a desarrollar el pensamiento abstracto?
Cuarto caso: revisando las imágenes de un instituto de formación docente veo una foto de los egresados del profesorado en economía. El costado lombrosiano me hizo compartirle la foto a un amigo licenciado en economía que ha trabajado en puestos de responsabilidad tanto en el sector público como en el privado, diciéndole que cualquiera de esos le ganaba un concurso en la lista de orden de mérito para enseñar economía en un secundario. Como dato de color, había uno posando con el clásico marquito. Había un escudo del PJ y una foto de Néstor y Cristina Kirchner. Eso solo debería inhabilitarlo para compartir sus fantasías económicas anticientíficas en las escuelas.
Finalmente, el último caso de la lista. En mi ciudad se abrió un profesorado de inglés provincial. No me imagino quiénes pueden dar clases, porque veo a las maestras que enseñan en jornada extendida en las primarias de la zona y tienen errores increíblemente burdos. No son idóneas, como se usaba en una época, sino que tienen títulos oficiales que las habilitan a enseñar en el nivel superior.
El nivel de los profesorados
Hace ya un tiempo escribí acá sobre cómo mi abuela, maestra normal de 95 años, podía dar clases. Se acordaba que la primera clase que pudo dar fue sobre la escarapela, que la preparó con tiempo e impartió monitoreada por la maestra titular, la que luego le presentó las observaciones. Tras doce años de formación enseñaban mejor que ahora, con 18 años entre jardín, primario, secundario y profesorado. 50% más de tiempo y salen con un nivel cada vez más bajo.
Ni las escuelas privadas se salvan de este fenómeno, porque los institutos de formación docente y los estándares exigidos son los mismos para todos.
La explicación más sencilla es que los gobiernos provinciales han encontrado en la formación docente su propia fórmula de “médicos cubanos”. Tienen una formación deficiente, muy por encima, pero que alcanza para darles el título de profesores o maestras. Los gobiernos usan esto para expandir la base de empleados públicos, en este caso mal pagos por el exceso de mano de obra disponible.
Es difícil saber cuánto podrá avanzar el gobierno nacional en su plan de auditar los profesorados para otorgar acreditaciones de manera similar a como lo hace la CONEAU con las universidades, pero indudablemente hay que empezar a elevar el nivel de la formación docente.
Los profesorados deberían enseñar más y mejor si queremos que los chicos aprendan más que hasta ahora. Nadie puede enseñar lo que no sabe, y dudo de que los egresados de los profesorados egresen sabiendo.


Buscan a Esmeralda, una niña de 2 años en Cosquín y se activó la alerta Sofía

Congreso Nacional: Basualdo reclamó por fondos de salud para municipios y comunas


Desde EE.UU, la Justicia benefició a Argentina en la causa YPF

La ley de Inocencia Fiscal firmada por Milei sobreseyó a Lázaro Baez







