
A medir las expectativas
Javier Boher
Hay algo que el gobierno nacional no quiere entender: no alcanza con el desastre económico que dejó el kirchnerismo para que la gente sostenga su apoyo. Ciertamente el recuerdo es todavía fresco y algo tira, pero no debe confundirse con acompañamiento incondicional.
La mayor parte del apoyo cosechado en los primeros dos años de gobierno llegó por la baja sostenida de la inflación. La gente soportó el cadenazo en los dientes de los primeros tres meses de gobierno, el párate económico que le siguió, la licuación de los ingresos y un par de escándalos de corrupción, todo porque el dólar se mantenía quieto y la suba de precios se desaceleraba.
Las elecciones del año pasado confirmaron que la gente mantenía su fe a pesar de la turbulencia, quizás porque entendía el impacto de cualquier proceso electoral en las variables económicas argentinas.
Hoy el riesgo es que eso se termine.
Una de las lecturas que podemos hacer del famoso Teorema de Baglini (que establece que la responsabilidad de las propuestas es inversamente proporcional a sus chances de acceder al poder) es que la mayor amenaza para cualquier gobierno es generar un exceso de expectativas en sus votantes. No digamos que hay que prometer sangre, sudor y lágrimas, como Churchill, pero sí que hay que exponer la realidad y bajar a la tierra las aspiraciones de la gente.
Macri lo pagó con aquello de que era fácil bajar la inflación o que quería que lo juzguen por los niveles de pobreza. Dujovne haciéndose el gracioso sosteniendo el cartelito de “no volvamos al fondo” o la famosa foto del gabinete económico proyectando una inflación que quedó muy atrás, todo eso le costó la reelección. Alberto sufrió lo propio con su campaña para que vuelva el asado, que terminó con que incluso buena parte de los trabajadores formales eran pobres por culpa de la inflación.
En mayo del año pasado el gobierno logró que la inflación toque el piso, con 1,5% mensual. Si ese valor se sostuviera por doce meses, el valor anual de la suba de precios sería de 19,6%. Anteayer supimos que la inflación de marzo fue de 3,4%, más alta que lo deseado y acumulando 10 meses de aumento. Si ese valor se sostuviera por todo un año, al final del recorrido el aumento sería de 49,4%. 30 puntos es una diferencia muy grande.
El gobierno ya pasó hace algunos meses la parte de decir que la inflación anual sigue yendo a la baja. Después tuvo su propio sainete por el desplazamiento o renuncia de Marco Lavagna, en medio de la polémica por el cambio de fórmula para medir. Ahora está en la parte de decir que hay factores duros que explican que no todo es una cuestión monetaria, por lo que solo le queda empezar a atacar a los agiotistas y especuladores.
La inflación acumulada en los primeros tres meses del año es más baja que la de algunos meses del final del gobierno de Massa. Bárbaro, por eso la gente eligió que no siga el peronismo. El desafío está en renovar la propuesta si pretende enderezar la relación con sus votantes y desactivar las versiones sobre internas y divisiones.
Hay una máxima peronista que dice que mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar. Milei ya dejó de ser panelista para convertirse en presidente. No puede prometer recetas mágicas, sino que debe alinear a su tropa para que trabajen y recuperen el favor popular, porque este país es demasiado particular y las varas para medir no suelen ser siempre iguales.





Atlanta activa el protocolo de riesgo con Argentina-Inglaterra



Defensoría: consenso, cercanía y “trampolín” de los últimos intendentes





