
Boretto confía en su esquema de alianzas para asegurar la reelección
Francisco Lopez Giorcelli
Se cierra una semana clave en la política universitaria de la UNC. Con la confirmación de las principales fórmulas para el Rectorado —y la posibilidad latente de que se sume una tercera opción desde la izquierda— el tablero empieza a ordenarse de cara a una elección que, aunque todavía abierta, ya muestra diferencias en la capacidad de construcción de cada espacio.
En ese marco, el rector Jhon Boretto reunió la tropa y confirmó que irá por la reelección acompañado nuevamente por la vicerrectora Mariela Marchisio, en una apuesta que no solo busca renovar el mandato, sino también validar el esquema de poder construido durante su gestión.
A diferencia de otros espacios, donde las definiciones llegaron con tensiones y demoras, el oficialismo mostró una línea de continuidad sin sobresaltos (expuestos, la interna no afloja nunca). La decisión de sostener la fórmula original evita abrir discusiones internas en un momento clave y permite proyectar una imagen de cohesión hacia adentro y hacia afuera.
Pero más allá de los nombres, lo que se pone en juego es el modelo de construcción política que el rectorado logró consolidar en los últimos años. Con una estructura que articula sectores estudiantiles, docentes, no docentes y egresados, el espacio que conduce Boretto llega a la disputa con una base de sustentación amplia y territorialmente distribuida.
Esa amplitud también se expresa con particular fuerza en el plano estudiantil. El oficialismo logra aglutinar respaldos de espacios que, en otros escenarios, compiten entre sí por la conducción de centros de estudiantes. Una convivencia que, lejos de ser una anomalía, responde a una lógica de acumulación que paraleliza entre la construcción regional y las disputas locales, es decir, habrá unidad y disputa, una lógica que no es novedosa en la UNC.

En ese esquema, la elección rectoral aparece como una instancia donde las diferencias se ordenan —al menos temporalmente— detrás de una estrategia común. Sin embargo, ese mismo armado abre interrogantes hacia abajo: hasta qué punto esa confluencia se traduce en arrastre de votos hacia las agrupaciones que integran el espacio, o si, por el contrario, la superposición de identidades termina diluyendo capital político en las disputas por centros de estudiantes, favoreciendo a los oficialismos (y quizás a quienes no se plieguen al armado oficial).
Esa arquitectura política volvió a quedar en evidencia en los últimos movimientos del armado oficial, donde distintos espacios —incluso algunos que en elecciones anteriores se ubicaban en la vereda de enfrente— comenzaron a expresar su respaldo a la continuidad de la gestión. El dato no es menor: habla de una capacidad de acumulación que trasciende los límites tradicionales del espacio.
Esa lógica de amplitud que buscan desde SOMOS también se dejó ver en la calle. En los últimos días, tanto Jhon Boretto como Mariela Marchisio se hicieron presentes en las jornadas de protesta impulsadas por ADIUC, donde fueron vistos dialogando en la radio abierta que el gremio montó en el centro cordobés. La escena no pasó desapercibida: en el mismo ámbito coincidieron el ex rector Francisco Tamarit, referente del kirchnerismo universitario, y Hugo Juri, ex rector identificado con el radicalismo. Una postal que, más allá de las diferencias, mostró a buena parte del sistema universitario compartiendo un mismo espacio en medio del conflicto.
Pero retomando el debate sobre la fórmula, la decisión de ir por la reelección junto con Marchisio también puede leerse como un intento de preservar equilibrios internos. La vicerrectora, con inserción en sectores académicos y técnicos, funciona como una pieza de articulación dentro de un esquema que combina perfiles políticos y de gestión.
Del otro lado, el escenario aparece mucho más fragmentado. La oposición logró cerrar su fórmula, pero todavía muestra dificultades para construir volumen y proyectar una alternativa competitiva. La comparación, inevitable, empieza a jugar en favor de un oficialismo que no sólo retiene lo propio, sino que además amplía.
A esto se suma la posibilidad de que emerja una tercera opción desde la izquierda, lo que podría dispersar aún más el voto opositor y reforzar la posición del rectorado en la disputa general.
Así, la elección en la UNC empieza a tomar forma como algo más que una competencia entre listas. Para el oficialismo, se trata de plebiscitar una gestión que logró estabilidad en un contexto nacional adverso para las universidades. Para la oposición, en cambio, el desafío sigue siendo construir una alternativa que supere sus propias limitaciones.
Por ahora, el tablero muestra a un espacio que llega ordenado y con volumen, frente a otros que todavía buscan cómo pararse. Queda por ver si esa diferencia se sostiene en el tramo decisivo o si la dinámica electoral introduce matices en un escenario que, por ahora, parece inclinarse hacia un lado.


Trabajadores UNC paran una semana y analizan la paritaria

Elecciones UNC: contundente triunfo de Escuela Futura y Ser Monserrat

Elecciones en el Manuel Belgrano: dos modelos en pugna para definir la era post-Marinelli

Sin Aldo Guerra, el Monserrat elige entre dos mujeres

El mapa político que las elecciones configuraron en la UNC

Enroque corto | Fisuras peronistas, rechazo por "Wachitas" y Rambaldi en alza.

Macri reapareció para avalar la reconstrucción cordobesa del PRO

Se reúne el Peronismo Federal y esperan a intendentes llaryoristas

Diputados: con firmas cordobesistas, Adorni vuelve a la picota




