
Los gatos libertarios
Javier Boher
Hay una frase de Perón en la que establece que los peronistas son como los gatos, porque cuando parece que se están peleando en realidad se están reproduciendo.
Todavía es pronto para saber si a los libertarios les aplica el mismo principio justicialista o si todas las refriegas que acumulan desde hace meses los dejarán diezmados como a los radicales.
Las facciones en cuestión están nítidamente definidas, ya que responden a dos de los lados del “triángulo de hierro” que alguna vez enunció el presidente, donde ponía a su hermana Karina y a Santiago Caputo en la mesa chica de las decisiones. Si el peronismo tuvo rama gremial, rama juvenil y rama femenina, los libertarios tienen rama digital y otra rama territorial, las que algunas veces exhiben las mismas ganas de matarse que los seguidores del general.
El fin de semana todos redoblaron la apuesta en este “chicken game” en el que se acelera hasta esperar que el rival se haga a un lado. Todo comenzó con un error del CM de Martín Menem, que por tercera vez en estos años se volvió a confundir de cuentas a la hora de tuitear, lo que despierta muchas sospechas sobre la naturaleza de dicho yerro. Rápidamente las Fuerzas del Cielo, las huestes digitales de Caputo, salieron a enfrentar al riojano, hombre fuerte del ala karinista.
Poco a poco las acusaciones fueron subiendo de tono, incluso con intervención del mismísimo Caputo. Es difícil saber hasta qué nivel de la organización se ve afectado por el enfrentamiento o qué tan lejos están dispuestos a llegar unos y otros, pero en ningún caso esto puede favorecer al presidente. Si bien nadie cuestiona su liderazgo (todos siguen haciendo las reverencias pertinentes), si no define ganadores y perdedores es cuestión de tiempo para que eso suceda, ya que el líder carismático tiene sentido en cuanto medida de todas las cosas y última fuente de autoridad.
El problema para el presidente llega por los rumores y trascendidos que se echan a correr desde su entorno, afectando su credibilidad, generando dudas sobre su capacidad de gobierno y convirtiéndose en lo que va minando su popularidad.
Todo lo referido al caso Adorni puede haberse originado en esta misma interna. Las tensiones con el armado bonaerense o con los Menem (con una guerra sin cuartel entre figuras de menor renombre) se anota en la misma línea.
Esta semana se sumó una nueva línea de horadación a la figura presidencial, lanzando el globo de ensayo de que la senadora Bullrich sería una posible sucesora del presidente. Hacen hincapié en que tiene mejor imagen fuera del núcleo duro libertario y que transmite mejores condiciones psicofísicas generales. Alguien está queriendo meter otra cuña ahí dentro, indudablemente aprovechando la situación de crisis.
En cualquiera de los casos, el mayor problema es la forma en la que se estaría fugando información de la mesa política hacia medios (tradicionales y online). Siempre eso fue usado para hacer política en el frente interno, pero el riesgo es el de exponer que la hermana del presidente es la que toma las decisiones y que el Jefe de Estado ni siquiera sabe qué es lo que pasa en su gestión o a qué le pone la firma. Parece esos nenes que hacen monerías para que les regalen un paquete de gomitas.
El empecinamiento de privilegiar el territorio y los chanchullos de la vieja política por sobre la vitalidad y la renovación aportadas por los trolls caputistas (que tienen sus propios intereses, por supuesto) genera una veta interna que seguramente será explorada por los mineros del escándalo.
El futuro de esta lucha es aún incierto, pero de no zanjarase de una buena vez en favor de alguno de los sectores las contradicciones seguirán creciendo hasta comerse al monstruo. Aunque, tal como pasó tantas veces con el peronismo, quizás ninguno saca los pies del plato y en un año los tenemos disfrutando de una nueva victoria que nadie vio venir.





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