
Milei, Moreno y las retenciones
Javier Boher
Muchas veces me encuentro reflexionando sobre el porqué del lugar que ocupa el campo en la agenda política del país. Es difícil saber si es porque el sector está atomizado entre distintos partidos, si se debe a la baja cantidad de habitantes de la zona rural pampeana, a los problemas de organización gremial o a razones de ocupación histórica del suelo, pero el sector que más dólares ingresa al país no influye en nada de la discusión nacional.
La mayor parte de la agenda de la gente del campo está ocupada por la baja de retenciones. Apuntalan su reclamo en torno a los derechos de propiedad, como si eso fuese tan importante en un país en el que un desalojo de una propiedad urbana puede durar más de una década. Ven las cosas desde su necesidad individual y no desde su lugar como parte de un colectivo mucho mayor.
La semana pasada el presidente anunció una rebaja gradual de los derechos de exportación, que ya están más bajos que a la hora de asumir y seguirán ese camino hasta la eliminación total después de las elecciones del año que viene. Esto, por supuesto, es el incentivo para seguir apoyando al gobierno más allá de las dudas.
El campo puede elegir seguir pidiendo por todo, pero eso implicaría olvidar la experiencia del gobierno de Macri, cuando el exceso de optimismo y una sequía terrible se terminaron lleva dos puesto un plan económico que dependía enormemente de la suerte.
Poco se habla de la experiencia que aportó aquella experiencia cambiemita a la actual gestión de Milei, donde muchos cuadros (entre ellos el ministro Caputo) aprendieron que los libros y la realidad son dos cosas completamente distintas. Sacar las retenciones puede ser un objetivo político más que importante, pero para el Estado nacional sería el equivalente al quedarse sin trabajo de cualquier persona común.
Por suerte para los libertarios apareció Guillermo Moreno, el ex secretario de comercio del kirchnerismo, que sigue tratando de aportar su granito de arena al rearme del peronismo en torno a la vitalidad y visión del mundo de figuras que exceden las siete décadas.
En una entrevista con el diario La Capital de Mar del Plata, dijo que un gobierno peronista que asuma en 2027 debería subir las retenciones. Después hizo todo un dibujo teórico sobre cómo acomodaría la situación, dejando en claro que el campo tendría que volver a pagar la fiesta del peronismo. Es difícil creer que hay gente del campo tratando de igualar a los de ahora con los que quieren volver, argumentando que porque las retenciones no se eliminan completamente el gobierno es tan malo como los que las llevaron a más del 30%.
Afortunadamente para el campo, la realidad social de los productores es muy distinta a la de hace 30 o 40 años. Si los abuelos de los actuales productores con suerte salían del pueblo para venir a Córdoba cuando se enfermaban, hoy las nuevas generaciones ya han viajado por el mundo, muchas veces para ver cómo se vive y trabaja en otros lados. Son más conscientes de los problemas y potencialidades locales, aunque algunas veces se dejen confundir por los que creen que este es un país como cualquier otro.
Ahí es donde se nota la falta de cooperación política para meterse en agenda, dejando que los Guillermos Morenos de Argentina dicten las reglas para el campo desde las realidades que viven en las grandes ciudades. Hoy la disyuntiva es entre un tímido camino de rebaja de retenciones y unas ganas salvajes de volverlas al tope, pero muchos eligen creer las promesas de los que dicen que pueden eliminarlas del todo. Se nota que les gusta más ver los pájaros volando que agarrar uno bien fuerte entre sus manos.





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