
Primer día de los ex naranjitas: la apuesta por la paz social detrás de la nueva prueba
Carolina Biedermann
Arrancó este lunes el nuevo esquema para los cuidacoches en Córdoba, y la Municipalidad estrenó una salida distinta para uno de los conflictos urbanos más persistentes de la capital, sobre qué hacer con los naranjitas. Cientos de constatadores vinculados al nuevo sistema municipal, empezaron operar de una manera distinta en la ciudad. La implementación dejó dudas entre automovilistas y adaptación entre los propios trabajadores, pero el primer día transcurrió con relativa normalidad. Esa ausencia de conflicto también fue leída como resultado.
Detrás aparece una discusión más profunda: la búsqueda de la paz social en una ciudad donde durante años los cuidacoches quedaron asociados a denuncias por aprietes, violencia o apropiación del espacio público.
No es menor entonces la secuencia política del fin de semana. El domingo, durante el acto oficial por el 25 de Mayo en Plaza San Martín, el intendente Daniel Passerini volvió a compartir escena institucional con el arzobispo Ángel Rossi, con quien mantiene una relación fluida. Sectores ligados a la Iglesia impulsaron históricamente abordajes sociales frente a fenómenos de exclusión y marginalidad urbana, una mirada que algunos leen detrás de la lógica de reconversión elegida por el municipio. Incluso con el tema “Naranjitas”, la institución eclesiástica adoptó la bandera en su defensa.
El razonamiento oficial parece claro: formalizar antes que confrontar. La oposición, en cambio, mantiene reparos, mientras uno de los más duros fue el legislador Gregorio Hernández Maqueda quien escribió en X.
“Los ‘permisos especiales’ que el Gobierno nos quiere conceder para no pagarles a los ‘constatadores urbanos’ afincados en nuestras casas y lugares de trabajo, serán también fuente de discrecionalidad y corrupción. Esto hace la izquierda burocrática y liberticida del peronismo KuKa de Córdoba”.
La crítica de Hernández Maqueda apunta al riesgo de nuevas excepciones administrativas y a lo que considera una legitimación indirecta del viejo sistema.
Mientras tanto, en el Palacio 6 de Julio observan otro indicador: si Córdoba consigue atravesar las próximas semanas sin volver a discutir violencia callejera alrededor del estacionamiento. Es por eso que el verdadero examen del nuevo esquema quizá no sea tecnológico ni recaudatorio, va a ser si el experimento logra transformar conflicto en convivencia.



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