
Bullrich y su globo de ensayo
Javier Boher
En estos tiempos de política digital se pueden medir muchas cosas. Así como en la política analógica era fundamental la posición en la foto, hoy se pueden analizar otros datos que pueden pasar inadvertidos cuando no se tiene un control riguroso de los mismos.
En internet hay una página (https://milei.nulo.lol/) que se dedica a analizar cuántas horas por día pasa el presidente en redes sociales (particularmente en la ex Twitter). Los números muestran que está allí casi tres horas diarias, con más de 100 reposta diarios de las cuentas que le interesan.
Esto es lo que se puede medir hoy. Según el relevamiento del tuitero Andrés Snitcofsky, ha habido un cambio reciente en los preferidos del presidente, con la caída en desgracia de Patricia Bullrich y Martín Menem, y el ascenso de Santiago Caputo.
Lo de los dos últimos obedece a la reciente interna que enfrentó a ambos bandos, pero lo de la senadora va un poco más allá: es la tercera pata de la interna, la de la representación de los políticos con recorrido que han hecho un acercamiento sin amor.
Hace un tiempo que la ex presidenta del Pro viene dando muestras de independencia, aunque siempre con cuidado de no sacar los pies del plato. Primero se apuró en pedir a Adorni que presente su declaración jurada y ahora anunció su voto a favor del pliego de la jueza Michelli, rechazada por el oficialismo por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. Acto seguido, puso a disposición del presidente su renuncia a la presidencia del bloque libertario.
Muchos de imaginan ahora a la ex ministra abandonando el barco y rompiendo todo para lanzarse a la presidencia, pero suena exagerado. Quizás es la maniobra para detectar quienes no están completamente comprometidos con el proyecto, o tal vez es la forma de darle a cada votante de Milei la cara que necesita para seguir apoyando la gestión. Si el grueso del voto al gobierno fue por temas económicos, qué mejor forma de tener a todos conformes que permitiendo “diferencias políticas internas” mientras se sostiene un rumbo económico firme.
La democracia interna es un valor que a los partidos les cuesta aceptar, ya que son estructuras que valoran la disciplina verticalista y el apego a un plan de gobierno. Por eso el presidente no suele andar con medias tintas ante los desafíos y condena rápidamente a los que pretenden ejercer una libertad de conciencia como la que anunció Bullrich, tal el caso de Paoltroni con el pliego de Lijo para la Corte Suprema.
Aunque la ex ministra tiene mucho más peso propio, no hay certezas de que si abandona el bloque la vayan a seguir los que llegaron al mismo emigrados desde el Pro, de allí que todo esto parezca más un blef o un globo de ensayo para medir posibles alternativas que el inicio de una rebelión interna y un golpe palaciego.
Siempre viene bien recordar que muchas de las reglas y prácticas políticas a las que nos hemos acostumbrado tras cuatro décadas de democracia vienen siendo desafinadas por el presidente (o quien lo asesore) que se comporta de forma diferente a lo que dice la evidencia acumulada. Harían bien en no ilusionarse tanto sus viejos socios y votantes.







Enroque corto | Panorama político: Rossi, internas de la UCR y el futuro de Embalse

La oposición y el PJ empujaron a Moreno a la renuncia

Por la situación de Rodríguez, la Procuración carcelaria puede quedar en stand by




