
Feliz día, papás de la política
Javier Boher
Ayer dimos y recibimos muchos saludos por el Día del Padre. Algunos tienen la suerte de tener al suyo vivo; otros tenemos gratos recuerdos para compartir con nuestros hijos. En días así es cuando uno reflexiona sobre el ejemplo que es, los valores que transmite y qué bienes materiales le va a dejar a los que vienen.
Manuel Adorni les va a dejar una casa con cascada, un pendrive y un flipper de Los Locos Addams; Martín Insaurralde, un vestidor que enorgullecería a Néstor Kirchner. ¿Valores? Probablemente ninguno.
Vivir pendiente de la política y las noticias tiene un costado muy negativo, que es el de asociar cada situación que nos cruzamos con la agenda del día aunque no tengan nada que ver. Como me dijo alguna vez un amigo con muchos años en esto, el problema serio es cuando empezás a soñar con políticos antes que con afectos.
Mientras preparaba las cosas para el almuerzo de ayer no podía dejar de pensar en cómo la política se ha convertido en un negocio obsceno en el que algunos pocos se quedan con lo que es de todos. Los videos de Jésica Cirio mostrando los fajos de dólares de su ex marido son una muestra clara de todo esto, porque son el producto de un largo recorrido en la función pública a costa de una peor calidad de vida para los vecinos que lo votaron (y para los que no). Un cálculo que andaba dando vueltas por Twitter estimaba entre 20 y 40 millones de dólares lo que había en esas bolsas ziploc, más o menos lo que va a gastar la provincia en el ensanche de la avenida Bodereau.
Lo mismo vale para Adorni. Aunque los montos sean considerablemente menores, lo del Jefe de Gabinete es parte de un brevísimo recorrido en la función pública, mientras que el hombre fuerte de Lomas de Zamora lleva un cuarto de siglo cobrando del Estado. Sean casta vieja o nueva, parece mentira que todos estén desesperados por apropiarse de recursos que luego le van a faltar a otras personas.
Tampoco hay que ser ilusos y pretender que no exista la corrupción, pero no puede todo ser tan exagerado. Así como les gusta poner cascadas o decorar con dorado, todo para los políticos tiene que ser desmedido.
En medio de estos escándalos y con el Día del Padre encima me resulta imposible no pensar en todos los que son hijos o nietos (o hijas y nietas) de políticos, de los que dicen haber heredado la vocación, aunque todos sabemos que es mucho más importante el patrimonio que recibieron. Hay muchos herederos que salen a opinar sin cinismo de estos casos de corrupción, genuinamente convencidos de que sus padres (o madres) han sido prístinos exponentes de la política honesta, aunque todos nosotros sabemos de historias concretas en las que se les quedó pegado algo que no les correspondía.
Siempre vuelvo sobre una frase que se atribuye a Richard Nixon, quien fuera presidente norteamericano y se viera obligado a renunciar por espiar a los opositores (un día común y corriente en Argentina). Al ser interrogado sobre qué valores tiene que tener un presidente, respondió que aquellos que uno no le enseñaría a un hijo. Es la muestra más sincera de que la política es un arte oscuro en todos lados y que muchas de estas dinastías políticas argentinas no le hacen caso y se encargan de transmitir de padres a hijos todos los mecanismos para seguir viviendo del dinero público aunque pase el tiempo.
Muchos de los que se quejan de la corrupción de los otros y hacen la vista gorda con la de los propios además se llenan la boca hablando de los que menos tienen. Esos 20 millones de dólares de Insaurralde equivalen a lo que ganarían 65 obreros industriales en 45 años de trabajo.
Después de ese cálculo, no sabremos de quiénes son padres ese tipo de políticos, pero sabemos muy bien de quién son hijos. Feliz día, muchachos.



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