

El frente de todos
El triunfo de la fórmula “Fernández‑Fernández”, con el 48,24% frente al 40,28% de Macri‑Pichetto, se sostiene en una doble promesa: restaurar el bienestar de las mayorías y moderar el estilo imperativo del ciclo previo. Esta formulación implica, simultáneamente, subestimar la gravedad del cuadro económico heredado del macrismo y asumir un compromiso de conducción alejado de la lógica de “únicos dueños de la verdad”.
Maristella Svampa, (2019) describe que esos sectores sociales, expresan un neoliberalismo sociocultural basado en autonomía individual, meritocracia y desconfianza hacia el Estado. Para Pablo Seman, (2021) el macrismo captura esa moral meritocrática. Estos sectores atribuyen la crisis a obstáculos estructurales —sindicatos, política tradicional, peronismo— más que al gobierno macrista.
“Esa subestimación les impide captar el equilibrio real de poder y condiciona la gobernabilidad inicial”.
Discurso inaugural
Alberto Fernández formula una reorientación estructural del Estado en tres planos:
-En el campo económico, propone reconstruir la economía desde la producción y trabajo, renegociar la deuda bajo el principio “para poder pagar, primero hay que crecer” y romper el marco heredado mediante un Estado ordenador.
-En el campo político, plantea restaurar la legitimidad democrática, superar la grieta y reparar instituciones dañadas, afirmando que “las debilidades de la democracia sólo se resuelven con más democracia”.
- En el campo social, declara que “el hambre será el primer aspecto a atender” y que los vulnerables serán los únicos privilegiados, articulando un contrato basado en solidaridad y cohesión.
Las mediciones iniciales —60% Poliarquía, 65% CELAG, 63% Analogías— muestran que esta arquitectura discursiva produce expectativas positivas transversales, incluso entre sectores no peronistas, al combinar urgencias sociales con una narrativa de reconstrucción nacional.
Balance final
El gobierno atraviesa dos shocks excepcionales que condicionan su desempeño: la pandemia de 2020, que paraliza la actividad y obliga a un Estado de emergencia, y la sequía de 2023, que desploma exportaciones y profundiza la restricción externa. Aunque ambos episodios inciden de forma decisiva, las tensiones internas en la conducción económica definen un deterioro “macro y social regresivo”, con efectos transversales. Esta dinámica se intensifica durante la gestión de Sergio Massa (2022–2023), cuya doble condición de ministro y candidato presidencial lo lleva a conciliar demandas divergentes y alimentar una inflación creciente.
La evaluación coincide con la literatura especializada, que señala que los shocks operan sobre una arquitectura macroeconómica “sin anclas nominales”, lo que amplifica sus efectos y reduce la capacidad de respuesta estatal.
Levy Yeyati (2023) sostiene que el gobierno enfrentó pandemia y sequía sin anclas fiscales, monetarias ni cambiarias, potenciando la nominalidad. Marina Dal Poggetto (2022–2023) subraya que, aun con los shocks, la ausencia de un programa integral volvió insuficientes bonos y transferencias, dado que el salario real se contrae más rápido que la asistencia.
En el plano social, INDEC (2023) registra deterioro del ingreso, “pobreza superior al 40% e informalidad creciente”.
Gobernanza
La culminación en una crisis estructural y las expectativas sociales erosionadas, no puede comprenderse sin atender al “modelo de gobernanza”.
Desde 2022, intelectuales del kirchnerismo duro advierten en la carta “Unidad del campo popular: moderación o pueblo” que la coalición “ya se rompió” y que la moderación oficialista se transforma en “impotencia” cuando el propio gobierno genera y luego defrauda expectativas.
Tras las PASO, la vicepresidenta profundiza esta línea al atribuir la derrota a “errores de gestión económica y política”, reabriendo públicamente la disputa interna.
Los éxitos iniciales frente al coronavirus quedan opacados por episodios que erosionan legitimidad —fiesta de Olivos, vacunación VIP— y por la situación judicial de la vicepresidenta, que debilita la autoridad simbólica del Ejecutivo.
En este marco, Martín Retamozo (2025) sostiene que el gobierno se estructura bajo un “doble comando”, con intervención decisiva de la vicepresidenta en áreas estratégicas, vetos y desplazamientos de funcionarios. Esto produce “opacidad institucional”, reglas inciertas y un Ejecutivo sin centro claro de decisión. La disputa interna paraliza y eclipsa la gestión, erosiona la confianza pública y convierte los shocks externos en una “crisis de gobernabilidad”, donde la fragmentación del poder impide sostener coherencia, previsibilidad y eficacia estatal.
Consecuencias
En un país castigado por crisis recurrentes, el fracaso del Frente de Todos profundiza la inestabilidad y acelera la ruptura del vínculo entre sociedad y sistema político. Ese quiebre de representación abre un vacío de autoridad que habilita discursos de ruptura. En ese contexto, un outsider que cuestiona todo lo actuado encuentra terreno fértil. La emergencia de Milei expresa un sistema que deja de organizar el futuro.
- Dr en Ciencia Política (UNC.CEA)






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