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A doce años del Imperio como “kilómetro cero” de Macri, hito sin repetición

La ciudad fue escenario de uno de los primeros movimientos políticos que proyectaron a Mauricio Macri hacia la Presidencia. Desde entonces, ningún candidato ni mandatario nacional logró reconstruir un vínculo similar con la Municipalidad, aunque cada etapa dejó su propia marca en la relación entre el Imperio y la Casa Rosada.
Provincial23 de junio de 2026Gabriel MarcléGabriel Marclé
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Macri inició su sociedad con la Municipalidad de Río Cuarto durante la intendencia de Juan Jure. Fue el nexo más fuerte entre el Mójica y la Rosada.

Aunque entre analistas persisten diferencias sobre cuándo y dónde comenzó exactamente la construcción política que convirtió a Córdoba en el principal bastión electoral de Mauricio Macri, allá por 2014, existe cierto consenso sobre el papel que jugó Río Cuarto en aquella historia. Hace doce años, el entonces jefe de Gobierno porteño encontró en el Imperio algo más que una escala de campaña: fue el escenario donde comenzó a tomar forma el lazo con una provincia que terminaría siendo decisiva para su llegada a la Casa Rosada.

En aquellos años, Macri encontró en los riocuartenses una versión a escala de lo que pretendía para su vínculo con la ciudadanía y los diferentes espacios políticos. También vio en el entonces intendente Juan Jure un aliado capaz de mostrar cómo imaginaba la articulación territorial, económica y política entre un eventual gobierno nacional y los municipios.

Como expedición de campaña, no fue una más. En Río Cuarto, Macri desplegó parte del diagnóstico económico que luego se convertiría en uno de los pilares de su campaña presidencial. Allí habló de un Estado agotado y advirtió que encontraría “un Banco Central pelado” si llegaba al Gobierno nacional. Era una narrativa que todavía estaba en construcción, pero que ya encontraba receptividad en una ciudad identificada con el sector productivo, el empresariado local y el discurso del cambio.

La sintonía con Jure completaba la escena. El radical transitaba los últimos años de su gestión municipal y se había convertido en uno de los dirigentes cordobeses más cercanos al proyecto que comenzaba a articular el PRO, como ejemplo que también contrastaba con el modelo del PJ cordobesista. Esa cercanía terminaría proyectándolo más allá del Palacio de Mójica: primero con una designación en el directorio del Banco Hipotecario y más adelante como cabeza de lista legislativa en la apuesta provincial que encabezó Mario Negri.

Aquella experiencia permitió que Río Cuarto se transformara en una especie de laboratorio político. La ciudad exhibía una combinación que para el macrismo resultaba ideal: afinidad con la gestión municipal, respaldo de sectores económicos y una ciudadanía receptiva al mensaje opositor que se consolidaba frente al kirchnerismo. La ciudad dejó de ser únicamente un polo productivo del sur cordobés para convertirse en un territorio de observación permanente para las campañas presidenciales. Desde entonces, cada visita de un candidato nacional quedó inevitablemente comparada con aquel antecedente de 2014.

Sin embargo, el experimento duró menos de lo esperado. Apenas un año después de la llegada de Macri a la Presidencia, la victoria de Juan Manuel Llamosas terminó con años de hegemonía radical en la ciudad y alteró la dinámica entre el Imperio y la Casa Rosada. El presidente seguía siendo Macri, pero la Municipalidad dejaba de ser una aliada política.

La llegada del peronismo al Palacio de Mójica inauguró una nueva etapa. Aunque la relación institucional se mantuvo, desapareció aquella sintonía política que había caracterizado los años previos. Macri siguió conservando una fortaleza electoral considerable en la ciudad, pero ya sin el acompañamiento de una administración local afín.

La era albertista

La siguiente experiencia presidencial tuvo características completamente distintas. En 2019, Alberto Fernández llegó a Río Cuarto cuando la campaña transitaba su tramo decisivo. Lo hizo con una fuerte actividad en la Universidad Nacional de Río Cuarto y con reuniones políticas que reflejaban un acercamiento cada vez mayor con el intendente Llamosas.

A diferencia de Macri, Fernández arribó intentando perforar una resistencia electoral histórica. Desde el escenario universitario habló de la necesidad de volver a poner dinero en el bolsillo de los argentinos y buscó tender puentes con una provincia que seguía mostrando fuertes reservas hacia el kirchnerismo. Fernández tuvo un interlocutor en el Palacio de Mójica, pero carecía del respaldo social que había conseguido Macri años antes. La sintonía existía de arriba hacia abajo, pero nunca de abajo hacia arriba.

Durante los primeros años de gestión nacional, Llamosas cultivó una relación cercana con el albertismo. De hecho, el presidente jugó públicamente por la reelección del mandatario riocuartense en 2021. Pero ese entendimiento comenzó a deteriorarse al ritmo de la caída de la imagen presidencial y de las dificultades económicas que atravesó el Gobierno nacional.

Cuando llegó el momento de definir pertenencias políticas, Llamosas fue fiel con Juan Schiaretti y tomó distancia de la Casa Rosada mientras Río Cuarto reforzaba una identidad cada vez más refractaria al kirchnerismo. Esto se sostuvo con Sergio Massa, que quiso ganarse a los riocuartenses con una foto junto a Llamosas de cara a la segunda vuelta, maniobra que tuvo un resultado negativo esperado.

El extraño caso Milei

La experiencia libertaria volvió a modificar el tablero. Javier Milei tampoco construyó una relación con la Municipalidad y ni siquiera necesitó hacerlo. Su crecimiento en Río Cuarto se produjo al margen de la política tradicional y sin los puentes institucionales que sí habían caracterizado el ascenso de Macri. Eso sí, con el apoyo de sectores empresariales, rurales y económicos de la ciudad. Pero primó el rechazo a los acuerdos tradicionales de la política.

En ese punto aparecen algunas similitudes con el fenómeno macrista. A fuerza del discurso del “cambio” y cierto carisma discursivo, tanto Macri como Milei lograron conectar con una parte importante del electorado riocuartense antes de llegar a la Presidencia. Pero existe una diferencia sustancial: Macri logró articular al mismo tiempo el respaldo ciudadano, el apoyo de sectores económicos y el acompañamiento del gobierno municipal. A Milei le bastó con los dos primeros.

Doce años después, ningún presidente volvió a combinar en Río Cuarto respaldo ciudadano, apoyo empresario y una Municipalidad políticamente alineada. Las administraciones nacionales cambiaron, también los intendentes y las mayorías electorales. Pero el esquema que comenzó a ensayarse en 2014 todavía no encontró reemplazo y tampoco aparecen figuras por fuera del cordobesismo capaces de articular un proyecto nacional junto al gobierno local. Tal vez eso refleje que Río Cuarto perdió la centralidad que alguna vez tuvo en la agenda política nacional y que hoy sólo recupera, parcialmente, cada vez que una elección municipal funciona como el primer gran termómetro electoral después de una presidencial.

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