
En el PJ agitan el fantasma de la interna (¡Quinteros a dedo no!)
Felipe Osman
El año que viene Hacemos Unidos pondrá sobre el paño el Centro Cívico y el Palacio 6 de Julio. Y aunque está muy claro que la primera, segunda y tercera prioridad será retener la Provincia, también se dará batalla en la ciudad. Lo que no está claro es quién será el campeón que el PJ pondrá a defender la corona. O, mejor aún, si siquiera será un campeón del PJ.
El verticalismo del partido mantiene abiertos todos los escenarios. De hecho, hoy es el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, el alfil que el gobernador parece posicionar para la Intendencia. Aunque no sin dolor de “los compañeros”.
El PJ Capital ya aceptó, en repetidas oportunidades, que el candidato venga importado del interior. Pasó con Martín Llaryora en 2019, y volvió a pasar con Daniel Passerini en 2023. Pero la prueba de fe que ahora podrían pedirle iría incluso más allá: militar la boleta de un extrapartidario.
(Una digresión: no de cualquier extrapartidario. De uno que viajó a Brasil a reunir pruebas para calzar una denuncia por corrupción que vinculara a la gestión de Juan Schiaretti con el escándalo de Odebrecht. “Sería un milagro que Odebrecht no haya pagado coimas en Córdoba”, supo decir el ministro, que ahora luce una renovada fe).
Al menos en el siglo XXI, el PJ jamás aceptó apuntalar la candidatura a intendente de un extrapartidario sin pasar por internas. De hecho, el último antecedente tuvo lugar en 1999, cuando Germán Kammerath, respaldado por José Manual de la Sota, derrotó a nada menos que Juan Schiaretti y Luis Juez en una interna de la alianza Unidos por Córdoba. Hasta ahí hay que desempolvar el archivo.
Ante la posibilidad de que un extrapartidario termine siendo el elegido por el gobernador -no solo Quinteros, sino también la vicegobernadora Myrian Prunotto se entusiasma con esa postulación-, distintos dirigentes del PJ han salido a plantear la idea de una interna.
Esta semana, el ministro de Vinculación Comunitaria y Gestión Institucional, Miguel Siciliano, pasó por Alfil AM y, ante la pregunta de si le entusiasmaba una hipotética candidatura de Quinteros o de Prunotto, preguntó si no iban a mencionarle como futurible a algún justicialista.
Antes, el presidente de la Agencia Córdoba Cultura, Marcelo Rodio, había declarado que estaría de acuerdo en que la candidatura a intendente se resolviera por una interna. Y mucho antes que Rodio, el secretario de Participación Ciudadana, Juan Domingo Viola, había expuesto la misma idea.
La historia reciente vuelve llamativo semejante fervor por las internas. Pero no debería sorprender.
Siciliano, cuatro años secretario de Gobierno de Llaryora, ahora ministro con amplias competencias para actuar políticamente en la ciudad, y otrora participe de otro espacio que también supo construir capacidad territorial en la capital, tiene estructura en todas las seccionales de Córdoba. Quizá a nadie mejor que a él le siente una interna.
Rodio, a otra escala, también es un dirigente con territorio y juego en las seccionales. Lo mismo cabe decir de Viola. Y Prunotto, sin eje en el PJ, también ha sabido desarrollar algún músculo territorial.
El interés por la interna no puede tener, entonces, otro propósito que limitar las chances de Quinteros. Que aún sin una estructura propia de la que presumir, apuesta por conseguir lo más determinante. Lo que en su momento tuvo Kammerath. La bendición del gobernador. Y quizá también la del intendente.


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