
La apuesta del círculo rojo por Milei y las condiciones para un candidato en Córdoba
Bettina Marengo
En el círculo rojo cordobés hay confianza en que el presidente Javier Milei logre, en los meses que faltan hasta las elecciones nacionales, transportar los buenos datos de la macroeconomía al metro cuadrado de los votantes, y con esa “fórmula virtuosa” obtener la reelección en octubre del 2027. Y algo más, del orden de lo ideológico: demostrar que las ideas de la ortodoxia económica que son “exitosas en todos los países donde se las aplica” están también condenadas al éxito en la Argentina. Mauricio Macri, del que la élite considera que “su tiempo ya pasó”, no pudo pasar aprobar el teorema.
Hay una cierta inquietud en la Bolsa de Comercio de Córdoba y alrededores, territorio del empresariado influyente, que si bien logran calmar los números del comercio exterior, la minería y la energía y las bondades del RIGI, más la desaceleración de la inflación, se incrementa con los ruidos de la política. Como casi todo el sistema político nacional, en el círculo rojo creen que el escándalo del jefe de Gabinete Manuel Adorni y su patrimonio inexplicable debería haberse cerrado hace tiempo con su renuncia, pero en general prima la idea de que la gente votará más por la economía que por la política. La condición es que Milei sostenga el nivel de exportaciones, el IPC a la baja y no modifique el régimen cambiario. Como contrapartida, debe ocuparse de las dos principales preocupaciones de la gente: el empleo y el ingreso, pero sin promocionar “artificialmente” el consumo.
En la primacía de la economía y la gestión por sobre la política coinciden con el gobierno provincial, donde aseguran que el impacto del femicidio de Agostina Vega entre los electores cordobeses no torcerá la buena imagen del Martín Llaryora gestor. Y por lo tanto, tiene que ser un obstáculo de cara a su reelección en las elecciones provinciales que serán en abril o mayo, cinco o seis meses antes que las presidenciales. Confían en el Panal en que un buen cuerpo acusatorio del fiscal Garzón, cuya imagen fue mejorando, según mediciones oficialistas, a medida que avanzó la investigación, y en la postura del intendente Daniel Passerini como el “señor del ordenamiento de la noche” (y de los naranjitas), deberían ser suficientes para poner las cosas en carril. El resto es la gestión, insisten.
El buen momento que significó para el Panal la caída de Milei en las encuestas parece haber pasado. La crema cordobesa observa la mejora de la imagen del “León” como un dato vinculado a su alianza con el elector anti K a prueba de Adornis. En el cordobesismo admiten que se detuvo la caída en el mismo momento que dejó de subir la inflación y la economía dio signos de vida. Como sea, la pregunta más importante para el oficialismo provincial es si esa mejora de Milei en las encuestas le permitirán imponer un candidato a gobernador en Córdoba y si al famoso círculo rojo le interesa eso o prefiere continuar con la tradición del peronismo cordobés, aún cuando se sintió más cómodo con Schiaretti que con el actual mandatario. El reconocimiento por la obra pública provincial ejecutada y en ejecución y el equilibrio fiscal que presume el sanfrancisqueño son dos puntos que los influyentes valoran explícitamente, pero el reclamo por una Córdoba alineada a los postulados mileistas está presente. “Tiene tiempo para hacerlo hasta las elecciones”, reclaman con una lógica que esconde un dato central. El “estado presente” que pondera el cordobesismo gobernante y que repelen los libertarios inyecta miles de millones de pesos en ayuda social, vía comedores en la ciudad de Córdoba, o con otros planes sociales: un verdadero “plan platita” no reconocido como tal sin el cual la reacción social a la motosierra hubiera sido otra, posiblemente no tan pacífica.
A favor de Llaryora, todo indica que el esquema opositor no tiene hoy un candidato que seduzca por sí mismo al círculo rojo, que entiende que un Milei fuerte el año que viene puede jugar en Córdoba “pese” a sus dirigentes. Hasta ahora, en lo local el candidato de la elite ha sido Juan Schiaretti. El caso de Gonzalo Roca, desconocido abogado que se llevó el 42% de los votos en la elección parlamentaria por el impulso de la marca libertaria, está presente aunque las limitaciones del ejemplo son obvias.Por las dudas, el oficialismo provincial no le pierde pisada a Gabriel Bornoroni, Luis Juez y Rodrigo de Loredo, a los que quiere ver como electrones de un átomo que no se juntan.
Axel Kicillof, el más mencionado de los candidatos presidenciales del peronismo nacional, no tiene ninguna chance de caer simpático en el sector más granado. Aunque le reconocen el valor personal de la honestidad, no así a su entorno, se pondera más la posible influencia de la ex presidenta Cristina Kirchner sobre el gobernador de Buenos Aires que que los esfuerzos de éste por diferenciarse de quien fue su mentora. “Impredecible”, califican. Cuando en enero pasado un Kicillof en malla y ojotas le confesó a unos dirigentes llaryoristas con los que coincidió casualmente en la costa argentina, que no sabía ni cómo empezar con Córdoba, tenía sus razones.


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