
El último lamento de Moreno
Yanina Soria
El abogado y ex concejal Ricardo Moreno decidió reaparecer públicamente con un solo objetivo: intentar limpiar su nombre.
Lo hizo en el living del programa El Show del Lagarto donde pudo explayarse sin interrupciones y dar cómodamente su punto de vista sobre el caso Barrelier, una bomba que terminó explotándole en la mano al peronismo cordobés. El femicidio de Agostina Vega exhibió la cara más áspera de la política oficialista en Córdoba desatando una crisis que golpeó con más fuerza en la gestión municipal, pero de la que el gobernador Martín Llaryora tampoco salió ileso.
Moreno no se sentó en la televisión para asumir ningún tipo de responsabilidad, reconocer alguna cercanía con Claudio Barrelier ni para pedir disculpas. Todo lo contrario. Fue un desahogo, le dijo al conductor durante la nota en la que por momentos se mostró al borde de las lágrimas. Una imagen que distó mucho de ese Moreno que fue visto hace algunos días en Miami, en el banderazo de Argentina previo partido con Cabo Verde.
El ex concejal encontró un argumento para cada momento de la cronología que lo ubicó, primero, como padrino político del femicida quien, a instancias de su recomendación, terminó siendo contratado de la Municipalidad de Córdoba. Luego, fue su defendido el año pasado cuando Barrelier terminó detenido por privación ilegítima de la libertad. También ensayó una respuesta para la defensa que su socio ejerció del acusado este mismo año durante los primeros días de búsqueda de Agostina, incluso, con Barrelier ya detenido. Si conformaron o no esas explicaciones, quedará a criterio de los cordobeses porque, judicialmente, al menos por ahora, no tiene que dar ningún tipo de explicación.
Si se quiere, en el plano de lo ético Moreno tampoco ejerció ningún tipo de autocrítica. En todo caso, aprovechó los minutos de aire para ubicarse como blanco de una “maquinaria maliciosa” que le causó “secuelas irreparables” por las que hoy está bajo tratamiento psicológico. Se definió como “un tipo” decente, honesto y buena persona, casi tan víctima en el sufrimiento que padece hoy como el que siente la familia de la niña que terminó desmembrada y desechada en bolsas de residuos en descampado de la ciudad de Córdoba. Así de absurdas sonaron sus palabras por momento.
Contó que a su esposa la señalan en el barrio cerrado donde viven como “la mujer del mafioso”, que no pueden salir a restoranes por la mirada acusatoria que le devuelven los cordobeses y que sus tres hijas atraviesan un mal momento. Una de ellas, la cantante, fue acusa de “ñoqui” municipal situación para la cual también tuvo una respuesta: Moreno explicó que durante la pandemia se les dio subsidios a algunas “banditas” musicales, entre ellas la de su hija, para mantenerse y tocar eventualmente en algunos actos institucionales. “El resto de las explicaciones la tiene que dar la Municipalidad, yo ya estoy totalmente desvinculado”, señaló.
El también referente de las 62 Organizaciones Peronistas de Córdoba habló de que todo esto fue “una puñalada en el corazón”, “no deseo que nadie pase lo que yo pasé”, “mi imagen fue demonizada”, algunas de las frases lanzadas. “Esto me ha dolido porque yo no he hecho nada. Después de 40 años de militancia, de prestigio en mi labor profesional…salió el Colegio de Abogados fuertemente a respaldar la postura en el ejercicio profesional mío. No tengo antecedentes penales alguno, y soportar tamaño bombardeo mediático transformando la imagen que había construido muy de abajo en una imagen de mafioso, de hampón, de tipo de la noche, de trata de blanca de narcotráfico, es algo muy doloroso. Muchos de adentro intervinieron, cuando me vieron en el suelo me pegaban patadas en vez de darme una mano para levantarme. Entonces, lo tengo que decir, esta perversidad que es el sistema de la política genera que, a esta altura de la vida, no tengo por qué hacerme mala sangre”.
Moreno le apuntó todo el tiempo al periodismo por haberse ensañado con su persona y por haber montado operaciones en su contra: “Me usaron de martillo para golpear la gestión del intendente y el gobernador”. Incluso, dejó trascender que un comunicador le pidió hace algunos días 15 mil dólares para dejar de hablar de él, y que hubo otros que también le pegaron pese a que les hizo muchos favores “cuando me necesitaron”. Avisó que a todos los que lo difamaron, los llevará a la Justicia.
Señaló que no volvió a hablar con el intendente Daniel Passerini desde que decidió renunciar en el Concejo y dio a entender que con el gobernador lo hará una vez que “baje la espuma”. Sin embargo, cuando se le preguntó si pensaba retirarse de la política, no fue categórico, dijo estar pensándolo.
Desde la gestión de Passerini dieron por terminado el asunto con Moreno cuando el intendente decidió que Raúl La Cava volviera a ocupar su banca en el Concejo. “El intendente está focalizado en temas de gestión ahora”, dijeron desde el Palacio 6 de Julio ayer.


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