
Chicas no tan angelicales
J.C. Maraddón
Una abrumadora mayoría de las series estadounidenses que poblaban las pantallas en blanco y negro hasta mediados de los años setenta estaba protagonizada por hombres y, por ende, se dirigía a una platea casi exclusivamente masculina. En consecuencia, para las mujeres se extendía la oferta de las telenovelas que en aquel entonces eran argentinas y solían emitirse por la tarde. Era una división tajante a la que se acoplaban los niños como terceros en discordia, en los horarios específicos de transmisión que estaban destinados a la teleplatea infantil, con dibujos animados y ciclos de entretenimientos para los más pequeños de la familia.
La tira bélica “Combate”, por ejemplo, no podía sino contar con un elenco varonil, ambientada como estaba en la Segunda Guerra Mundial. Ni qué hablar de westerns como “Bonanza” o “La ley del revólver”. En “El Gran Chaparral”, para poner un poco de ternura a la fiereza de los cowboys, solía dársele cierta importancia al rol de Victoria Cannon, interpretado por Linda Cristal, quien se desempeñaba como la joven esposa del patriarca. Otra Victoria, en este caso la viuda Brakley, había quedado a cargo del rancho en “Valle de pasiones”, la producción televisiva donde Barbara Stanwyck asumía el rol central, una excepción para la época.
Y si bien en las comedias de espionaje como “Los vengadores” o “Superagente 86” se lucían las duplas mixtas que animaban la acción, en ambas el personaje masculino era el predominante, al igual que en aquellas donde el trabajo era realizado de manera grupal, como en “Patrulla juvenil”, “Viaje a las estrellas” o “Misión imposible”. Los mandatos sociales que relegaban a la mujer a la tarea de “ama de casa” comenzaban a ser cuestionados en ese tiempo, pero esos cambios todavía no se traducían en los argumentos de estos contenidos que solían emitirse en el prime time nocturno de la programación.
Dúos memorables de actores quedaron inmortalizados en títulos como “Jim West”, “Starsky & Hutch”, “Las calles de San Francisco”, “CHiPs”, “El agente de C.I.P.O.L.” o la británica “Dos tipos audaces”. Y también abundaban detectives, espías, abogados y policías que actuaban en soledad, cuyas peripecias alimentaban los episodios de “Mannix”, “Kojak”, “El Santo”, “Baretta” o “Petrocelli”. Tal vez apenas hayan sido algunas sitcoms las que se permitieron protagónicos femeninos, como Lucille Ball en “Yo quiero a Lucy”, en tanto no podían faltar actrices en familias disfuncionales como las de “Los locos Addams” o “Los Beverly Ricos”, ni entre los náufragos de “La Isla de Gilligan”.
Un veterinario como Daktari, un aspirante a médico como Dr. Kildare o un experto neurocirujano como Ben Casey podían reclutar asistentes o enfermeras, pero eran ellos los responsables principales de cuidar la salud de los animales o de los seres humanos. Y en lo que refiere al rubro de los héroes, a Batman lo ayudaban Robin y Alfred, mientras que Gatúbela hacía uso y abuso de sus estrategias de seducción para mejorar su performance como villana. El Tarzán de la tele no confiaba más que en Jay y en la mona Chita, tal como Bernardo colaboraba con El Zorro y Toro con El Llanero Solitario.
Recién en 1975 adquiriría brillo propio una heroína, la Mujer Maravilla, encarnada por Lynda Carter a partir de una creación de DC Comics que apareció como historieta en los inicios de la década del cuarenta. No exenta de un ingenuo erotismo, ella iba a abrir la puerta a otras chicas superpoderosas, como lo fue la Mujer Biónica, con Lindsay Wagner como la joven que, tras sufrir un grave accidente durante un salto en paracaídas, es sometida a implantes cuyo efecto le otorga una fuerza superlativa y le permite correr a muy alta velocidad.
En 1976, casi en simultáneo con el lanzamiento de “La Mujer Biónica”, se iba a producir el estreno de “Los ángeles de Charlie”, donde un trío de detectives privadas lleva adelante misiones especiales que hasta ese momento estaban acotadas al personal masculino. Aunque respondan a la jefatura del enigmático Charlie, dueño de una agencia privada de investigaciones, las tres chicas correrán el riesgo de cumplir la tarea encomendada y será por entero de ellas el mérito de coronar con éxito su cometido. En su momento, sin evadir el tono sexista de la trama, la propuesta representó toda una novedad.
A cincuenta años de aquel debut, la entrega de los premios Emmy del pasado lunes reservó un segmento para rendir homenaje a “Los ángeles de Charlie”, con la presencia en el escenario de las intérpretes Jaclyn Smith, Kate Jackson y Cheryl Ladd, quienes recordaron a Farrah Fawcett, integrante de la tríada original que falleció en 2009. Si bien desde la perspectiva actual aquel producto no evitaba los clichés hegemónicos, su irrupción significó un viraje crucial con respecto a los seriales donde los hombres se reservaban el derecho a encabezar los repartos de los programas, cuyo rating alcanzaba cifras sorprendentes.







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