
Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
Las tres décadas expuestas de Fader
(Vigesimoquinta parte)
Armando Maffei describía en “Caras y Caretas” la casa de Fader y su encuentro con el pintor, impedido de manera prácticamente definitiva de continuar su reconocido oficio. Maffei venía de palpar la consagración de Fader en la gran retrospectiva del Palais de Glace. Ahora podía testimoniar la circunstancia real del hombre cuyas obras lo coronaban como un gigante de la pintura argentina.
“La casa de Fader es amplia, sin revoque por fuera. Los ladrillos armonizan con lo agreste del sitio. A primera vista se me ocurre como una fábrica, con la larga chimenea de su cocina, techo de cinc y elegante corte de estilo a su frente, abierta al exterior por varias ventanas.
Si no acusa elegancia refinada, ofrece en cambio la ventaja de su comodidad y expansión, en
Adentro de la casa, encuentra a Fader rodeado del cariño y el cuidado de su familia.
“Todos se mueven y andan, mujeres y niñas, grandes y chicos, como respondiendo al método de un colmenar.
Por dentro, a través de una pequeña habitación destinada a comedor, se llega al aposento
de Fader. Las paredes cubiertas de telas, algunas de grandes dimensiones, inconclusas las
más. ofreciendo los temas más variados: desnudos de mujer, autorretratos del pintor, pai-
sajes admirables, aves y pájaros, caballos y bueyes. (…) Por fin, estanterías con libros de estudio, de ciencia y de literatura, cacharros de alfarería, un hermoso piano de cola y frente al ventanal que da al oriente, sentado en un sillón de mimbre, el notable artista, que, súbitamente, al notarme, me tiende sus manos de amigo.
Su rostro se anima con una alegría contagiosa.
— Figúrese — me dice — lo grato de su visita, viniendo de tan lejos. (…)
El afecto mostrado en aquel recibimiento, para mí inolvidable, me dio ánimos. Hallé a Fader
Me presentó a su mujer y a sus hijos, entre ellos a Adelita, una agraciada chica, simpática y desenvuelta. Hacía casi un año que su padre no la veía. Estaba, como yo, de paseo y de visita.
Después sólo quedan acompañándole los muchachos, Raúl, el primogénito, y César, el menor.”
Maffei le pide a Fader posar para un retrato fotográfico. Tal vez el último que se le haría al pintor. Así definía el visitante la vestimenta de Fader que quedaba reflejada en la fotografía:
“Un gorro de lana tapa su cabeza, de frente despejada pero rugosa. La echarpe, tejida también
a mano, le cubre las espaldas. Calza polainas y viste un traje correcto. Hay en él, como lo hubo
siempre, un aire de distinción, de severidad a veces que se trueca fácilmente en afable, cuando se cansa de estar serio.”
Antes de despedirse, el periodista logra el entusiasmo de Fader en la conversación:
“Quería saber algo acerca de su vida actual. Fader como un chico contento y expansivo dejóse llevar por el entusiasmo de su confortación superior, en su ejemplar alejamiento, después de
Todo lo plantado sobre el suelo pedregoso exigió su labor manual. Desde el edificio que le servía de nido hasta los árboles que le ofrecían su sombra y le brindaban su fruto. Marcó la evolución sobre lo raquítico o lo árido de antes. A excepción de un nogal centenario, testigo de la transformación sucesiva que da carácter al parque, no había nada que no emanara de su entendimiento y de su iniciativa.”








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