Esperando el viernes, y a Hilda Herrera

Este viernes la maestra del folklore argentino en piano ofrecerá un concierto en la Facultad de Ciencias Exactas. Hilda (Capilla del Monte, 1932) representa lo mejor de la música popular y ha enriquecido la tradición criolla como interprete y compositora. 
Cultura15 de septiembre de 2026Gabriel ÁbalosGabriel Ábalos

Foto-Hilda-Herrera

Esta semana acontece un hecho de carácter cósmico, para decir estrictamente la verdad. El viernes a las 20, el cosmos fija su ojo, si lo tiene, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas (Vélez Sarsfield 299), en la ciudad de Córdoba, Argentina, Sudamérica, etc. Viene a tocar a esta capital Hilda Herrera, la más grande pianista del folklore argentino, con 93 años que tiene. Decir Hilda Herrera es como seguir con las yemas de los dedos un nombre escrito en relieve por un dios en la música popular argentina. ¿Creen que exagero? No me parece. 

Robo esto de Wikipedia: “En Córdoba capital fue pupila en el colegio secundario Veinticinco de Mayo, de las monjas escolapias. Allí las monjas le permitían tocar el piano. A los 19 años de edad (en 1952) conoció a Atahualpa Yupanqui.”

Pero, hartos de la inteligencia ajena, le damos ahora la palabra y la voz a Hilda, hasta que el cosmos consiga entradas para el viernes; el lugar no es inmenso, pero es precioso y allí habrá un piano Ibach afinado por Miguel Puch, todos datos como para que el cosmos se eche gotas en el ojo y empiece a practicar la dirección correcta de la mirada. Todos sabemos que es un hecho histórico. Esto nos cuenta Hilda:

“Toda mi formación musical fue en Capilla del Monte. Yo tuve una sola maestra desde los 5 hasta los 13 años, en que tuve que ir a vivir a Córdoba porque no había escuela secundaria en Capilla del Monte. Entonces, yo toda mi la escuela primaria la hice juntamente con mi maestra, la señorita Dolly, que fue una gran maestra de Buenos Aires, que se había ido a vivir a Capilla del Monte, porque en esa época había mucha gente con tuberculosis y su esposo estuvo ahí en el Hospital Santa María, donde llevaban a la gente a ver si la podían salvar. Y sobrevivió a la tuberculosis, pero le dijeron que tenía que quedarse en las sierras. Ella había estudiado en Buenos Aires.

Pero todo el trabajo que hice con ella fue únicamente hasta los 13, 14 años más o menos. Fue con ella y únicamente en música clásica, porque no me permitía tocar lo que yo tocaba, lo que mi mamá cantaba, es decir rancheras, tangos y demás. Pero eso con ella no, estaba prohibido. Esa fue mi formación, la única que tuve musicalmente en serio, desde los 5 hasta que entré a la escuela secundaria, que fue en Córdoba y, por supuesto, pupila en las escolapias, a donde hice los 6 años de del bachillerato y de magisterio. Y de ahí en más, todo lo que yo estudié de música fue en forma absolutamente autodidacta.”

En el bachillerato ya Hilda empezó a entender desde dentro el alma de las canciones, porque allí mismo se hizo compositora:

“Yo componía desde la escuela secundaria, cuando estaba de pupila. Hacía boleros, las chicas me daban letras de cosas propias de adolescentes románticas, para que les ponga música, porque estaban enamoradas de fulanito. Y siempre, para mí, trabajar sobre una letra, sobre unas palabras, me fascinó.”

En el arsenal de canciones folklóricas que ha legado Hilda Herrera al imaginario musical argentino, son casi todas delicatessen. Hay que volver a oír, o descubrir las zambas con letra de Antonio Nella Castro, la extraordinaria “La diablera”, o esa otra de Nella, con que la voz joven de Mercedes nos abría heridas a fines de los sesenta: “Zamba del chaguanco”. Son apenas ejemplos, pero clavados en el alma. Sigue contándonos Hilda:

“Además, me fascinó más a medida que yo fui creciendo, musicalmente hablando, y tengo una tremenda admiración por Schubert, y pienso que en la música popular la palabra es predominante. Entonces, tuve la gran fortuna de que a Nella Castro le interesó escucharme casualmente, yo tenía 20 años y tocaba cosas que había compuesto, pero sin letra. Y él fue el que me preguntó si podía ponerle letra a una zamba mía que yo había hecho.

Siempre tuve una debilidad, una admiración y una locura por la zamba.”

Y qué decir de creaciones como la que encaró con Margarita Durán, la recia zamba “El Fiero”, también cantada por Mercedes. O la colaboración de ambas, paisanas de Capilla del Monte, que se unieron para crear una obra poética musical dedicada a las mujeres argentinas anónimas y silenciadas por los textos, que fueron parte de la construcción de la patria: “Romance de aquella porteña”, música de Hilda Herrera y poesía de Margarita Durán, de 1972.

Sin embargo, con vistas a este viernes 18, y con todo el amor puesto por Hilda en la composición musical, para la que siempre tuvo enorme talento, ella se sintió más valorada en su carrera por sus canciones que por su labor como pianista. En un mundo musical machista, mientras labraba su carrera en el ambiente, muchos le negaron a Hilda su extraordinario logro de intérprete. Repito, en lo personal -y no estoy solo-, qué imperdonable no reconocerla, cuando hace mucho ha demostrado ser la mejor pianista del folklore argentino.

“El único que a mí me tomó en serio realmente fue Yupanqui. Él creyó en lo que yo hacía, y le debo mucho en eso a Yupanqui. Sin haberme dado una clase nunca, de nada, por haber compartido con él la música, haber charlado tanto, habernos encontrado tantas veces, es y para mí fue el gran maestro.

Lo que yo hacía en el piano con el folklore, para muchos, era demasiado -esta palabra parece tonta, pero era así- demasiado clásico, porque me iba del asunto de la raíz. Aliento sobre cómo yo tocaba en piano el folklore, no recibí, excepto de muy pocos: Remo Pignoni, fue uno de ellos. Chani Inchausti fue también, como que ellos eran pianistas. Pero los demás me respetaron como compositora, más que nada. Y los cantantes, en general a través más de las letras, que por mi música.”

Entrada general: $15000. Anticipadas en Rubén Libros (Deán Funes 163, Local 1). Online por Alpogo, en puerta desde las 19.

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