La nueva grieta

Los cambios sociales marcan que hay transformaciones que no pueden ser abarcadas por las categorías o consignas previas

Nacional 15 de febrero de 2024 Javier Boher Javier Boher
2024-02-14-cristina-milei

Por Javier Boher
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Desde hace un tiempo hay una guerra silenciosa que se pelea con distintos sondeos y encuestas. La pelea gira en torno al fenómeno Milei, que ha roto los moldes de la política nacional. Algunos creen ver el nacimiento de una nueva grieta, un nuevo parteaguas para reordenar la sociedad. Otros ven un fenómeno pasajero, una moda que será deglutida por las viejas formas que se resisten a morir.
Como pasa con todo lo referido a lo social, el fenómeno es complejo y se desenvuelve en capas. No se puede poner en la misma bolsa a un varón de 60, que a una mujer de 40, a un universitario o a un trabajador rural. Todos son diferentes y se posicionan de distinto modo ante estos cambios.
A grandes rasgos, hay una franja de gente que cree en las categorías vigentes hasta el kirchnerismo. Son más estatistas que promercado, consideran que el radicalismo es un partido político popular y que el peronismo es inherentemente bueno, pero con eventuales malas expresiones. Estamos hablando de gente de más de 30 años, que armó su visión del mundo atada a la de las generaciones anteriores.
Los menores de esa edad se han valido de la experiencia previa, pero de otro modo: padres y abuelos fueron sistemáticamente empobrecidos por militares, radicales, menemistas y kirchneristas. Mirar 50 años para atrás es ver una secuencia de errores que nunca se corta, que empieza con un puñado de pobres y llega a la mitad de la población no llegando a fin de mes.
Si el peronismo como movimiento transversal ha muerto, eso se sabrá con el tiempo. Lo que queda claro es que la fragmentación actual ha empujado a algunos de sus elementos a los extremos del espectro ideológico, cada vez con menos referencias a Perón o a Evita, hoy objetos de consumo de clases medias acomodadas afectadas de pobrismo aspiracional. 
Está tan roto el imaginario doctrinario peronista que en algunas encuestas salió un dato que lo refleja con claridad. Cuando la gente contesta que está a favor de la justicia social, el encuestador se va convencido de que el mensaje peronista está llegando. Cuando se indaga un poco más, con otro tipo de estudios, sale a la luz que lo que entienden por la expresión es revancha, puebladas, linchamientos y cosas por el estilo. Barbarie antes que comunidad organizada.
Hay una brecha muy grande entre lo que ven los políticos y lo que vive la gente. Recuerdo una vieja nota en La Voz en la que el cronista recorría el camino que hacía Daniel Giacomino desde su casa hasta la Muni. Sin baches, iluminado, parquizado e impecable, en fuerte contraste con los géiseres cloacales que había en la ciudad, los cráteres en todas las arterias y el abandono general que sufrían los vecinos.
Hoy hay políticos que parecen aquel Giacomino, disfrutando de las ventajas del cargo o desviando recursos estatales en su beneficio, mientras el resto de la gente mira todo "con la ñata contra el vidrio". Esos mismos políticos (funcionarios o no, oficialistas u opositores) se reactivan con consignas según la ocasión, hablando de cosas que no representan el sentir real de la gente común.
Los gremios docentes, por ejemplo, en pie de lucha por la paritaria nacional docente o el no pago del FONID. Hace 30 años que la educación es provincial y nadie hizo nada para mejorar los ingresos. Hoy están todos con ganas de marchar, en defensa de los derechos y demás consignas. ¿Cuántos padres de escuelas públicas saben lo que es tener un sindicato que los defienda?¿a cuántos perjudica el paro?¿cuántos están de acuerdo con que ya estén anunciando que no va a haber clases? Esas son las cosas que caen en la nueva grieta y que algunos no quieren ver.
Se murió un hombre de 21 años por robar cables y salen a hablar de la miseria del gobierno actual, a pesar de que el muerto había vivido ¾ partes de su vida bajo kirchnerismo. Sale a llorar uno de sus profesores, que bastante mal hizo las cosas si lo convenció de que era una víctima y que robar estaba bien, en lugar de hacerle ver que la dignidad de una persona no se compra con plata del Estado ni apoyando ciegamente a un político o partido.
Ayer la ministra Bullrich denunció una red de trata de personas en el Chaco. La particularidad es que se trataba de funcionarios públicos que usaban planes sociales para extorsionar y aprovecharse de mujeres de bajos recursos. Es una aberración que lleva más de una década desde las primeras denuncias, en una provincia que estuvo gobernada por alguien que supo sonar como un presidenciable moderado. En la misma conferencia habló de una organización social que movilizaba pacientes oncológicos a actos partidarios, bajo amenaza de dejarlos sin sus remedios en el caso de negarse. ¿Qué grieta explica eso?.
Hoy hay gente que habla de los planes como la panacea de la inclusión, de la educación pública como vara igualadora y de la salud pública como garantía de una vida de calidad. Sobre esas consignas se suben a una lucha que no le llega a la mujer explotada sexualmente por un plan, al padre cuyo hijo los docentes dejan sin clases porque se pliegan a gremios kirchneristas que esperan a que les bajen línea del Instituto Patria, o al enfermo que tiene que ir a las 4 de la mañana para ver si un par de gordos vagos le dan un turno en un hospital. 
Todas esas experiencias caen en una nueva grieta que no se puede explicar desde las viejas categorías, mucho menos llegar con consignas bobas. Quienes prosperaron durante el antiguo régimen se resisten a ver que hay un cambio, no solo por motivaciones pecuniarias, sino porque uno necesita aferrarse a lo que cree para tener seguridad. Ojalá alguien supiera por dónde se trazará la nueva línea, pero es imposible. La fluidez de las identidades y la magnitud de los problemas nos lo harán muy difícil.
 

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