Villarruel quiere ser presidenta

La entrevista que concedió la vicepresidenta la semana pasada deja bien en claro cuáles son sus aspiraciones políticas

Nacional 26 de marzo de 2024 Javier Boher Javier Boher
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Por Javier Boher
La semana pasada marcó bastante revuelo con dos cuestiones importantes para la actualidad y el futuro del gobierno. Por un lado, la entrevista que la vicepresidenta, Victoria Villarruel, le concedió a Jonathan Viale. Por el otro, la nominación del juez Ariel Lijo para integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ambos hechos revelan un problema estructural claro en el gobierno: aunque Milei sea el centro de todas las cosas, todo lo que orbita a su alrededor siempre está cerca de colisionar.
La entrevista dejó mucho más claro algo que se puede entrever desde hace tiempo: Villarruel quiere llegar a la presidencia, para lo cual está cincelando una carrera política independiente al derrotero del presidente. La historia argentina nos muestra un amplio abanico de relaciones entre ambos miembros del ejecutivo nacional, donde la mayoría de las veces no prevaleció la cordialidad, especialmente cuando los vicepresidentes empezaron a pensar en la presidencia. Duhalde y Menem, Chacho Álvarez y De la Rúa, Cristina y Alberto representan a ese grupo de aspirantes a la presidencia desde la titularidad del Senado. Cada uno a su modo condicionó al presidente, con más o menos éxito posterior. Otros fueron obedientes y evitaron el conflicto, como Martínez con Alfonsín, Ruckauf con Menem, Scioli con Néstor o Michetti con Macri. Hay un tercer grupo de mala relación sin aspiraciones posteriores, el de Cobos y Boudou con Cristina.
Villarruel todavía no se ha posicionado en ningún grupo. No contradice al presidente abiertamente, pero se mantiene independiente para decidir ciertas cuestiones, como lo fueron la designación de las autoridades del Senado o el tratamiento del mega DNU. No choca, pero tampoco deja que se la lleven puesta. 
En la entrevista se pudo ver la tensión entre las mujeres del presidente, Villarruel y Karina, la hermana del jefe de Estado. Tal vez sus agendas y estrategias son distintas, lo que va acumulando pequeñas rupturas hacia adelante. 
Algunos aseguran que "El Jefe", como llaman a Karina, pretende encabezar la boleta bonaerense de diputados nacionales el año que viene, tratando de posicionarse como una eventual sucesora de su hermano en la presidencia. No la tiene tan fácil ante una Villarruel que demuestra solidez al enfrentarse a otros políticos (como quedó en evidencia al humillar a Rossi en el debate entre candidatos a vicepresidente en TN) y un cierto carisma (no simpatía) con el que logra conectar con la gente. Si Milei intenta transmitir la imagen de la recuperación económica, Villarruel busca comunicar la idea de orden.
La nominación del juez Lijo para la Corte Suprema expuso que Milei no tiene muchos problemas con la casta. En realidad, puede ser algo que sospechábamos desde hace un tiempo: al presidente sólo le importa la economía y ha tercerizado las demás áreas del gobierno. Nadie que haya abierto los diarios en los últimos 15 años puede ignorar el papel central de Lijo en el descrédito de la justicia argentina y en la impunidad por los casos de corrupción no resueltos.
La postulación de Lijo es un problema para el gobierno, que no controla la justicia y no tiene vínculos fluidos con la misma. Molestar al máximo tribunal en un contexto de hiperjudicialización de la política no parece ser una jugada inteligente, pero hasta ahora vienen jugando de manera contraintuitiva y Milei sigue construyendo una autoridad que nadie imaginaba posible hace tres meses.
Hay muchas conjeturas respecto a la nominación, que van desde la anterior prescindencia de Milei en todo tema que no sea económico, hasta la idea de que quiere pactar impunidad con Cristina para imponer ciertas reformas o que se está preparando para su propia impunidad. Tal vez no se pueda descartar otra más, que es una forma de exponer a la vice, que se debería poner al frente de militar el pliego en el Senado para conseguir la aprobación. El entorno más cerrado del presidente es una máquina de arrojar pruebas y desafíos al resto de los miembros del gobierno, generando la idea de que cualquiera puede caer en desgracia en cualquier momento. Ante la evidencia concreta de que Villarruel está decidida a ser presidenta, no se puede desestimar que estén tratando de frenarla de algún modo.
Todavía no se sabe cómo va a evolucionar la relación entre los dos términos del ejecutivo nacional. ¿Tensionará Villarruel para hacer su camino por fuera del gobierno, o buscará ser la sucesora de Milei de una manera más armónica?¿Veremos una fórmula nueva en 2027, con la venia del presidente, o esperará a 2031? Todo eso está por verse.
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