La versatilidad de una letra
J.C. Maraddón
El cantautor cubano Joseíto Fernández tenía apenas veinte años cuando en 1928 compuso una guajira que se titulaba “Guantanamera”, mucho antes de que la región de Guantánamo se hiciera conocida mundialmente por la prisión estadounidense de máxima seguridad que funciona allí. Aunque a partir de los años sesenta ese tema musical cobró trascendencia internacional a partir de la versión que hizo el cantante de protesta Pete Seeger, en un primer momento esa pieza era una más del repertorio de lo que unos cien años atrás gozaba de popularidad en una isla que por entonces orbitaba en torno a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
El destino de “Guantanamera” viró hacia otra dirección cuando Fernández fue impulsado a incursionar en la radiofonía, algo que era habitual entre los músicos de aquella época, que solían actuar en vivo en los programas más escuchados para llegar así al conocimiento del público. Su estribillo pegadizo era muy fácil de recordar para corearlo, a tal extremo que muy pocos le prestaban atención a lo que decía el resto de las estrofas. Este detalle fue el que finalmente posibilitó ir acomodando el contenido a las circunstancias, no sólo a su autor sino también a otros que se propusieron interpretarla.
A partir de 1943 y a lo largo de 14 años, Joseíto Fernández se volvió un clásico de la radio en Cuba, al introducir en “Guantanamera” el relato de las noticias del día, respetando las décimas de los versos originales y hasta a veces sentando opinión acerca de los acontecimientos que se estaban enumerando. Para que no se perdiera el encanto, al finalizar cada historia resurgía el “guantanamera, guajira guantanamera” que coronaba lo dicho y que recomponía la raíz musical de ese hallazgo sonoro, tan permeable que hasta daba pie a una improvisación según las necesidades de la ocasión.
Tras la Revolución Cubana, se empezó a difundir una adaptación de “Guantanamera” a la que Julián Orbón, un músico español que residía en La Habana, le había incorporado un poema de José Martí en el que se exaltaba el nacionalismo y el sentimiento patriótico de Cuba. Esa versatilidad en la lírica de la canción llevó a que el cantante cubano Héctor Angulo la entonara en un viaje a Estados Unidos. Es allí donde llega a oídos de Pete Seeger, quien terminó grabándola en un gesto de simpatía hacia la revolución y poniendo el acento en frases como: “Con los pobres de la tierra/ quiero yo mi suerte echar”.
Así como Joseíto Fernández la modificaba de acuerdo a sus conveniencias, “Guantanamera” ha sido objeto de transformaciones a lo largo de los años, que la llevaron a acompañar las más diversas intenciones. Por ejemplo, ha sido reconvertida en las tribunas del fútbol inglés y en una campaña de reciclaje en Suecia, lo que da una idea de la universalidad de su llegada, a pesar de que hasta en su mismo nombre alude a un gentilicio y más allá de que se ancla en los ritmos autóctonos de la guajira y el son.
Su esencia permeable es la que la ha traído hasta la realidad argentina de estos días, donde se ha viralizado como “Alta coimera”, en consonancia con su pasado como vehículo de la narración de los sucesos de actualidad. Tal vez sin saber que lo que hacía era retomar una práctica que estaba en la genealogía de “Guantanamera”, la tucumana María Paula Godoy (después de haberla pegado con su reversión de “La maza” de Silvio Rodríguez) realizó una adecuación criolla del hit de Joseíto Fernández que, tras ser reproducida en un programa de streaming, accedió a una difusión imparable.