Cultura Por: J.C. Maraddón13 de febrero de 2026

En el reino de la diversidad

Como otras tantas celebraciones que se han ido incorporando al calendario de la ciudad de Córdoba, el próximo lunes se realizará la quinta edición del Carnaval de Jazz, que organiza el municipio local, con la participación de exponentes de ese estilo musical, en un desfile que arrancará a las 18.30 desde barrio Güemes.
 

 J.C. Maraddón

 La pureza racial anglosajona que pareciera reclamar para los Estados Unidos Donald Trump, con un énfasis que recuerda cruentas cruzadas similares en la Europa del siglo veinte, entra directamente en contradicción con la historia de aquel país del norte, cuya extensa superficie ha sido habitada desde tiempos remotos por pueblos de diferente linaje. Es evidente que el circunstancial habitante de la Casa Blanca prefiere seleccionar entre aquellos ancestros, los que más le convienen a su prédica, dejando a un lado al resto, un conglomerado en el que aparecen culturas varias, algunas de ellas muy alejadas del prototipo imaginado por Trump.

Más allá de la subsistencia de las comunidades originarias, en la evolución de la sociedad estadounidense afloran al menos dos presencias fundamentales que son exógenas a la estereotipada perspectiva del actual presidente y que disputan el predominio a la herencia británica. Por un lado, la raíz hispana, que se remonta a los tiempos de la conquista y que luego fue acentuada por la migración producida desde México y el Caribe. Y, por otra parte, el legado africano, venido con los esclavos que llegaron en un primer momento para la explotación de los algodonales, sobre todo en la región sur del territorio.

Allí fue, precisamente, donde tuvo lugar una mixtura de proyecciones insospechadas, porque esa era la zona reclamada por la corona francesa, cuyos exploradores habían sentado sus bases con epicentro en el Delta del Misisipi. No en vano a este enclave se lo denominó Louisiana, en honor al rey Luis XIV, quien fuera el encargado de enviar las expediciones que tomaron posesión del lugar. Luego de sucesivos pases de manos entre Francia y España, Louisiana fue vendida por Napoleón a los nacientes Estados Unidos, y se transformó en uno de los motores de la entonces pujante industria del algodón.

Para que esto ocurriera, se requirió la asistencia de grandes contingentes de esclavos de África Occidental, que con su arribo terminaron de conformar un collage de razas con características únicas. En esa paleta multirracial se explica que haya sido la ciudad de Nueva Orleans (y su área cercana), la cuna de géneros como el jazz y el rocanrol, paradigmas de la música internacional del siglo veinte. Y también de allí proviene una tradición de festejos carnavalescos en la que se mezclan componentes franceses, hispanos y africanos, que confluyen en una ceremonia donde se superponen los rituales religiosos y del paganismo.

Entre los carnavales más famosos del globo, reluce el del Mardi Gras de Nueva Orleans, donde el día previo al miércoles de ceniza se festeja a lo grande la última posibilidad de ingerir comidas ricas en grasas, antes del ayuno que impone el culto cristiano durante la cuaresma. Aunque su inicio remite a costumbres medievales de Francia, este ritual se enriqueció con las influencias de los otros inmigrantes, hasta conformar una conjunción de desfiles, bailes de disfraces, procesiones y espectáculos musicales, que desde hace ya algunas décadas constituyen un atractivo turístico capaz de convocar a visitantes de todo el planeta.

Como otras tantas celebraciones que se han ido incorporando al calendario de la ciudad de Córdoba, el próximo lunes se realizará la quinta edición del Carnaval de Jazz, que organiza el municipio cordobés, con la participación de exponentes locales de ese estilo musical. Una caravana que arrancará a las 18.30 desde el local de La Cova del Drac en barrio Güemes, y llegará alrededor de las 20 a la explanada del Palacio Municipal, donde se sucederán las actuaciones de los artistas invitados. La diversidad, como resultado de una globalización irresistible, promueve acercarse a festividades tan lejanas, con sólo desplazarse unas pocas cuadras.

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