Cultura Por: Víctor Ramés03 de junio de 2026

Caras y Caretas Cordobesas

Alrededor de veinte eran los pilotos que se alternaban en los triunfos del año 24. Eduardo Luro era uno de los iniciados más recientes cuando venció en el Gran Premio de Córdoba. En el horizonte, la esperanza del circuito cordobés volvía a asomar a comienzos de 1925.

La última carrera de Eduardo Luro (Segunda parte)

La misma pandilla de pilotos argentinos se encontraba, se rearmaba en las carreras adonde sus habilidades eran convocadas. Se conocían entre ellos, hasta existían grandes amistades e incluso parentescos entre sí, pero nada de esto obstaba para la tenacidad con que competían sobre ruedas unos contra otros.  Sus nombres aparecían enumerados cuando algún premio los reunía. Constituían una misma generación, se le puede llamar pionera, y existía la suficiente actividad como para juntarlos en torno a su pasión de juventud. Un diario de Santa Fe de junio de 1924 daba información sobre el circuito automovilista de La Plata, “importante prueba que reunió a 17 de los mejores volantes argentinos”. Esos eran ellos, y algunos se destacaban sobre la mayoría. Como ejemplo, –vale volver al Gran Premio de Córdoba 1924– Caras y Caretas destacaba el “arrojo similar de que han hecho gala los triunfadores. Eduardo Luro, Eduardo Carú, Ernesto Blanco y Ernesto Zanardi, clasificados en este orden, han sido los héroes de esta jornada”. No eran los únicos. Sin ir más lejos, en el mencionado circuito de La Plata los ganadores fueron otros los referentes: llegó primero Tomasito Duggan, segundo Víctor Molina y, al parecer, a Eduardo Luro se le empacó su Packard. El diario santafecino mencionaba a los volantes que dijeron presente en la carrera de La Plata: Osvaldo Onetto, Bernardo Duggan, Víctor Molina, Carlos Salvo, Ernesto Zanardi, Fernando Dutill, Antonio Gaudino, Jorge Luro, Eduardo Luro, Mariano de la Puente, Rodolfo Grola, Fernando Nery, Samuel, Dorrego, Rodolfo Tettamantti, Tomás Duggan y Joel Ayala. Bernardo y Tomás Duggan eran hermanos, como también lo eran Eduardo Luro y Jorge Luro.

Otra cosa que compartían entre ellos, los Duggan y los Luro, era la aviación. Jorge Luro frecuentaba el círculo de una generación de precursores de la aeronáutica argentina entre ellos Eduardo Olivero, Jorge Bosch y Guillermo Hillcoat, que eran noticia por esos años veinte. En cuanto a Eduardo, se sabe por el diario Crítica del martes 30 de diciembre de 1924, que se contaba entre los nuevos cuarenta y tres pilotos que recibieron sus brevets otorgados por la Federación Aeronáutica Internacional. Un colaborador de la revista El Gráfico, ya en 1946, evocando la época de mediados de los años veinte recordaba que el brevet de piloto aviador de Bernardo Duggan tenía apenas dos números de diferencia con el de Eduardito Luro.

Sin duda el gran triunfo de Eduardo Luro fue el Gran Premio de Córdoba. Por esa victoria la revista El Gráfico de mayo de 1924 le dedicaba su tapa, un estupendo retrato debajo del cual se podía leer: “Eduardo Luro - Joven volante de reciente iniciación que acaba de ganar el Gran Premio Córdoba 1924, compitiendo con prestigiosos automovilistas.”

Y al correr de varias contiendas se fue terminando el año 24. En noviembre se hizo el circuito de Bahía Blanca, un terreno indomable en el que -según informaba el periodista Mario Minervino en un diario bahiense, un siglo después- “Pérez Irigoyen se fue contra un alambrado y volcó. Tomás Duggan rompió el embrague, Evencio López la punta de eje, Mancini destrozó cinco tornillos de una rueda, Dotta y Bernardo Duggan tuvieron desperfectos en la dirección y Luro rompió el radiador, aunque logró establecer el récord de vuelta antes de retirarse.” Y el 20 de noviembre se corrió 20 la carrera automovilística Circuito Carrasco, en el Uruguay.

El año 1925 se tendía ante los inquietos pilotos: un nuevo ciclo, una temporada por inaugurar, nuevos desafíos por vencer. Ya casi se calzaban los guantes para una de las citas más codiciadas: el Segundo Gran Premio de Córdoba, que se concretaría en el mes de abril.

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