Cultura Por: J.C. Maraddón14 de julio de 2026

Sin lugar para las quejas

Si bien se asegura que el show en el entretiempo de la final tomará apenas 11 minutos, cuesta entender cómo se las arreglarán para que en su transcurso dispongan de un lapso suficiente para mostrar lo suyo figuras del pop global, como Madonna, BTS, Shakira y Justin Bieber.

Por muchas novedades que hayan aportado los últimos mundiales, el que desde hoy atraviesa la ronda semifinal será recordado como uno de los más innovadores de la historia, con todo lo positivo y todo lo negativo que implica esa condición. Lo que se encuentra fuera de toda polémica es la sensación de que asistimos a la definitiva incorporación del fútbol a la rama de la industria del espectáculo, con la que se ha integrado como si desde hace tiempo formaran parte de la misma estructura de negocios, algo que, visto en perspectiva, no está demasiado lejos de la realidad.

La andanada de modificaciones que se han establecido sobre ciertas reglas de juego, que se escuda en la motivación de agilizar el trámite de los partidos, en verdad aparenta más bien propiciar que los espectadores no se aburran ante situaciones que crean momentos insulsos, como las demoras por parte de jugadores que especulan con el resultado. Y la verificación inmediata de las faltas por la vía de las herramientas tecnológicas, parece hecha a la medida de las casas de apuestas online, que necesitan anclar los fallos en razones que vayan más allá del discernimiento humano por parte de los árbitros.

La que impone las pausas de hidratación, es otra flamante iniciativa que en su fundamento cita la necesidad de que los deportistas se tomen un descanso para ingerir líquidos que mejoren su rendimiento y protejan su salud. Lo cierto es que a lo largo de esos tres minutos, quienes observan el match por televisión son sometidos a una intensa tanda publicitaria, sospechada de constituir el auténtico motivo para un intervalo que muchas veces asoma como innecesario. Que el público abucheara en los estadios estas interrupciones, es un indicador de lo absurda que resulta la medida para la mayoría de la afición futbolera.

Todo lleva a pensar que en esta Copa del Mundo, aquello que antes se implementaba de modo velado ahora se lleva a cabo sin anestesia. Y muchos de los cracks se han prestado gustosos a este nuevo paradigma, como lo demuestra su recurrente presencia en las campañas de productos comerciales que los tienen como modelos. La tibia resistencia a este viraje está lejos de inquietar a los responsables de las grandes decisiones, dispuestos como se los ve a llegar hasta las últimas consecuencias en su cometido, como lo prueba la autorización otorgada a un delantero estadounidense para evitar una sanción por haber sido expulsado.

Este exabrupto, que apenas si desató alguna que otra repulsa, tal vez quede en el olvido. Pero lo que seguramente va a ser rememorado según pasen los años, será el espectáculo de medio tiempo que se desarrollará durante la final del próximo domingo, en un calco de lo que sucede en el denominado Superbowl del fútbol americano, donde las mayores estrellas de la música internacional protagonizan una actuación rodeada de una pompa descomunal. La idea de replicar eso en lo que ellos llaman “soccer”, solo pudo haberse materializado en los Estados Unidos, la sede exclusiva de las instancias decisivas del torneo.

Si bien se asegura que ese show tomará apenas 11 minutos de principio a fin, cuesta entender cómo se las arreglarán para que en su transcurso disponga de un lapso suficiente para mostrar lo suyo una tríada de figuras del pop global, como Madonna, BTS y Shakira, a la que en los últimos días se ha sumado la participación de Justin Bieber. Como si esto no fuera suficiente, se promete también que aparecerán allí Burna Boy, la Filarmónica de Nueva York con la batuta de Gustavo Dudamel y el coro infantil PS 22.

Será Chris Martin, el líder de la banda británica Coldplay, el encargado de la dirección artística de este evento que tendrá la gracia de ser el primero en su tipo, aun en contra de lo que opinan quienes reclaman que opera en detrimento de la tradición futbolística. También en este caso se privilegian intereses extradeportivos, que completan la inclusión de esta disciplina en un área mercantil mucho más amplia, como eslabón de un proceso que data de varias décadas atrás y que esta vez ha experimentado una aceleración incontrolable, a contramano de las voces que denuncian la pérdida de los valores que alguna vez animaron esta práctica.

Con sólo apreciar cómo las cámaras de TV dejan de enfocar las acciones de los partidos para exhibir los rostros de las celebridades ubicadas en las tribunas, basta para determinar el rumbo que está tomando la organización de los mundiales de fútbol. Para colmo, esta Copa ha tenido condimentos dramáticos que alimentaron el interés de los espectadores, lo que a su vez es utilizado por los propulsores de los cambios como un argumento irrefutable para que lo que es puesto a prueba, se transforme en la regla vigente de aquí en más, sin lugar para las quejas.

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