Cultura Por: Víctor Ramés01 de julio de 2026

Cordobers | Caras y Caretas Cordobesas

El periodo de la vida de Fernando Fader que abajo se comenta, fue una muestra de cómo una quiebra empresarial demoledora, desastrosa para la familia, le devolvió al país a su mayor pintor en actividad de esos años, en 1914.

Las tres décadas expuestas de Fader 

(Quinta parte)

Fader se hallaba en Europa en 1912, intentando trabar apoyo financiero entre Londres y Munich para continuar las obras en Cacheuta. De sus negociaciones resultó la formación de dos empresas de capitales mixtos, pasos de riesgo financiero, pero Fernando le apostaba todo al proyecto. Permaneció en Europa todo el año con su esposa Adela Guiñazú, y sus hijos Raúl y César.

Entretanto, en Mendoza surgían problemas legales y de competencias desleales de otra empresa que le disputaba la concesión. Fader planeaba contragolpear, pero en febrero de 1913 la precordillera mendocina desprendió la punta de un aluvión que produjo tremendos daños en la obra de los Fader. La situación se presentaba oscura y fue, en definitiva, un calamidad casi total para la familia, ya que la empresa fue a la quiebra. Los Fader regresaron a la Argentina, y la concesión de la usina fue transferida a una compañía en la que la familia no tenía ninguna participación. No hubo nada que festejar, era el fin de un esfuerzo enorme. El pintor recordaría aquel momento en 1917, precisamente en una entrevista de “Caras y Caretas”: “Me despojaron de mis bienes y de los de mi familia en pleno día y a la sombra de la justicia, que de ser Justicia no diera sombra. Mi pobre madre, que es anciana, sufre aún por ello…”.

Fue un desastre para una familia millonaria, sin duda, pero torció el destino, y la Argentina pudo recuperar a uno de los pintores-antorcha de esos años.

1914 encontró a Fader en situación financiera afligente, uno de los bienes salvados del naufragio fue una casa familiar en Buenos Aires, en Belgrano, donde se alojaron Fernando y Adela con los niños. Fernando retomó los pinceles y pudo remontar toda la amargura vivida en una nueva oleada de producción artística. En septiembre de 1914, la revista Fray Mocho daba cuenta de su participación en un importante salón nacional:

“El lunes pasado se inauguró el 4° Salón Anual de Bellas Artes. Concurrieron nuestros más distinguidos pintores, entre otros Eduardo Sívori, Ernesto de la Cárcova, J. Bermúdez, que en casi todas las exposiciones del Salón han figurado.

Asimismo, han expuesto los señores Medina Vera, Francisco Villar, la señora Mathis de Villar y otros pintores no menos renombrados.

Sobresale entre todas las obras, un cuadro debido a Fernando Fader.

Fernando Fader, ha expuesto ya con singular fortuna, pero se dice que su obra maestra es la que ha presentado este año, Y que se titula “Los Manilas”. Se asegura que a Fader corresponderá el premio. Impecable en su factura, sobrio en el trazo, original en el colorido, natural y vivido su asunto, esta obra es verdaderamente notable.

Fader había tenido un largo descanso en sus tareas pictóricas. Se decía que había abandonado la pintura. Pero si este intervalo lo ha empleado silenciosamente para sorprendernos con un trabajo tan meritorio, ha dado un ejemplo a los que pretenden deslumbrarnos con telas concebidas en un instante y realizadas con apresuramiento.”

“Los mantones de Manila” que producía admiración al reportero de Fray Mocho es una obra maestra, apartada de los paisajes naturales y otros temas de inspiración del enorme pintor que era Fader. Fue motivo de un pequeño escándalo, ya que la obra obtuvo el Premio Adquisición en el Salón, que constaba de $ 3000, un precio muy bajo por semejante pieza, por lo que Fader decidió rechazarlo y retiró el cuadro. Por las vueltas de la vida, luego de la muerte de Fader en 1935, el marchand Federico Müller vendería el cuadro al Museo Nacional de Bellas Artes, a $ 20.000.

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Caras y Caretas Cordobesas

Los años de Fader a cargo de la usina hidroeléctrica en Mendoza le consumieron una buena porción de su floruit artístico, y las noticias sobre él escaseaban mientras el campo de las artes plásticas entraba en un período floreciente. 

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