Milei y la reproducción

Otra vez el presidente le hizo un guiño a su base de seguidores conservadores, buscando otra cosa distinta a lo que creen todos

Nacional22 de mayo de 2025Javier BoherJavier Boher
Javier-Milei.-Fuente-Cadena-3
Por Javier Boher 
Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren, o al menos eso nos han enseñado en la escuela primaria. Desde muy chicos incorporamos la noción de que parte de la vida es la continuidad de la misma a partir de la reproducción. Si no hay descendencia, la vida de esa especie desaparece.
Esto, que puede ser muy claro en las clases de biología, se vuelve mucho más opaco cuando pasamos a hablar de cuestiones humanas, a partir de que somos una especie capaz de darle sentido a esas cuestiones naturales. Nacemos, crecemos y nos morimos; nos reproducimos si queremos. Por distintos motivos pudimos (quisimos) separar el acto sexual de la reproducción, convirtiéndolo en una parte importante de la vida recreativa de las personas, muy por encima de la cuestión reproductiva. No es el objetivo de la vida el encargarse de perpetuar la vida.
Algunas personas no lo ven así, convencidos de que hay razones más importantes que las decisiones de vida del individuo, que debería ofrendarle a la comunidad un amplio grupo de vástagos. Irónicamente, son los que se dicen liberales, los defensores del proyecto de vida del prójimo. 
El presidente Milei se pronunció en ese sentido al dar su discurso ante la cámara de comercio argentino-norteamericano, la AmCham, donde cargó contra el aborto y aseguró que el crecimiento de la población es central para el crecimiento económico. Aunque haya estado queriendo hacer foco en esto último, la realidad indica que le hablaba a su base de seguidores celestes, que parecen creer que porque el presidente quiere que los argentinos tengan hijos a ellos les van a asignar una esposa ávida de sexo con fines reproductivos. 
Cada persona elige de qué manera quiere vivir su vida, lo cual es válido para todos. Algunos pueden querer tener hijos y otros no, pero ninguno de esos puede obligar al resto a hacer lo opuesto. Es más, el de la reproducción es uno de esos casos en los que pesa mucho vivir de acuerdo a decisiones que uno no toma, tanto porque no se pudo tener hijos o porque se tuvo hijos sin quererlo. 
Aunque el fuerte crecimiento poblacional no es indicador de crecimiento económico (vale el ejemplo de África, que sigue teniendo las mayores tasas de natalidad sin que eso se traduzca en mayor crecimiento económico), es real que la caída de la natalidad por debajo de los niveles de reposición de la población traen fenómenos sociales complejos aún desconocidos, particularmente referidos al cuidado de las personas mayores y a la posibilidad de sostener el bienestar material de una sociedad que tendrá cada vez menos población activa. 
Esa caída de la natalidad es un fenómeno global que no tiene que ver con el aborto, sino con gente que decide tener menos hijos por lo que eso significa, en costo económico o de vida personal. Es por personas como prácticamente cualquiera sacado del entorno del presidente, incluyendo a él y a su hermana. Nadie les pide a ellos que tengan hijos, porque sería entrometerse en la vida de otras personas, algo que no corresponde según los estándares del liberalismo.
Distinto es el caso del pensamiento conservador, que siempre está tratando de colarse en la cama de la gente, viendo qué pone cada uno y en dónde, como si eso fuese lo más importante en una personas. A partir de sus propias elecciones de vida podemos tener dudas sobre el pensamiento del presidente en la intimidad, pero este tipo de declaraciones despejan todas las incógnitas respecto a quiénes les habla y qué pretende conseguir. 
Por la cuestión económica se ganó la capital; por la cuestión social se quiere ganar el interior. Su enemigo es el progresismo urbano de la región pampeana, ese que cree tanto en la intervención estatal en economía como en todas las cuestiones de libertad y diversidad sexual. Es por eso que se para como un liberal económico defendiendo una agenda social conservadora, sabiendo que muchos votantes del interior se quedaron sin representación real después de años de kirchnerismo. 
Personalmente no me gusta ese discurso que pretende estigmatizar a las personas que deciden vivir sin hijos, pero entiendo perfectamente bien cómo está construyendo su agenda de conservadurismo popular. Si ya cumplió su primer objetivo y le ganó al macrismo en CABA, ahora va reperfilando el discurso para ganarle al kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires. Hay que ver si su todavía nulo aparato partidario puede vencer al aceitado aparato del peronismo, pero la visión sectaria y poco pragmática del kirchnerismo puede empujar a buena parte de los votantes hacia la agenda conservadora que propone el presidente. 
A Milei no le importan los hijos que tiene la gente, ni qué hace en la intimidad; sólo le importa su agenda económica, su única y clara obsesión. Lo increíble es que todos los que se le quieren oponer son incapaces de darse cuenta de que los mete en discusiones absurdas, tratando de rebatir discursos de las peores formas imaginables. 
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