
Vigo organiza la resistencia
Felipe Osman
Por Felipe Osman
Después de un cierre de año difícil, el viguismo volverá a reunirse. Difícil, decimos, porque el resultado de las Legislativas no acompañó las enormes expectativas que había generado la candidatura de Juan Schiaretti. Y si bien es cierto que el historial del cordobesismo en elecciones de medio término siempre fue malo, se esperaba que la figura del tres veces gobernador de Córdoba alcanzara, al menos, para empardar a un Gobierno Nacional que, por entonces, venía en franca caída.
Pero eso no sucedió. La boleta de Schiaretti cayó 14 puntos por debajo de la que lideró el (¿aún?) ignoto Gonzalo Roca y, con esa derrota, se abre un nuevo capítulo para el peronismo cordobés, con un schiarettismo herido y un llaryorismo en el trance final de consolidarse como el poder hegemónico dentro del cordobesismo.
Resuelto, para bien o para mal, el 2025, toda la tensión se proyecta al 2027, cuando se prorrogue el mandato de Martín Llaryora por otros cuatro años, o la oposición finalmente consiga romper el singular idilio del peronismo ha sabido construir con el electorado cordobés.
Pero mientras el archipiélago opositor resuelve su lucha de vanidades y se da a la difícil tarea de proyectar una alianza “lo más amplia posible” hacia el año próximo, el oficialismo tiene sus propios asuntos por procesar.
El gobernador ha puesto en la carrera de posicionamientos por la candidatura oficialista a la Intendencia a distintos jugadores. Entre otros, a Marcelo Rodio y Juan Pablo Quinteros. Pero quien desde la salida parece sacar una luz de ventaja sobre el resto es el flamante ministro de Vinculación y Gestión Institucional Miguel Siciliano, que acompaño al gobernador en su gestión municipal desde la estratégica secretaría de Gobierno, especie de panóptico de la administración local.
De origen incuestionablemente peronista, más allá de su paso por el olguismo, Siciliano es, entre los futuribles, el que ostenta una mayor estructura territorial en la capital, distrito clave para la reelección del gobernador. Y desde su nuevo cargo, el otrora titular del bloque peronista se dispone a hipertrofiar esa estructura.
El asunto es que, desde hace más de 15 años, el peronismo de la capital tiene una conducción unívoca encarnada en Alejandra Vigo, esposa de Schiaretti y única representante del cordobesismo en la cámara alta. Y un crecimiento del armado de Siciliano casi inevitablemente se superpondrá con las estructuras que comanda la senadora.
En el gabinete, las noticias recientes son sugestivas. El decrecimiento de la cartera que lidera Laura Jure, donde fue a parar gran parte de la dirigencia schiarettista, y desde donde se administran los programas sociales vinculados con el desarrollo territorial del oficialismo, lleva a concluir que los canales a través de los cuales esos recursos fluyen cambiarán. Y es casi imposible que esto no altere la configuración de la territorialidad PJ.
El viguismo, que siente su territorialidad amenazada por estos cambios, no tiene más que levantar la guardia. Y de eso seguramente va la convocatoria que ha lanzado a sus dirigentes. Antes de que termine enero, habrá dos reuniones del PJ Capital. Una, de mujeres, y otra, de la dirigencia en general.
Las fechas todavía no están confirmadas y pueden variar, pero entre los lugartenientes del viguismo en las seccionales saben que sucederá pronto. El regreso de Schiaretti, ya dado de alta, a la actividad política, servirá también para aglutinar a la tropa.
El peronismo siempre es pragmático. Tensionará cuanto sea necesario, pero no dejará que la sangre llegue al río. En el camino, se verá qué resulta de esta reconfiguración. Y se verá, probablemente, en el reordenamiento de los cargos partidarios, que el justicialismo cordobés debe resolver en los próximos meses.


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