
El llaryorismo trabaja el regreso de La Militante rumbo al 2027
Gabriel Marclé
El llaryorismo no quiere llegar al 2027 con flancos abiertos. La maquinaria del oficialismo provincial comenzó a moverse antes de lo previsto, y una parte de ese movimiento no apunta solo a consolidar lo propio sino a recuperar lo que alguna vez fue aliado y se fue distanciando. En ese contexto, algunos dirigentes de la guardia peronista que parecen fuera del radar volvieron a sonar. Adriana Nazario es uno de ellos.
Alfil pudo confirmar que en las últimas semanas se iniciaron contactos —más preliminares e informales— entre dirigentes del llaryorismo y el entorno de la líder de La Militante. Las charlas todavía están en etapas iniciales y no hay ningún acuerdo a la vista, pero el solo hecho de que se produzcan es una señal política relevante: implica pasar página de una serie de episodios que tensaron al extremo el vínculo entre la dirigente delasotista y el gobernador.
El quiebre más visible ocurrió en 2024, cuando Nazario decidió competir por la intendencia de Río Cuarto por fuera de la estructura oficial, al frente de La Fuerza del Imperio del Sur. La decisión se tomó pese a las gestiones —incluso públicas del propio Llaryora— para lograr la unidad justicialista detrás de Guillermo De Rivas. La contadora salió tercera con cerca del 21% de los votos, y aunque el resultado final no alteró el triunfo del candidato oficialista, el episodio dejó una herida abierta. El distanciamiento se profundizó en las legislativas de octubre pasado, cuando Edgar Bruno —intendente de Canals y ladero histórico de Nazario— compitió con el sello del partido PAIS (espacio que ahora rompió con Llaryora) contra la lista de Hacemos Unidos.
Sin embargo, los mismos antecedentes que explican el enfriamiento también recuerdan por qué el vínculo tenía valor. Cuando la candidatura de Llaryora a la Gobernación todavía no estaba asegurada, Bruno y otros dirigentes del espacio delasotista fueron de los primeros en organizarle un acto clamor. Militaron la lista provincial en 2023 y llegaron al inicio de la gestión dentro del esquema de Hacemos Unidos. El despegue vino después, cuando el reparto de lugares no satisfizo las expectativas del sector.
Ahora, el tablero del 2027 habilita una nueva lectura. Dentro del llaryorismo consideran que Nazario es un activo territorial que no puede quedar afuera de la coalición que buscará la reelección del gobernador. No solo por su capacidad de movilización propia en el sur provincial, sino por lo que representa en la disputa por el voto delasotista: al Panal llegan señales de que desde el entorno de Natalia de la Sota se están tejiendo conversaciones con dirigentes peronistas del interior que, inconformes con la estrategia oficial de acompañar intendentes radicales o vecinalistas en sus municipios, podrían encontrar en la diputada de Coherencia una alternativa para volver a romper el frente peronista en algunas plazas clave. En ese escenario, tener a Nazario activa y comprometida con la campaña de Llaryora significa, entre otras cosas, neutralizar una potencial cuña en el electorado delasotista.
Lo que transmiten algunas voces delasotistas es que Nazario no necesita a Llaryora tanto como Llaryora la necesita a ella. La exdiputada nacional, que desde su campaña municipal de 2024 redujo al mínimo sus apariciones públicas —salvo para respaldar a Bruno en octubre pasado—, está en una fase distinta de su trayectoria política. De hecho, desde su Río Cuarto natal niegan que haya contactos con emisarios de Llaryora. Es más, todavía la ven vinculada a la política municipal, “midiendo muy bien” y con chances de presentarse nuevamente para competir por la intendencia.
Por eso, la posibilidad de un regreso activo al primer plano depende mucho de lo que decida Nazario para su futuro. Pero también, en buena medida, de lo que el gobernador esté dispuesto a ofrecer: garantías para su espacio, un lugar en el armado y, sobre todo, el gesto de dar vuelta la página de los momentos de tensión acumulados en los últimos dos años.
La expectativa en el oficialismo es que, a la hora de la verdad, todos terminarán trabajando juntos por la reelección. Pero esa certeza convive con la conciencia de que el camino hasta ese punto no es automático. Las charlas comenzaron, y eso ya es una señal. Lo que todavía no está escrito es si Nazario terminará siendo parte de la foto de campaña del gobernador o decidirá, una vez más, correr por cuenta propia. En el Panal afirman que habrá "reencuentro" entre dos viejos conocidos del cordobesismo.


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