
Qué hacer después
J.C. Maraddón
La carrera de los jugadores profesionales de fútbol cuenta con particularidades que la hacen distinta de los trabajos del común de la gente, sobre todo en lo vinculado a la edad en que comienzan con la práctica deportiva y el momento en que deben pasar a retiro. En cierto sentido, se parece al trayecto de muchos artistas, que suelen arrancar desde muy pequeños y que a veces deben resignarse a un temprano olvido en el caso de que se les pase demasiado rápido su cuarto de hora. Para los futbolistas, la instancia de colgar los botines se presenta como algo inexorable.
Por supuesto, este paralelo se anota entre las muchas similitudes que se verifican entre el balompié y el espectáculo, acentuadas a partir de que las competencias dentro de esa disciplina se han incorporado deliberadamente al negocio del entretenimiento, de la que ya forman una parte esencial. No considerar la disputa de la próxima Copa Mundial como un evento inherente a la industria del ocio y circunscribirla al estricto ámbito del deporte, sería un pecado de ingenuidad, en el que por supuesto no caen los grandes sponsors que se abroquelan detrás de los deportes populares a sabiendas de los beneficios que obtendrán.
Pero mientras las empresas permanecen y sus logotipos se perpetúan, los artistas (y los jugadores) pasan, a medida que se va cumpliendo su ciclo y son reemplazados por jóvenes valores, en una rotación que parece no tener fin. Como si se tratara de meros engranajes que contribuyen al funcionamiento de la maquinaria, cuando dejan de ser útiles son descartados sin miramientos, por más que ofrezcan resistencia y se empecinen en seguir vigentes. Tal vez un cantante de más de 50 años se sienta todavía en condiciones de pelearla, pero un futbolista a esa altura solo puede aspirar a ser un integrante del cuerpo técnico.
¿A dónde van a parar entonces esos jugadores que supieron lucirse de titulares en sus escuadras y que, al bajar su rendimiento producto de los años, colgaron los botines y si te he visto no me acuerdo? Quizás las mayores estrellas encuentren un escape a ese atolladero, pero ellos son precisamente quienes deben haber tenido mayores probabilidades de hacer fortuna y, por lo tanto no requieran de ninguna salida laboral, y ocupen su tiempo disfrutando de la buena vida sin tener que preocuparse más por viajes, entrenamientos y demás responsabilidades, a las que se sometieron durante décadas.
Es sabido que el periplo desarrollado por el crack brasileño Ronaldinho Gaúcho no ha sido para nada típico dentro de lo que es usual entre las celebridades futbolísticas de su estirpe. Habiendo cosechado un récord de títulos, desde el campeonato mundial en Corea-Japón 2002 hasta el codiciado Balón de Oro, en su vitrina se lucen trofeos que representan el sueño imposible de los que se inician en las divisiones inferiores de un club de barrio. Sin embargo, su afición por los excesos afectó de tal manera su reputación, que el brillo de su talento quedó más opaco de lo que merecía.
Desde 2018, cuando se alejó para siempre de los campos de juego, se lo ha visto actuar en una película junto a Mike Tyson y Jean-Claude Van Damme, desempeñarse como embajador deportivo del Barcelona F.C. y promover una criptomoneda que derivó en una estafa por la que fue denunciado ante la justicia. En simultáneo con el anuncio de que Netflix estrenará un documental sobre su vida la semana que viene y para limpiar un poco su prontuario, Ronaldinho Gaúcho ha lanzado su propio sello musical, con sede en Miami y con prevalencia de artistas latinoamericanos, que no por casualidad será presentado… durante el mundial de fútbol.


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