
Cafecito en la Legislatura
Javier Boher
“Casados con Hijos” ya es un clásico de la televisión argentina, en gran medida por las reposiciones que durante años ocuparon la franja de la siesta. Aunque el paso del tiempo nos ha alejado de los años de grabación (que se hace patente cuando mencionan cuánto cuestan las cosas), hay muchas frases que resuenan en la memoria colectiva. Uno de esos latiguillos es “¿Cafecitooo…?”, la forma en la que Moni Argento trata de salir de situaciones incómodas.
Parte de la magia de la comedia está en esos detalles que podrían no ser graciosos en otros contextos, pero que con ciertos gestos o en determinadas situaciones se convierten en disparadores de risas.
Ayer La Voz del Interior publicó una nota de Virginia Guevara en la que habla de los gastos de la Legislatura provincial en café, yerba y otros elementos para refrigerio de los legisladores y el resto del personal. El click a la nota era inevitable, porque el título tenía el gancho perfecto: “En dos meses de sesiones, la Legislatura gastó $45 millones en cafetería”. El contenido resulta aún más jugoso, con otra información que amplía el tema de cómo el recorte llegó por los dichos, mas no en la práctica.
Debo admitir que me cuesta entender por qué a la clase política le resulta tan difícil bajar el gasto, por qué se resiste a hacer un uso más racional de recursos escasos que le extrae a los ciudadanos. Claramente es muy fácil vivir sin saber de dónde viene la plata, pero son estás pequeñas prácticas las que se van sumando una sobre otra para armar esas imparables bolas de gasto público que se llevan puesto cualquier presupuesto.
La legislatura solamente sesionó en febrero y marzo, lo que reduce la base sobre la que podemos calcular el gasto y acentúa lo escandaloso de gastar el 43% del presupuesto en el 20% del tiempo transcurrido.
Febrero y marzo sumaron 38 días hábiles, porque los feriados y asuetos se comieron una buena cantidad de jornadas. Aunque hay gente que va todos los días a cumplir su jornada laboral, los legisladores son bastante menos apegados a honrar sus compromisos de presentismo.
De cualquier manera, tomemos esos 38 días para hacer las cuentas. En servicios de cafetería se gastaron casi 1,2 millones de pesos diarios, un sueldo de empleado de comercio por día. Sabemos que hay más gente que los 70 legisladores, pero estos últimos son los que justifican la existencia de todos los otros, así que no está de más señalar que cada legislador nos cuesta casi $17.000 diarios en café, yerba, leche y criollos. Parece poco, pero eso no tiene en cuenta ninguno de todos los otros gastos que se van sumando así, poco a poco.
Ni hablar de que además son casi $85.000 semanales para que expresen su beneplácito por el mundial sub 17 de esquí náutico en Villa Dolores, declaren de interés la maratón Héroes de Malvinas, el 30 aniversario del coro Lephen y un sinnúmero de fiestas y eventos de toda la geografía provincial. Lo más interesante son los “repudios”, algo que solamente puede salir de recintos tan improductivos como la legislatura.
Esta semana el foco estuvo puesto en la necesaria ley para regular naranjitas y limpiavidrios, pero no hay que perder de vista todas estas otras cosas que pasan en el mientras tanto.
El poder Legislativo es el más importante en cualquier república. Lamentablemente, acá se convierten (en todos los niveles) en agujeros negros del gasto público, donde todos esos “cafecitooos” se convierten en algo que no causa nada de gracia.


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