
¿Vices con futuro, o con ansiedad?
Felipe Osman
La encuestadora Gallup, reconocida como la empresa de análisis y consultoría más grande y reputada del mundo, publicó en febrero un informe según el cual la ansiedad es “él” problema de nuestros tiempos. La UBA, en otro papper incluso más reciente, refrendó.
El asunto viene a cuento por la ya frontalmente declarada intención de los vices, Myrian Prunotto y Javier Pretto, de competir por la Intendencia, cuando apenas promedian sus mandatos en ejercicio. Y aunque a nadie comprometido en política escape que los planes de posicionamiento empiezan mucho antes de las elecciones, tampoco debería a nadie escapar que, entre quienes no paran mientes en el minuto a minuto de la política, estos lanzamientos prematuros sólo consiguen generar desconcierto, cuando no un grado significativo de indignación.
El cordobés promedio podría preguntarse, llegado caso, por qué una autoridad elegida para desempeñar un cargo tan importante como el segundo de la provincia o la ciudad emplea su tiempo en imaginar el próximo paso de su carrera política, como si su ocupación actual no revistiera responsabilidades concretas, o como si todas ellas estuvieran resueltas.
Quizá ser vice no resulta una tarea demasiado grata.
John Garner, vicepresidente de Roosevelt en la década del ‘30, solía decir, “Se puede ser un gran hombre, lo que no se puede es ser un gran vicepresidente”. Es posible que, hechas las cuentas, los vice entiendan que vale más ser un candidato a líder que un consagrado escudero, y que la expectativa, como insumo irremplazable de cualquier empresa política, sólo se consigue estando en carrera. El problema es que la carrera constante desordena.
Quien piensa en el mañana no tiene su atención puesta en el presente. Quién está en un plan anticipado de posicionamiento no está ejecutando las políticas públicas propias de su cargo. Y, trascartón, lo hace parado sobre recursos que le fueron confiados para resolver el hoy, no para proyectarse hacia una sucesión ininterrumpida de cargos públicos.
Pero, además, por fuera del disgusto que al cordobés de a pie le pueda generar esta ansiedad por garantizar el futuro propio a precio de desatender el presente ajeno, habría que revisar si estos posicionamientos anticipados tienen el visado del gobernador, por un lado, y si son eficaces, por el otro. Si sirven a sus fines, por mezquinos que éstos sean.
Algunos radicales se preguntan si Llaryora avala. Si, acaso, el gobernador suscribe la frase de Néstor Kirchner, que, parafraseando mal a Mao, repetía: “qué florezcan mil flores”, expresando su deseo de germinar candidatos en todos los distritos, cuando todavía no había construido una estructura que ordenara la acción política de su espacio en todo el país.
Pero al gobernador, que ha leído la doctrina peronista, no le debe caer demasiado en gracia esta idea. Para la doctrina acuñada por Perón -de formación militar-, el efecto sorpresa era un principio fundamental. Y si bien se atiende, el efecto sorpresa siempre ha estado presente en los movimientos del sanfrancisqueño, que jamás anticipó sus pasos. Ni su llegada al gabinete, ni su participación en la fórmula de 2015, ni su candidatura nacional en el 2017, o siquiera su postulación a la Intendencia, que todos daban por sentada, pero que él no confirmó hasta último momento. Incluso su compañera de fórmula en 2023 fue un misterio hasta el filo de los plazos, y sorprendió a todos al darse a conocer.
Pero también pueden encontrarse otros ejemplos. Miguel Siciliano, que de seguro quiere ser intendente, jura que no está interesado en el cargo mientras lidera una cartera creada ad hoc para posicionarlo en la ciudad. Y Juan Pablo Quinteros, al que siempre le ha interesado el Palacio 6 de Julio, no habla de nada que no esté directamente vinculado a Seguridad.
Por eso, que Prunotto admita estar trabajando por la Intendencia, o que Pretto hable, en sus redes sociales, de la Córdoba que imagina, desconcierta. (Una digresión: no desconcierta solo a los peronistas. En el PRO, hay quienes se animan a sugerirle al vice no dejar para mañana lo que puede hacer hoy, para evitar que un traspié electoral le impida ejecutar a futuro los planes que puede concretar en el presente).
Cabe, entonces, plantear otra interrogante. ¿Son pre-candidatos reales o pre-candidatos de distracción… y el gobernador, fiel a su estilo, se reserva la sorpresa con un tapado?


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