
Cordobers | Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
La última carrera de Eduardo Luro
(Primera parte)
El automovilista Eduardo Luro (también era aviador) alcanzó popularidad por sus audaces hazañas al volante en épocas todavía bastante pioneras de una actividad automovilística que había tomado forma en el país desde fines de la primera década del siglo veinte. Su triunfo en el Gran Premio Córdoba 1924 había elevado su figura en la consideración nacional y lo confirmaba como un deportista de primera línea a los 26 años. En “Caras y Caretas” del 26 de abril de 1924, en la sección llamada “Auto – Moto – Aviación”, se afirma de él: “No cabe dudar que Eduardo Luro, (es) el joven volante que ya se perfila como el llamado a reemplazar a los buenos que nos dejan.”
Luro nació en Bahia Blanca en abril de 1899, en el seno de una familia aristocrática e influyente de la provincia de Buenos Aires. En ocasión de su triunfo en el circuito de Córdoba, el Diario Crítica comentaba un homenaje al volante, el 2 de mayo de 1924:
“Demostración a Eduardito Luro
Próximamente un grupo de amigos obsequiará a Eduardo Luro con un banquete, celebrando el triunfo obtenido por este en el Gran Premio de 1924, del Córdoba Automóvil Club.
Será una demostración que alcanzará grandes proporciones dado el gran número de amistades con que cuenta en el ambiente el pibe Luro; demostración ésta bien merecida y a la que es legítimo acreedor.”
Los ecos del triunfo de Córdoba aún continuaban produciendo interés periodístico, y Caras y Caretas reproducía en sus páginas el 10 de mayo de 1924 una foto de gran dinamismo, bajo la cual se leía: “Notable e interesantísima fotografía obtenida al pasar por uno de los puestos del control el ganador de la carrera Eduardo Luro y su acompañante Ernesto de la Llave, del Automóvil Club Argentino, en su Packard que hizo el recorrido de los 418 kilómetros en 4 horas y 49 minutos, obteniendo el premio Córdoba Automóvil Club, de S 7.000, y gran medalla de oro, donada por el Presidente de la República”.
Según otra página del semanario porteño, Eduardo Luro no tuvo suerte, en cambio, en la prueba efectuada en el circuito grande de Morón, que marcaba el inicio de una nueva competencia, el Primer Premio de Otoño, sobre una distancia total de 400 kilómetros.
El piloto bahiense había sostenido una marca impecable hasta que decayó “en los instantes finales de la carrera, quizás como fruto de un pequeño entorpecimiento de su máquina, que en estos momentos resultan siempre fatales”. Esto, concluía Caras, “no quita un ápice a su brillante performance y a su destacada actuación”.
Entretanto, el Premio de Córdoba había adquirido mucho prestigio y ya se anunciaba la segunda edición de esa convocatoria para el año 1925, para la cual se preparaban los pilotos y Luro había hecho una inversión importante con vistas a triunfar de nuevo en esa competencia. Así lo reflejaba Caras y Caretas, al comentar la compra de un automóvil marca Stutz por el joven conductor, en 1924. Dichas máquinas fabricadas por la Stutz Motor Company en Indianápolis, se caracterizaban por haber reunido –fruto de la ingeniería estadounidense de primer nivel– una línea lujosa y, a la vez, una notable velocidad.
“Un coche de carrera
El aficionado argentino don Eduardo Luro ha adquirido en Norteamérica un coche Stutz, tipo esencialmente de carrera, construido en los grandes talleres de aquella fábrica para lanzarlo en las competiciones de velocidad en autódromo. El señor Luro usará este coche para todas las carreras en pista a realizarse entre nosotros, creyéndose que se conseguirán altas velocidades, pues la fábrica ha garantizado una máxima de 210 kilómetros por hora en pista.”










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