
Cristina le pide una mano a la ONU
Javier Boher
Parece que el kirchnerismo lo hiciera a propósito. Menos de una semana después de lamentarse por los dichos del presidente Milei en Brasil, Cristina presenta una carta abierta y arranca su ofensiva para tratar de ser candidata el año que viene. Lo interesante es que detrás de esa estrategia estaría quien fuera abogado de Lula Da Silva, Rafael Valim, quién se sumó hace poco a su equipo. Parece que las fronteras entre ambos son demasiado porosas y dejan pasar a muchos que del otro lado no son tan deseados.
Algunos diarios y portales aseguran que la estrategia de la ex presidenta sería apelar al Comité de Derechos Humanos de la ONU como forma de habilitar su candidatura al presionar por la suspensión de la inhabilitación.
Quizás sea bueno ir por partes.
Primero, la ONU no puede obligar a ningún Estado a hacer nada. No tiene la autoridad para pasar sobre las instituciones soberanas de cada país, así que Cristina va a tener que seguir inhabilitada y cumpliendo su condena mientras la Justicia argentina así lo diga.
Segundo, dicho comité de la ONU fue parte de la estrategia de la defensa de Lula, cuya condena fue revocada por la Corte Suprema de Brasil antes de que se expida el comité. Fue una movida política de exposición del caso, pero no resolvió absolutamente nada de la cuestión judicial en territorio brasileño.
Tercero, Lula seguía siendo un líder popular en su país, al punto de que la gente decidió volver a votarlo. Cristina no puede decir lo mismo. Si bien el último mes varios empezaron a hacer circular encuestas sobre la buena imagen que tendría entre los argentinos, esos números no parecerían asegurarle un triunfo. La encuesta que mostró Carlos Pagni hace un par de semanas la ubican en un 42% de imagen positiva contra 38% de Milei. Sin campaña de por medio, con ese número habría ballotage.
Algunos pueden especular que el apoyo a Cristina está subrepresentado, aunque eso resulta inverosímil: nada le gusta más a un kirchnerista que contarle a todo el mundo cómo ama a la ex presidenta. Por supuesto que para ganar la elección hace falta más que el núcleo duro que se expresaría en esa línea, pero el voto le puede dar vergüenza a los votantes de todos los partidos.
Cuarto, el encierro la está afectando física y emocionalmente. El deterioro es notorio. Los más antikirchneristas creen que la ex presidenta debería estar en una cárcel, pero todo parece indicar que el hecho de no poder salir de su casa para dar una vuelta y tener que salir a saludar cuando se juntan un par de roñosos en la vereda le está pasando factura.
No faltará alguien dispuesto a avisarme de “edadista” por hacer la próxima afirmación, pero Cristina está vieja para ser candidata. Si se habilita su candidatura, se presentaría (y eventualmente podría ganar) con 74 años.
Los argentinos solamente eligieron a dos presidentes en una edad similar: Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón. Ninguno de los últimos mandatos de esos líderes populares terminó bien, aunque sirvieron para inflarles el ego y llenar páginas de libros de historia sobre todo lo bueno que tenían.
Una parte del pueblo argentino debe estar expectante ante la posibilidad de que vuelva la lideresa víctima de lawfare. Otra parte debe estar esperando -con algo de morbo- la posibilidad de que sea una candidata derrotada en las urnas.
Por suerte el proceso clausurado con el fallo de la Corte fue impecable y no le van a poder dar el gusto a nadie.







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