
Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
Las tres décadas expuestas de Fader (Decimoctava parte)
El semanario “Caras y Caretas” cumplía una función informativa mínima, sin ningún contexto, y sin un asomo de crítica, al referirse en pocas líneas a la muestra de Fernando Fader en la recién reabierta Galería Müller, en octubre de 1926. Sin embargo, para que esa exposición tuviese lugar debieron pasar tres años de alejamiento entre artista y marchand, Müller que había partido a Europa, y un Fader que había hecho lo posible para dar a conocer y vender sus cuadros anualmente en Buenos Aires, sin el respaldo de su galerista habitual. En su muestra en “Amigos del Arte”, en 1925, había vendido solo tres obras entre las presentadas, que se contaban con los dedos de una mano.
Müller (siempre siguiendo a Rodrigo Gutiérrez Viñuales), inició el acercamiento epistolar, anunciándole su intención de reabrir la galería, y asegurándole a Fader que solo la deuda que mantenía con él lo convencía de regresar a Buenos Aires, pues su intención era radicarse definitivamente en Europa. “No hubiera vuelto este año a la Argentina -escribía Müller a Fader- si no hubiera tenido el compromiso con Ud.” Y agregaba: “Pensaba retornar a Europa a mediados de agosto, pero postergaría mi viaje si ud. hace su exposición... Si ud.... quiere que yo me ocupe de la venta, estoy seguro que, reunidos, se llevarían de nuevo los colores de Fader a la victoria como en tiempos pasados”.
En su respuesta, Fader mostraba conocer el negocio, había pensado en una gran exposición, con muchas obras, si bien temía que ese plan supusiera “exponerse a quedar con muchas telas sin vender, lo que ya se sabe, significa en Buenos Aires un fracaso”.
El exabrupto que le había dirigido Emilio Petorutti a Fader, ya referido, que rondaba sobre la cuestión de pintar o no “del natural”, algo que para Fader era casi un dogma, parece resonar frente a las condiciones climáticas en Loza Corral, donde tantas veces Fader se halló imposibilitado de salir a pintar. En una carta dirigida a Müller a comienzos de agosto de 1926, dando cuenta de su producción con vistas a exponer de nuevo en lo del marchand, escribía Fader: “Como el tiempo está loco voy preparando material en el estudio para ganar tiempo y cuando se puede salir le pego a cada tela duro y parejo a ver si así adelanto”. Su trabajo sufría demoras por esa causa, pero en el estudio no podía hacer más que ir montando nuevas telas en los bastidores e irlas sellando. No daba una pincelada sin tener su motivo a la vista.
En vista de los protocolos de acercamiento epistolar entre Fader y Müller, la revisión de esa relación y el vislumbre de ambos de que juntos tenían más posibilidades de salir adelante, el uno como artista, el otro como marchand, la exposición de octubre de 1926 representaba superar dificultades y también significaba un cierto retorno que debía ser “con gloria” para ambos.
Todo esto quedaba fuera del alcance del público común lector de “Caras y Caretas”, limitándose el semanario a expresar en su lacónico texto del 16 de octubre de 1926:
“Poco podría decirse en tan breves líneas sobre la exposición de Fader, inaugurada recientemente en el Salón Müller. Baste saber que la nueva muestra del maestro agrega un bello triunfo más en la admirable obra ya realizada y que lo consagró, desde mucho tiempo atrás, como uno de nuestros más grandes pintores.”
Junto a una foto del artista en cuerpo entero, la revista publicaba cuatro cuadros (en blanco y negro) “La reja”, “Tarde tranquila”, “Tiempo húmedo” y “En el corral”, todas obras memorables de Fader.







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