
Los mandan a espiar y tocan el timbre
Javier Boher
En algún momento de mi recorrido intelectual abracé las ideas del anarquismo, que sigo considerando la mayor creación intelectual humana como aspiración de modo de vida. Tal vez por eso algunas veces tengo posiciones un tanto infantiles (por lo extremistas) sobre el Estado y su funcionamiento, hasta que recuerdo que es una institución que hace falta para ordenar ciertas cuestiones de la vida en sociedad.
A pesar de aceptar ese rol, lo que me hace mantener la distancia respecto al Estado es la maraña de intereses que se desarrollan en su interior para preservar beneficios y prerrogativas ajenas a otras corporaciones, con una lógica propia que busca hacerlos perdurar. El “deep state”, o Estado profundo, es algo que se reconoce a voces pero que la mayoría de las veces se trata como una teoría conspirativa descabellada.
Hace unas semanas se viene hablando de una purga en los servicios de inteligencia, una de las cloacas que tiene el Estado nacional. Lo que debería existir para ayudar a prevenir ataques o injerencias externas se usa la más de las veces como un instrumento de espionaje y control interno. Es un mal heredado de décadas, que atravesó gobiernos de todos los colores y de los que todos se beneficiaron.
Ayer fue noticia que la SIDE decidió salir a reclutar agentes con afiches, rompiendo (en teoría) la tradición de asegurar ingresos por lealtad familiar y vínculos que exceden lo laboral. Las piezas gráficas son absurdas: “queremos a los mejores”, “servir a la patria” y cosas por el estilo, variando del estilo grecorromano y de rostros angulosos de alto contraste propio del fascismo hasta piezas con figuras hechas con IA que parecen reversiones de personajes de memes (como un muchacho caminando cabizbajo con la capucha del cangurito puesta).
Se me ocurren pocas cosas más absurdas que hacer una convocatoria de ese estilo para buscar a los mejores en ciberseguridad o cibervigilancia, especialmente cuando apenas si se pide secundario completo.
Por un lado parece un intento de reclutar tropa leal que a otra cosa, un intento de asalto a uno de los poderes ocultos del Estado. La escarapela sobre un fondo borravino que remite a la fracción de Las Fuerzas del Cielo parece confirmar la sospecha. Por el otro, un intento de detectar agentes extranjeros con ganas de infiltrar los servicios de inteligencia argentinos. Al final va a terminar siendo otra bobada más de un grupo de gente que sigue descubriendo de qué se trata el Estado, aún no sabe cómo manejarlo y toma las peores decisiones como para que lo terminen infiltrando un par de gordos al servicio de un intendente del conurbano o un dirigente gremial.
Este tipo de operaciones de prensa buscan agitar las discusiones en redes y tentar a algunas personas a creer que pueden ser James Bond, cuando muchos de los servicios de inteligencia que nos rodean (al menos los que conozco a partir de sus propias indiscreciones) son más bien unos personajes de inteligencia modesta y poco afectos al trabajo pesado.
Sea cual fuere el caso detrás de esta convocatoria, se reafirma la necesidad de establecer controles más rigurosos sobre los servicios de inteligencia, habida cuenta de que la mejor guía para organizar el Estado es suponer que -por brutos o por malos- los que lo ocupen van a hacer mal uso de su poder. Mejor que se vayan a jugar con otra cosa.







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