Piqueteros siete estrellas

En un giro surrealista, una marcha encabezada por Fernando Esteche se dirigió al Hotel Faena para protestar por Roger Waters.

Nacional 17 de noviembre de 2023 Javier Boher Javier Boher
2023-11-16-esteche

Por Javier Boher

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En un país delirante como el nuestro siempre hay lugar para un nuevo evento que despierte nuestra incredulidad. Hay que chequear un par de veces para evitar comerse una noticia falsa, lo que cada vez es más común en tiempos de inmediatez. Mientras daba vueltas buscando sobre qué escribir me encontré con una nota que decía así: “Puerto Madero: piqueteros liderados por el ex Quebracho, Fernando Esteche, marcharán al Hotel Faena para que dejen entrar a Roger Waters”. Asombroso.

Esteche y Quebracho fueron protagonistas de las manifestaciones más violentas durante un par de años, entre fines de los ‘90 y principios de los 2000. Luego, como pasó con tantos movimientos sociales y pretendidamente antisistema, fueron cooptados por el kirchnerismo, que reclamó para sí el monopolio de la representación de la izquierda.

Con el correr de los años las cosas fueron cambiando, pero manteniendo su esencia. Esteche pasó un par de meses en la cárcel, desde donde daba clases. Nunca aflojó su retórica agresiva, pero particularmente su odio hacia ciertos grupos puntuales. Todo se intensificó a partir de la investigación sobre el memorándum con Irán, cuando se pudo comprobar de sus intensos vínculos con el país asiático, por los que Alberto Nisman lo señaló como el responsable de articular la relación con los servicios de inteligencia para fabricar la evidencia necesaria para desviar el curso de la investigación hacia otro país.

Tal vez por todo eso es que decidió organizar tan estrafalaria movilización al Hotel Faena, con banderas palestinas y en apoyo del ex Pink Floyd Roger Waters, a quien el dueño del establecimiento decidió negar alojamiento por sus declaraciones relativizando lo sucedido en Israel tras el ataque de Hamas ocurrido el mes pasado.

Quizás sea por la globalización, pero que en un país con los problemas que tiene este, en pleno proceso electoral, con movimientos sociales anestesiados por su cercanía al gobierno y a las puertas de un posible cambio de régimen, la decisión de marchar a favor de un multimillonario inglés es, mínimamente, risible.

No puedo saber por qué nunca me gustó la banda inglesa, aunque quizás pueda esbozar un par de hipótesis. Rápidamente se me ocurren dos que probablemente sean las más acertadas. La primera, vinculada a los gustos: el rock progresivo o sinfónico es de otros tiempos; a mí me tocó el resurgir del punk del cambio de siglo. La segunda, que los que se juntaban a escuchar la banda o ver la película no eran los que mejor me caían, particularmente por una sobreactuación intelectual que no se correspondía con la verdadera capacidad que demostraban.

A la luz de la deriva chavista de Waters es más o menos fácil entender que había una cuestión de piel en el medio.

Más allá de los gustos o inclinaciones personales, el hecho en sí es propio de un país que vive con los valores trastocados, a partir de que Waters parece haber construido un personaje muy rentable que es adorado por aquellos que dicen estar en contra de la desigualdad social. Es como el caso del Indio Solari, pero con un par de dólares más en la cuenta bancaria.

Hay que tratar de separar el enojo hacia Esteche, la crisis de Medio Oriente o cualquier cosa que pueda teñir la imagen. ¿Cuánta gente puede estar tan preocupada por el hecho de que un hotel decida no alquilarle una habitación a un cantante? Cuesta imaginar que más que un puñado, pero en las imágenes se ve suficiente gente como para llenar más de un colectivo.

Además, ¿de qué vive esa gente que se moviliza un jueves a la mañana a una de las zonas más exclusivas del país para protestar por algo tan superfluo?¿cómo pagan todas esas banderas, que en MercadoLibre están más o menos a $5.500 cada una? Parece una tontera, pero que gente que un día se moviliza por el hambre salga a los días a hacer tal despliegue de plata gastada al vicio es llamativo (salvo que supongamos no son ellos los que pagan todo ese operativo).

En un país en el que la canasta básica total aumentó 38% en tres meses y la canasta básica alimentaria lo hizo en 44% en el mismo período hay gente que cree que es importante sacar a gente pobre a la calle a pedir porque a un multimillonario no lo dejan alojarse en un hotel 7 estrellas. Lo tengo que repetir varias veces porque sigue siendo increíble, totalmente alejado de la realidad concreta de casi uno de cada dos argentinos que no llegan a fin de mes.

Con la CGT encerrada en Azopardo deliberando cuántas otras formas tienen para seguir evitando ponerse del lado de los trabajadores y llamando a votar por el responsable de un momento crítico de la economía, y con los piqueteros manifestando en contra de un hotel y a favor de un millonario, ya sabemos que nos podemos esperar cualquier cosa en el país, menos cordura.

Con cada día que pasa Argentina se va convirtiendo en un lugar más confuso e inescrutable, donde la incertidumbre empapa todas las cosas. Ya llegamos al punto en el que incluso es imposible saber por qué razón van a marchar las organizaciones sociales clasistas y antisistema, que eran una de las cosas más inmutables que tenía este país. Con ese antecedente, cualquiera que diga que sabe qué va a hacer el próximo es un mentiroso.

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