A no perder el filón
La compañía Pixar anunció que pretende estrenar “Toy Story 5” en el verano boreal de 2026, como una forma de celebrar el trigésimo aniversario de la que fuera la piedra basal de su crecimiento extraordinario como proveedora de mercancías que cotizan en el mercado de consumo de los más pequeños.
J.C. Maraddón
Tres décadas atrás, Disney se alzaba con dos premios Oscar (Mejor Banda Sonora y Mejor Canción Original) por su largometraje de animación “El rey León”, que pocas semanas antes había recibido también Globos de Oro en las mismas categorías y como Mejor Comedia o Musical. La compañía refrendaba así el proceso de renacimiento que estaba experimentando en ese entonces y que iba a coronar una serie de títulos imbatibles desde “La Sirenita” hasta “La Bella y la Bestia”, pasando por éxitos como “Aladdin”, “Pocahontas”; “El Jorobado de Notre Dame” o “Mulan”, cintas que consolidaban su reinado en la cinematografía infantil.
Sin embargo, en ese mismo año 1995 se iba a producir un lanzamiento en el campo de la animación, que estaba destinado a marcar un antes y un después en la historia del género de las películas dirigidas a los niños. La firma Pixar, que ya operaba en colaboración con Disney, elaboró el primer filme de la historia animado enteramente por computadora, basado en un cortometraje de apenas 5 minutos de duración que esa misma productora había presentado en 1988 con el título de “Tin Toy” y que se fundaba en la idea de animar juguetes que cobraban vida propia.
Sobre un concepto similar, John Lasseter dirigió “Toy Story”, el primer eslabón de una de las sagas favoritas de varias generaciones de chicas y chicos que crecieron al amparo de las aventuras de la dupla conformada por el vaquero Woody y el viajero interestelar Buzz Lightyear. Fue allí que surgió una nueva manera de gestar el entretenimiento audiovisual infantil, a través de recursos argumentales novedosos y de herramientas tecnológicas que desde aquel momento no harían sino perfeccionarse. Hasta ahora, aquel planteo original ha dado lugar a una serie de cuatro películas que, como es de esperar, llegaron a su pico en la segunda y decayeron algo en la tercera y la cuarta.
No hubo manera de volver al pasado después de aquel hallazgo, que significó un cambio trascendental para el modo de encarar esta clase de productos. Fue algo así como un adelanto del nuevo siglo, que en sus inicios iba a pronunciar el ascenso de esta tendencia, como si hubiese una necesidad de adecuar los contenidos y las formas a esa nueva camada de infantes que ahora no sólo accedía a este material en las salas o en los videoclubes, sino que ya disponía de canales de TV específicos.
A esta altura, la pregunta que se impone es si la niñez actual conserva la capacidad de asombro de sus pares de hace 30 años o si la constante renovación de los avances técnicos empieza a exigir una reformulación de aquello que era novedoso a mediados de los ochenta y que, tal vez, hoy ya no provoca ninguna sorpresa. Cabe sospechar que los hijos de aquellos que vieron la primera “Toy Story” en su infancia perciben hoy las cosas de otra manera y que por ende, más allá de que sea un clásico en lo suyo, aquel filme puede pecar de antiguo.
Por las dudas, Pixar anunció que pretende estrenar una “Toy Story 5” en el verano boreal de 2026, como una forma de celebrar el trigésimo aniversario de la que fuera la piedra basal de su crecimiento extraordinario como proveedora de mercancías que cotizan en el mercado de consumo de los más pequeños. La apuesta, sin duda, es captar la curiosidad de aquellos padres que supieron ser fans de la primera hora y que, con la excusa de llevar a sus vástagos, no querrán perderse la continuidad de estas aventuras, a las que Pixar ha venido estirando bajo la premisa de no perder el filón.
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