Volver a cantar
J.C. Maraddón
Por más que pasen los años (y los siglos), es habitual que la televisión vuelva a apelar a formatos que estuvieron en sus orígenes y que, readaptados para no desentonar con la actualidad, regresan a la pantalla para casi milagrosamente tornarse populares otra vez, como si el tiempo no hubiese transcurrido. Quizás la muestra más palpable de este fenómeno sean los programas de preguntas y respuestas, que allá por la década del sesenta concitaban el interés de las grandes audiencias y que hasta el día de hoy sostienen su popularidad en la TV abierta, donde llegan a ocupar el segmento del prime time.
En 1968, el animador Roberto Galán, que venía de conducir ciclos musicales por Canal 9, arrancó en Canal 7 con “Si lo sabe cante”, un concurso televisivo de nuevas voces que convocaba a intérpretes no profesionales y que resultó un éxito rotundo. Quienes se inscribían para participar no necesariamente soñaban con desarrollar una carrera artística sino que más bien eran atraídos por la posibilidad de darse con el gusto de entonar una canción en la tele. Pero eso no quita que algunos de los que pasaron por allí llegasen más tarde a convertirse en cantantes famosos.
Eran los primeros palotes de una idea que iba a evolucionar hasta entrar en el radar de la industria discográfica, desde donde se detectó en esos certámenes una veta para sondear la aparición de futuros ídolos, como había ocurrido antes cuando estas compulsas tenían lugar en la radio. Al mismo tiempo, esas promesas de la canción se fogueaban en la galería de los medios y se hacían conocidas para el público, que solía seguir con atención las competencias y que, al elegir su favorito, intercambiaba opiniones de forma imaginaria con el jurado que tenía a su cargo determinar quiénes eran los mejores.
Más de treinta años después de aquello, ya eran varias las franquicias internacionales que, con leves modificaciones, se valían de aquella antigua propuesta para promover el surgimiento de valores desconocidos, a los que se les daba la chance de demostrar sus aptitudes. En el tercer milenio, desde “Operación Triunfo” en 2001 se sucedieron “American Idol” en 2002, “The X Factor” en 2004 y “The Voice” en 2010, por nombrar solo algunos de los reality shows que recurrieron a esa vieja herramienta para sostenerse durante varias temporadas y para servir de trampolín hacia tentadoras instancias de consagración.
Pero antes de que estos programas inundaran los televisores, en 1999 empezaba en Nueva Zelanda “Popstars”, un reality que consistía en seguir paso a paso la selección de voces para integrar un grupo vocal femenino o masculino, precisamente en una época en que boy bands como los Backstreet Boys y girl bands como las Spice Girls dominaban el mercado. Con rapidez, el formato se extendió a otros países y tan temprano como en 2001 desembarcó en la Argentina, donde se emitió por Azul Televisión (Canal 9) en su primera temporada y por Telefé en la segunda, durante 2002.
De esa cantera emergieron agrupaciones de gran suceso en su momento, como lo fueron las que conformaron las chicas de Bandana y los chicos de Mambrú, quienes con canciones simples y entradoras se ganaron el corazón de los adolescentes. El anuncio por parte de Telefé, de que en 2026 habrá una tercera temporada de “Popstars”, induce a preguntarse si aquel acierto será capaz de resistir el transcurso de esos 25 años, en los que el pop ha sufrido altibajos y la TV realiza ingentes esfuerzos para no perder la supremacía que ostentaba cuando Roberto Galán rompía el rating con “Si lo sabe cante”.