La muerte del fugitivo
El fallecimiento de Kris Kristofferson el domingo pasado a los 88 años motivó que se desplegaran notas biográficas donde se enumeraban sus aciertos musicales y actorales, entre los que sobresale su participación como Billy The Kid en aquel recordado western de Sam Peckinpah.
Por J.C. Maraddón
Después de que la furia rocanrolera de los años cincuenta y sesenta empezara a disiparse, por una cuestión lógica se produjo un aburguesamiento de varios de los que alguna vez habían sido campeones de la rebeldía y que ahora disfrutaban de las mieles de la fama y la fortuna. No tardaron mucho en aparecer las críticas hacia ese establishment rockero que sobre en escena seguía vistiendo ropajes estrafalarios pero que puertas adentro llevaba una vida fastuosa muy distinta a la de aquellos que compraban sus discos y pagaban las entradas para sus shows. La llegada del punk, a mediados de los setenta, intentaría poner esas cosas en su lugar.
Lo cierto es que en los inicios de esa década los ídolos del rock ya no provocaban espanto en la sociedad bienpensante, porque habían sido adoptados como símbolos de una nueva generación de celebridades destinada a reinar en el mundo del espectáculo durante los años por venir. Su presencia, a esa altura, era requerida por los medios masivos, ya no para mostrarlos como engendros de moda, sino para sumar audiencia debido a la popularidad que habían conseguido entre los jóvenes y a la curiosidad por conocerlos que experimentaba el público más adulto, antes remiso a darles entidad.
Desde un comienzo, el cine le prestó suma atención al fenómeno rockero, como que el filme “Rock Around The Clock” fue uno de los factores que catapultó a ese género al reconocimiento masivo. Pero en general esos astros de la canción eran reclutados para películas de tinte musical, en las que su participación constituía una manera más de posicionarlos en el mercado y, a la vez, de garantizar que hubiera espectadores dispuestos a pagar su entrada al cine. Tanto Elvis Presley como los Beatles atravesaron esa experiencia en la pantalla grande en el momento culminante de sus carreras.
Distinto sería el cariz que iba a tomar la convocatoria a otras rock stars, que fueron citadas a desempeñarse como actores y actrices en cintas de ficción, ya no solo para interpretar sus canciones más difundidas. Como demostración del nivel de notoriedad que habían alcanzado esos astros rockeros, sus nombres eran requeridos para elencos de producciones hollywoodenses, más allá de que poseyeran o no cualidades histriónicas que justificasen ese traslado desde la actividad musical hacia la fílmica. Algunos de estos famosos tuvieron así un paso por los estudios cinematográficos que la mayoría de las veces sólo aportó una anécdota más a su trayectoria.
No fue ese el caso de Kris Kristofferson, que contaba ya con 37 años y un recorrido artístico como cantante y compositor de música country cuando fue convocado en 1973 por Sam Peckinpah para hacerse cargo de uno de los roles protagónicos del western “Pat Garrett & Billy The Kid”. También fueron citados para actuar en roles menos importantes Rita Coolidge y Bob Dylan, quien además se hizo cargo de la banda de sonido, donde se destacaba el tema “Knockin’ On Heaven’s Door”, que con el correr de los años se transformaría en uno de los clásicos del repertorio del cantautor estadounidense.
La muerte de Kris Kristofferson el domingo pasado a los 88 años motivó que se desplegaran notas biográficas donde se enumeraban sus aciertos musicales (como el tema de su autoría “Me And Bobby McGee”, grabado por Janis Joplin) y sus logros actorales (entre los que sobresale el Globo de Oro que ganó por “Nace una estrella”). Pero su personaje del fugitivo Billy The Kid, perseguido por su excompinche y ahora sheriff Pat Garrett (James Coburn), es uno de los retratos inolvidables que perduran en el recuerdo de este trovador devenido en figura de cine.
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