
Caras y caretas cordobesas
Víctor Ramés
Por Víctor Ramés
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Fondos benéficos para un monumento abandonado
En enero de 1920, Caras y Caretas mostraba algunas fotos de las que nunca faltaban en el semanario, cuando se refería a la sociedad cordobesa, mostrando a algunas jóvenes y niñas de la sociedad que protagonizaban acciones benéficas, como juntar fondos para causas de todo tipo. En este caso, el 3 del primer y flamante mes del año 1920, la publicación mostraba en varias fotos a las jóvenes de Córdoba, en disfraces de damas antiguas, o en vestimentas de mujeres andaluzas, animando una actividad donde atendían diversos quioscos. El breve texto dice:
“Lucidas proporciones alcanzó el hermoso festival organizado por distinguidas damas y señoritas de la sociedad de Córdoba, con el fin de recolectar fondos pro monumento de La Tablada, que se comenzará a erigir en breve.
El concurso prestado por un núcleo de gentiles niñas, dio mayor brillo a la fiesta, que dejó en los que asistieron a ella una gratísima impresión”.
Posando para las fotos, enumera el semanario porteño a las chicas cordobesas participantes:
“Vestidas de Damas antiguas, las señoritas Astrada, Viale, Cordeyro, Lazcano y Lanza Castelli, que atendieron uno de los lujosos y artísticos quioscos, instalados en el salón donde se verificó la fiesta.”
Al pie de otra fotografía se leía: “Señoritas: Posse, Bialet, Posse, Astrada, Lanza Castelli, Altamira y Sanier, caracterizadas de andaluzas.” Se incluían dos fotitos individuales, “la Señorita Piattini” y “la Señorita Lola Loza Monguillot”.
De los posibles temas para traer a colación -por ejemplo y en particular, la activa participación en iniciativas de este tipo por parte de la juventud femenina de la ciudad por esos años- lo que atrae la atención en este caso de Córdobers es el motivo de esta especie de “festival” para recaudar fondos, centrado en la construcción de un monumento a la batalla de La Tablada, un episodio decisivo de la lucha entre unitarios y federales, que tuvo lugar los días 22 y 23 de junio de 1829, cerca de la ciudad capital, en un paraje que hoy ocupa el poblado barrio Cerro de las Rosas. En ese enfrentamiento entre los ejércitos del general José María Paz y el general Juan Bautista Bustos, la victoria acompañó al General Paz, caracterizando el hecho como lo hacía una placa en el actual Parque Autóctono: “Batalla de la Tablada 22-23 de Junio de 1829. Acción Precursora de la Unidad Nacional”. La actividad de las hijas de familias prominentes de la burguesía cordobesa ofrece una fecha de origen para ese monumento que nuestro presente no ha incorporado a sus conversaciones.
Para conocer un poco más sobre el destino de aquel proyecto, nos aproxima datos las páginas del sitio Córdoba de Antaño, que se hace eco de una publicación de La Voz del Interior del lunes 25 de febrero de 1929, el año en que se cumpliría un siglo del acontecimiento que se había pretendido homenajear con aquella colecta, nueve años atrás. Transcribimos esa publicación cuyo título era El proyectado monumento a la batalla de la Tablada, y llevaba la siguiente bajada: Solo se halla terminado el mármol que servirá para erigir el mismo.
Decía la nota:
“La paralización de los trabajos del monumento que se elevará en recordación de la batalla de La Tablada en el mismo lugar donde tuviera origen, nos mereció días pasados consideraciones que juzgáramos oportunas y justificadas, comentario que sabemos ha contado con la aprobación de algunos miembros de la comisión organizadora del homenaje los que entienden como nosotros, que el presidente de la misma debe tomar la iniciativa en el sentido de solicitar la ayuda de los poderes públicos nacionales y provinciales o promover actos de beneficio para poder dar término a la obra empezada a ejecutar y abandonada como podrá apreciarse en el grado después de haberse construido el basamento de mármol que sostendrá el grupo escultórico.
El sitio del monumento es un barranco al cual ha sido necesario limpiar en una extensión de dos cuadras cuadrada, pues, piensa rodeárselo de jardines. El murallón cuyo frontispicio ostenta el escudo de la provincia y la escalera de acceso es una obra interesante y llamativa que ha merecido del elogio del forastero como así mismo la censura el abandono en que se halla la obra.
Reiteramos nuestra manifestación de que sería muy simpático que el monumento estuviera terminado para junio próximo, fecha en la cual se cumplirá el primer centenario de la histórica batalla y cuya celebración determinará el homenaje que se proyectó oportunamente.”
Es curioso que la continuidad a que alentaba el diario, dependiese, una vez más, de “actos de beneficio” que, como se puede deducir, no resultaron suficientes cuando las “damitas” cordobesas vistieron caracterizaciones en busca de donaciones para concretar la construcción.
Al parecer, lo que se consiguió avanzar en el año de la nota del matutino local, habría alcanzado para un juego de escalinatas realizadas en granito que remataba en una plazoleta mirador. No se pudo llegar al fin del monumento que se había proyectado, pero ni se quedó la construcción de las escalinatas eternamente inservible, ni la ciudad se quedó sin su representación simbólica de la batalla. Claro que, para que eso ocurriera, debió desaparecer de una de las plazas identitarias, y referencia insoslayable de la ciudad: la plaza General Paz, próxima hacia el norte al río primero y su puente que conducía a Alta Córdoba. En 1970, con el fin de que el tránsito se hiciera más fluido, se tomó la decisión de levantar la plaza General Paz, y tomar la estatua de hierro fundida en París por el escultor Alexandre-Joseph Falguière e inaugurada en 1887, para trasladarla hasta el parque autóctono, en el mismo lugar donde se había planificado y discontinuado el monumento a la Batalla de La Tablada.







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